47 muertes sacuden el plan de Uribe
Despedida. Soldados velan a los hermanos Norbey y John Jader Guizao, caídos en choques con las FARC el miércoles
AFP. Bogotá
La muerte de 47 militares colombianos en combate con las FARC en los últimos
diez días sacudió esta semana la política de seguridad que hasta hoy le había
dado al presidente Álvaro Uribe una inédita popularidad y cuyo resultado es
esencial para su plan reeleccionista.
El miércoles, choques entre el Ejército y la guerrilla dejaron 19 soldados y 11
rebeldes muertos en el noroeste del país, lo que elevó a 47 las bajas militares
estos trece días de febrero y mostró que pese al acoso de los últimos dos años y
medio, las FARC tienen aún una considerable capacidad bélica.
El hecho generó polémica en Colombia porque contradice la percepción mayoritaria
de la población -recogida en encuestas- según la cual, en lo que va del mandato
de Uribe, la situación de orden público mejoró y la guerrilla está sitiada.
Gracias a los publicitados éxitos de su programa, la Política de Seguridad
Democrática, Uribe mantiene una popularidad superior al 70%, sin precedentes en
Colombia, y sobre ella cabalgan sus aspiraciones para un segundo mandato, a
partir de 2006.
La serie de golpes propinados a las Fuerzas Militares -que antes del último
ataque ya había generado una reprimenda del mandatario a sus tropas- despertó
inquietud entre políticos y analistas, que temen que sea el inicio de una fase
ofensiva de las FARC.
"Son hechos militares con significado político, que colocan la estrategia de
seguridad democrática ante un desafío nuevo. Habrá que ver si las FARC hacen de
esto un patrón y pueden sostenerlo. O si son coletazos para quitarse de encima
la presión en el sur", señaló en su editorial el capitalino diario El Tiempo.
A la tesis que la ofensiva rebelde en el norte del país obedece al final de un
repliegue táctico de la guerrilla, los analistas suman dos hipótesis. Una: que
con sus ataques las FARC buscan aliviar la presión del Plan Patriota, la mayor
ofensiva militar en su contra financiada por Estados Unidos en las selvas del
sur.
La otra hipótesis reza que los ataques rebeldes pretenden debilitar
electoralmente a Uribe de cara a los próximos comicios. "El fracaso de Uribe
significa que su sucesor, o él mismo, debe abandonar la estrategia militar y
darle paso al diálogo", opinó el politólogo John Marulanda.
El último revés militar provocó el relevo de su cargo al jefe de la Brigada XVII,
general Héctor Fandiño, responsable del noroeste del país, donde está Mutatá,
escenario de los choques, y la apertura de una investigación para determinar si
hubo responsables por lo sucedido, lo que generó críticas.
"El presidente lidera la política de seguridad pero no asume responsabilidad
alguna en los fracasos y las descarga en los generales o en los soldados", dijo
el ex comisionado de paz Camilo Gómez, que actuó en unos frustrados diálogos con
las FARC, durante el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002).
Urabá, zona estratégica para las FARC
La zona de Urabá, escenario de combates el miércoles, es una región que
durante décadas ha vivido entre la guerra y la paz. Por su carácter estratégico
ha sido disputada por guerrilleros y paramilitares.
Cerca de la frontera con Panamá, la región tiene una topografía montañosa con
salida al Atlántico y al Pacífico, y es rica en bananales y minerales.
Esa posición geográfica le da otro valor único para los grupos armados: es un
corredor de intercambio de armas y drogas con Centroamérica.
La violencia clava sus uñas en la historia misma de esta zona de colonización
espontánea, aunque se acentúa con el ingreso de la guerrilla en los 80 hasta
alcanzar su punto álgido con la llegada de las paramilitares (AUC) a finales de
los 90.
Uno de los puntos de disputa es el Cañón de la Llorona, donde ocurrieron los
combates del miércoles. Allí las FARC mantienen a centenares de sus hombres.
Pero la paz también marca la historia de Urabá, allí se concertó la
desmovilización, en 1991, del maoísta Ejército Popular de Liberación.
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