Una constante:
las luchas por el poder
Susana Seleme Antelo
El país es el territorio y sus regiones; la nación abarca la cultura con sus
múltiples manifestaciones y la sociedad contiene las clases sociales. En mi
criterio, si el referéndum por autonomías y la Asambla Constituyente no se ponen
en ese contexto de totalidad articulada, puede haber más de un fracaso. En ambos
escenarios se juegan intereses de clases cuyo remate es el ejercicio del poder,
ya sea el político central, regional, cultural, local o sectorial, sustentados
por idelogías distintas.
Por el poder político autonómico luchan los vilipendiados empresarios cruceños
-mal llamada oligarquía, responsables de los datos económicos que alaban muchos
y dan escozor a otros- las elites, la pequeñoburguesía, el Comité Cívico y gran
parte de sectores populares y etnias originarias, convencidos de que la
autonomía será mejor camino que el centralismo caminado hasta ahora. Pero
también luchan otros sectores pequeñoburgueses, populares y étnicos de Santa
Cruz, oriundos y migrantes, que se oponen al referéndum autonómico previo a la
Constituyente.
Por el poder político central, regional, local o sectorial luchan muchos otros
empresarios y comites cívicos; lo mismo que Felipe Quispe por su Nación Aymara;
que los cocaleros del Chapare y los Yungas; las Juntas Vecinales de El Alto y
otras, los campesinos y los Sin Tierra, amén de otros sectores de clases
sociales.
También luchan por el poder el diputado Evo Morales y su partido, el MAS, como
el resto de partidos políticos. Que los políticos estén desprestigiados y en
cuarentena, no quiere decir que hubieran desaparecido. A pesar de sus
imperfecciones, el sistema democrático no puede existir sin partidos políticos.
Y prueba de que existen y son necesarios, es la actividad que desarrollan en el
Congreso y la novel bancada patriótica que apoya al Presidente de la República,
que no tiene partido pero ya tiene parlamentarios. Es parte de la lucha política
en democracia.
La “Ley de Radicatoria de la capital de la República” a fines del XIX, fue
enarbolada por la clase económicamente dominante paceña, que logró masivo y
contundente respaldo popular, tanto que obtuvo el traslado de la capital, tras
cruenta guerra contra Chuquisaca. Igual de masivo y contundente respaldo logró
la elite cruceña en la lucha por el 11% en los años 50 y ahora, pacificamente,
por el referéndum vinculante que no es contradictorio a la Asamblea
Constituyente. Si se han convertido en un par de opuestos es por los enfrentados
intereses de clase y sectores de clase, que esgrimen el mal intencionado
argumento de que la autonomía es antidemocrática, que acarrea desintegración
territorial y ruptura del Estado Unitario.
¿Cuál el afán de la elite y una mayoría cruceña por realizar un Referéndum antes
de la Constituyente? Por la sencilla y contundente razón de que en ese
escenario, la propuesta cruceña perderá por la política matemática del voto, por
los intereses del sectarismo político étnico cultural y por el desconocimiento
de la realidad cruceña, marcada por el estereotipo de que es reaccionaria,
racista, egoísta y otras perlas. ¿Cómo calificarán los detractores del
Referendum sus propias realidades?
¿Está todavía a tiempo Santa Cruz de convencer sobre las auntonomías, libremente
aceptadas? La tarea, ahora, está en manos de quienes conforman la Asamblea
Provisional Autonómica. Ojalá que les vaya bonito, como canta Chabela Vargas.
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