¡Le juro que sí!…
Cayetano Llobet ®® Entre paréntesis
Tengo una amiga entrañable que me critica -la crítica es siempre un
certificado de lealtad- y me reprocha, casi con disgusto, lo que ella llama mi
permanente pesimismo, la recurrencia de mis temas, y extraña las columnas en las
que hablo de mi mamá, de mis amigos o de mis recuerdos de infancia. Y ella, y su
crítica cargada de afecto, me obligan a decirle lo que le digo hoy.
Porque quiero jurarle, ¡en serio!, que sí quisiera escribir de otra manera sobre
los temas de este país. Quiero jurarle, ¡de verdad!, que me gustaría escribir
todos los domingos sobre un país serio, con instituciones, con proyección y con
futuro. Porque no me gusta un país desagregado. Porque no quiero verlo
fragmentado. Porque no quiero discutir si es la Plaza Murillo o la 24 de
Septiembre: ¡quiero un país que tenga un centro y que ese centro sea una
referencia! Porque vivimos el país de la ausencia de centro: ¡ése es el
principio de la desintegración! Porque quiero contarle a ella, mi crítica
lectora, que La Paz dejó de ser centro y Santa Cruz no llegó, todavía, a serlo.
Y porque quiero contarle, ¡le juro que sí!, que quisiera instalarme en el
optimismo y admirar a los presidentes que llegan y se van -¡o los derrocan!-,
pero quiero contarle que me resulta muy difícil asumir la superficialidad
demagógica del “tengo que decir lo que sea para quedarme”. Y me llega al alma
-primero con rabia, después con compasión- el pedido presidencial de no más
presiones, ¡para no tener que seguir cediendo en todo!
Y quiero decirle a mi entrañable amiga que, en el fondo, yo soy un optimista,
pero la realidad de todos los días, la fatuidad de los discursos, las poses y
los gestos -¡buenos para carnaval, mal para futuro nacional!- me llevan contra
la pared del pesimismo. Porque, además, querida amiga, no son muchos los que se
animan a decir todo lo que piensan…
Porque quisiera comentar los discursos que se preocupen menos de la excelente
dicción y más de proyecto de país y de Nación. Porque no quiero ocuparme de un
país que tiene Presidencia, ¡pero no tiene Presidente!
Porque quisiera decirle a mi querida amiga que el futuro nacional será parido en
la Constituyente, pero le estaría mintiendo miserablemente. Porque, entre otras
cosas, nadie ha dicho por qué es mala nuestra Constitución actual. Lo que pasa
es que a nadie le importa un carajo la Constitución y quieren Constituyente…
¡sin saber para qué! Y tengo que decirle que la Constituyente sí parirá: parirá
discursos, símbolos, bandas y escudos, porque va a ser la continuación de
nuestra historia.
Juro que sí quisiera dedicarme a alabar las obras, creaciones y proyectos de los
sucesivos presidentes. Y juro, querida amiga, que me duele, en la cabeza y en
las tripas, la falta de visión, la mediocridad, la hipocresía oficial, las
debilidades y las fórmulas para justificar esas debilidades; las sonrisas a la
foto sabiendo lo mal que van las cosas.
Te juro que sí, querida amiga, que quisiera hablar y escribir de un país
conquistando futuros y disputando espacios en el mundo. Quisiera entregarte,
todas las semanas, la visión orgullosa de lo que estamos construyendo. Pero,
¡ay, querida amiga!, resulta que no estamos construyendo nada. Te pido mil
perdones por herir tu optimismo, y te juro, de verdad, que sería el boliviano
más feliz si tú tuvieras la razón.
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