63% de la gente paga más por el agua
Ingenio. Don Edwin Jare construyó una noria para proveerse de agua. Sus vecinos se encuentran en similar situación
Roxana Escóbar N.
Servicio. La mayoría de los cruceños paga un costo elevado por el líquido.
La Sisab y Saguapac justifican la tarifa superior. Los usuarios de las entidades
pequeñas se quejan por las deficiencias del servicio
El 27% de los habitantes del municipio cruceño tiene acceso a la dotación de
agua a menor costo. El resto accede al servicio, pero paga más. A los que les
cuesta menos reciben un servicio de calidad inferior que el de aquellos que
pagan más.
Las facturas ‘más baratas’ llegan a 319.000 usuarios. Las altas llegan a 786.000
consumidores. La tarifa básica mensual en algunos barrios periurbanos de la
capital, donde las cooperativas pequeñas distribuyen el líquido, oscila entre Bs
20 y Bs 32 por 12 mil y 15 mil litros respectivamente. El 63% de los vecinos de
la ciudad, que depende de Saguapac, paga una tarifa de Bs 42,12 por el consumo
mínimo equivalente a 15 mil litros. Por ejemplo, una familia de seis miembros
que usa un promedio de 24 metros cúbicos (24.000 litros) al mes debe pagar
alrededor de Bs 59 a Saguapac; pero si el servicio proviene de las cooperativas
pequeñas, erogará Bs 34 por la misma cantidad.
Sin embargo, los usuarios que se benefician con las tarifas más bajas se quejan
por la deficiencia del servicio. El caso más patético es el de la Cooperativa de
Agua San Juan Bautista (Sajuba) del Plan Tres Mil. “Hace dos meses que estamos
con escasez de agua. En la madrugada hay que aprovisionarse en turriles para
usar al día siguiente”, afirmó Máxima Cruz. Este malestar se repite en varios
habitantes del área de influencia de Sajuba.
Similar situación ocurre con algunos socios de la Cooperativa del Plan Tres Mil
y de la Villa Primero de Mayo. “El servicio es malo; la presión del agua es
baja; hasta el mediodía no encuentra ni una gota en el grifo”, comentó Benedicto
Delgadillo a tiempo de indicar que paga Bs 32 mensual por dicho servicio. A este
reclamo se sumó Albina Rocabado, indicando que piensa trasladarse de barrio,
porque está cansada del mal servicio y de los malos olores por falta de
alcantarillado.
El ejecutivo regional de la Superintendencia de Saneamiento Básico (Sisab),
Franz Monroy, admitió que la tarifa varía según el tamaño de cada Entidad
Prestadora de Servicio de Agua Potable y Alcantarillado (Epsa) también conocidas
como cooperativas, argumentando que ésta se establece en función al plan
estratégico de desarrollo del servicio que presenta cada Epsa a la Sisab. “No se
puede hablar de alto y bajo costo, somos conscientes de que los gastos de
operación, mantenimiento e inversión de una empresa grande y una chica son
diferentes. Las tarifas deben garantizar el cumplimiento de las acciones que
deben ejecutar las Epsa, precisó Monroy.
No obstante, aclaró que todas tienen que ofrecer un servicio con calidad, lo que
implica cumplir las cinco letras C: cobertura adecuada en su área de concesión y
de acuerdo a sus ingresos; cantidad, es decir, dotar un buen caudal de agua a
los usuarios; continuidad, ofrecer el líquido elemento las 24 horas del día y
con una presión adecuada, y calidad, respetar las normas que existen en el país
según el tamaño de cada prestadora de servicio.
Respecto a Sajuba, dijo que no está concesionada y advirtió que si hasta el
próximo mes no soluciona sus problemas internos puede perder su solicitud de
concesión.
Tito Calvimontes, jefe de aguas residuales de Saguapac, entidad que abastece a
800.000 habitantes, justificó la tarifa que cobra la cooperativa, señalando que
los costos de producción e inversión en infraestructura de la entidad son más
elevados que los de las cooperativas pequeñas. Además, Saguapac garantiza la
continuidad del servicio, y el consumo básico es mayor al que ofrecen el resto
de las Epsas.
Por su parte, el presidente de la Asociación de Cooperativas de Agua y
Alcantarillado, Roberto Cruz, reconoció que sus costos de operación son menores
en relación a los de Saguapac, aunque en algunos casos no cubre el 100% de los
gastos operativos. Además admitió que existen deficiencias en el servicio que
brindan algunas de sus afiliadas.
Sin embargo, remarcó que el agua que brindan es potable y está garantizada, pues
realizan análisis de laboratorio cuatro veces al mes y están regulados por la
Sisab. Un informe oficial señala que el agua que beben los cruceños es la
segunda más cara de todo el país, después de la de Trinidad.
Falta norma para controlar pozos ilegales
Una de las debilidades de la Ley 2066 es la falta de reglamentación para
controlar la existencia de pozos y perforaciones clandestinas. Así lo afirmó el
ejecutivo regional de la Superintendencia de Saneamiento Básico (Sisab), Franz
Monroy. “Tenemos tuición, pero no tenemos reglamentación para poder fiscalizar”,
remarcó.
Los vecinos del barrio Los Chinos también conocido como Juancho, ubicado en la
zona del Plan Tres Mil, se proveen del elemento vital a través de un pozo
privado hecho por el dueño de dicha urbanización. “No sabemos si se hace o no
control de calidad y ante la necesidad tenemos que consumir”, comentó Marcial
Cuéllar. La tarifa fija mensual es de Bs 25.
En la misma zona existe un grifo comunitario, del cual se proveen cinco
familias, ya que no cuentan con $us 100 que exige el propietario para tener
cañería individual. Este motivo precisamente ha hecho que don Ángel Paz, haya
recurrido a construirse una noria para poder regar sus plantas.
Otro de los barrios que cuenta con un tanque de agua es Villa Paraíso, aunque en
este caso, algunos moradores afirmaron que el servicio es gratuito y lo brinda
el ex candidato a alcalde Diego Roca, dueño de dicho terreno.
También existen urbanizaciones que poseen este sistema y que está administrado
por los propios usuarios, ese es el caso de la urbanización El Recreo. “Este
pozo lo hizo Fonvis y los vecinos pagan Bs 20 mensual y el agua que se
distribuye es potable”, indicó Norma Fulguera, secretaria de la entidad.
Pueblo Nuevo es otra de las zonas, cuyos habitantes se proveen de agua a través
de un pozo de la propia comunidad. “Antes tomábamos agua de noria, ahora tenemos
cañería, hace tres años que tapamos la bomba doméstica que teníamos en la casa”,
comentó Juan García. Sin embargo, existen aún familias en la capital cruceña que
consumen agua de norias y pozos precarios debido a la falta de dicho servicio en
sus zonas y a los asentamientos clandestinos.
Según Monroy, la misma situación ocurre con la perforación de pozos, pues
tampoco está normado y no se sabe cómo reglamentar ante la falta de un respaldo
legal.
Sin embargo, en el caso de las cooperativas concesionadas que brindan el
servicio de agua potable la Superintendencia de Saneamiento Básico se encuentra
en pleno proceso de control.
Montero es un ‘modelo’ de prestación de agua potable
El agua potable que distribuye en la ciudad la Cooperativa de Servicios
Públicos Montero Limitada (Cosmol), está sometida a dos pruebas anuales de
seguimiento al control de calidad que efectúa la Superintendencia de Aguas, esto
como parte de los compromisos que asumió la entidad al firmar la concesión en
1999 por 30 años del servicio.
Al margen de estas evaluaciones externas, Cosmol autofinancia otros dos análisis
con las mismas características físico-químicas en distintas épocas del año a las
anteriores, con la finalidad de asegurar la calidad del servicio que brinda
(agua segura).
Los ejecutivos de la cooperativa también afirman que un promedio de 16 veces al
mes se realizan exámenes bacteriológicos al agua en su laboratorio, con la
característica de tomar las muestras en diferentes zonas de la red. La cobertura
actual con la que cuenta Cosmol abarca el 95% de los asentamientos humanos de
Montero, incluyendo algunas comunidades cercanas que son atendidas con cierta
particularidad, como la de poseer un tanque propio.
El restante 5% no es atendido porque son domicilios que se encuentran en zonas
altamente riesgosas para el asentamiento de personas o por lo alejado y disperso
de las viviendas. (el norte)
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