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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 13, Febrero de 2005

../images/blanco.gifUna constante: las luchas por el poder



Susana Seleme Antelo

El país es el territorio y sus regiones; la nación abarca la cultura con sus múltiples manifestaciones y la sociedad contiene las clases sociales. En mi criterio, si el referéndum por autonomías y la Asambla Constituyente no se ponen en ese contexto de totalidad articulada, puede haber más de un fracaso. En ambos escenarios se juegan intereses de clases cuyo remate es el ejercicio del poder, ya sea el político central, regional, cultural, local o sectorial, sustentados por idelogías distintas.
Por el poder político autonómico luchan los vilipendiados empresarios cruceños -mal llamada oligarquía, responsables de los datos económicos que alaban muchos y dan escozor a otros- las elites, la pequeñoburguesía, el Comité Cívico y gran parte de sectores populares y etnias originarias, convencidos de que la autonomía será mejor camino que el centralismo caminado hasta ahora. Pero también luchan otros sectores pequeñoburgueses, populares y étnicos de Santa Cruz, oriundos y migrantes, que se oponen al referéndum autonómico previo a la Constituyente.
Por el poder político central, regional, local o sectorial luchan muchos otros empresarios y comites cívicos; lo mismo que Felipe Quispe por su Nación Aymara; que los cocaleros del Chapare y los Yungas; las Juntas Vecinales de El Alto y otras, los campesinos y los Sin Tierra, amén de otros sectores de clases sociales.
También luchan por el poder el diputado Evo Morales y su partido, el MAS, como el resto de partidos políticos. Que los políticos estén desprestigiados y en cuarentena, no quiere decir que hubieran desaparecido. A pesar de sus imperfecciones, el sistema democrático no puede existir sin partidos políticos. Y prueba de que existen y son necesarios, es la actividad que desarrollan en el Congreso y la novel bancada patriótica que apoya al Presidente de la República, que no tiene partido pero ya tiene parlamentarios. Es parte de la lucha política en democracia.
La “Ley de Radicatoria de la capital de la República” a fines del XIX, fue enarbolada por la clase económicamente dominante paceña, que logró masivo y contundente respaldo popular, tanto que obtuvo el traslado de la capital, tras cruenta guerra contra Chuquisaca. Igual de masivo y contundente respaldo logró la elite cruceña en la lucha por el 11% en los años 50 y ahora, pacificamente, por el referéndum vinculante que no es contradictorio a la Asamblea Constituyente. Si se han convertido en un par de opuestos es por los enfrentados intereses de clase y sectores de clase, que esgrimen el mal intencionado argumento de que la autonomía es antidemocrática, que acarrea desintegración territorial y ruptura del Estado Unitario.
¿Cuál el afán de la elite y una mayoría cruceña por realizar un Referéndum antes de la Constituyente? Por la sencilla y contundente razón de que en ese escenario, la propuesta cruceña perderá por la política matemática del voto, por los intereses del sectarismo político étnico cultural y por el desconocimiento de la realidad cruceña, marcada por el estereotipo de que es reaccionaria, racista, egoísta y otras perlas. ¿Cómo calificarán los detractores del Referendum sus propias realidades?
¿Está todavía a tiempo Santa Cruz de convencer sobre las auntonomías, libremente aceptadas? La tarea, ahora, está en manos de quienes conforman la Asamblea Provisional Autonómica. Ojalá que les vaya bonito, como canta Chabela Vargas.

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