Católicos y los ‘Guerreros de Jesús’ conviven en San Martín
Religión. Las creencias detrás del motín en Córdoba
AFP. Córdoba
La religión juega un rol importante en la vida de los presos de la cárcel
cordobesa de San Martín, donde un sacerdote católico fue clave en la negociación
que puso fin el viernes a un motín y donde el grupo evangelista ‘Guerreros de
Jesucristo’ llegó a tener gran influencia.
En la tarde del jueves el penal se transformó en un infierno y, aunque se ignora
cuántos de los 1.800 reclusos se rebelaron, muchos dieron muestras de sadismo
con la tortura a un guardia, a quien la TV mostró aterrorizado cuando lo
amenazaban con arrojarlo del techo del penal mientras le cortajeaban los brazos
con un cuchillo.
El tema religioso estuvo presente en la negociación que mantuvieron las
autoridades con los reclusos, según dijo el fiscal general de la provincia de
Córdoba (centro), Gustavo Vidal Lascano.
"Pidieron que se respetara la libertad de culto" en el lugar, sostuvo el fiscal.
La exigencia está relacionada con los cambios introducidos hace poco más de un
año por el actual director del penal Daniel Corso, cuya remoción es inminente.
Su antecesor, Eduardo Sardaveric, permitía la colaboración directa de las
iglesias que conviven en el lugar para poder controlarlo.
Hugo Olivo (34), el capellán de la prisión, que tuvo un papel clave en la
solución de la trágica rebelion relató su ingreso al penal amotinado: "No
conozco el infierno pero debe ser parecido". Pero se tranquilizó cuando un preso
le entregó la Eucaristía del Miércoles de Ceniza.
La preeminencia católica en el principal penal de Córdoba se quebró en los 90
con la aparición de los ‘Guerreros de Jesús’, un grupo evangelista que al
principio las autoridades tomaron como un matiz religioso más. Los ‘Guerreros’
llegaron casi a dominar el penal, pero prácticas como el reclutamiento casi
compulsivo y la aparición de numerosos ‘pastores’ que se disputaban la
jerarquía, terminó por dividirlos.
El grupo fue fundado por Julio César Astrada, un detenido por homicidio que se
jacta de haber tranquilizado, ‘a fuerza de Biblia’, a los presos más violentos
del penal.
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