Alemania encara la sombra de Dresde
Destrucción. Habitantes de la ‘Florencia del Elba’ limpiaron a mano la ciudad después de los bombardeos
Rodrigo Zuleta / EFE
Los bombardeos a Dresde, cuyo 60 aniversario se conmemora hoy con actos
oficiales pero también con manifestaciones neonazis, constituyen uno de los
hechos de la Segunda Guerra Mundial que más emociones contradictorias generan en
Alemania.
Los ataques a la Florencia del Elba, como se conocía a la ciudad del este de
Alemania, son un símbolo del sufrimiento de la población civil germana durante
la guerra y en repetidas ocasiones los neonazis han querido instrumentalizar la
tragedia.
La última vez fue hace unas semanas a través de los diputados del
ultraderechista Partido Nacional Demócrata Alemán (NPD) que hablaron en el
parlamento regional de Sajonia del ‘Holocausto de las bombas’, poniendo así los
bombardeos al mismo nivel que los crímenes del nacionalsocialismo.
Otros alemanes, en cambio, asumen los bombardeos como un castigo que, aunque
alcanzó injustamente a algunos, tuvo su origen en los crímenes nazis, y
recuerdan que quienes lanzaron las primeras bombas sobre objetivos civiles
fueron pilotos de la Luftwaffe.
"El fuego volverá a nosotros", dijo un hombre, al que el pintor Otto Griebel
cita en sus memorias, frente a las llamas que consumían la sinagoga de Dresde el
9 de noviembre de 1938.
El fuego volvió el 13 de febrero de 1945, a las 22:13 horas; 245 aviones
británicos empezaron sus ataques sobre Dresde y en el primer cuarto de hora ya
habían arrojado 881,1 toneladas de bombas.
Hasta esa noche, la ciudad se había sentido segura y creía ingenuamente que
quedaría a salvo de los aliados, por lo que la defensa antiaérea era precaria y
apenas había refugios seguros.
Todo ardía y quienes no hallaban un sótano donde esconderse o tenían que huir de
un lugar en llamas buscaban llegar a la orilla del Elba.
A la 01:23 horas hubo un segundo ataque, y el tercero, esta vez estadounidense,
tuvo lugar al día siguiente.
Para algunos judíos que ya habían recibido la orden de deportación, que
equivalía a una sentencia de muerte, los ataques resultaron liberadores pues les
permitieron huir.
Sobre el número de muertos aún hay una discusión que oscila entre la
investigación histórica y la leyenda.
En la documentación más completa que se conoce, Dresde y la guerra aérea (1977)
Goetz Bergunder, habla de entre 25.000 y 40.000 muertos. Pero muchos
supervivientes del infierno de los ataques consideran esa cifra como demasiado
baja, sensación que explotan los neonazis al hablar de cientos de miles de
muertos.
La inflación de las cifras tuvo su origen en un documento policial sobre el
número de muertos al que el Ministerio de Propaganda nazi agregó un cero para
luego distribuirlo entre la prensa de los países neutrales.
Luego, durante la época de la ex República Democrática Alemana (RDA), el régimen
comunista asumió las cifras infladas y también el giro que hablaba de ‘la mafia
aérea angloamericana’ que cuadraba perfectamente con las necesidades retóricas
de la guerra fría.
En un polémico libro, el historiador británico Frederik Taylor afirma que, en
contra de lo que muchos creen, el bombardeo de Dresde no fue un acto gratuito
sino que tuvo un sentido militar. La ciudad albergaba muchas fabricas de
armamento y tenía una posición estratégica clave para el transporte de tropas
hacia el Frente Oriental.
Los ataques al centro histórico y a zonas residenciales, reconoce Taylor, eran
parte de una estrategia, formulada por el general Arthur Harris, dirigida a
minar la moral de la población civil.
Para el aniversario se esperan tanto conmemoraciones silenciosas y reflexivas
como actos de neonazis que una vez más tratarán de sacar partido de la tragedia.
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