El cardenal Sodano, la sombra de Juan Pablo II
Ceremonia. El cardenal Sodano durante las celebraciones por el Miércoles de Ceniza, que el Papa no pudo presidir
AFP. Ciudad del Vaticano
Enigmático como todo ‘príncipe de la Iglesia’, experto en temas relacionados
con América Latina y en el idioma español, el cardenal Angelo Sodano, secretario
de Estado de la Santa Sede, es uno de los engranajes clave del Vaticano y uno de
los pocos religiosos capaces de conducir los destinos de la Iglesia si se
debilita en extremo la salud del Papa.
¿Quién tiene el mando en el Vaticano cuando el Papa se encuentra enfermo? Ésa
fue la pregunta que muchos católicos se hicieron durante los diez días en que
Juan Pablo II estuvo internado en el hospital romano Gemelli a raíz de una
fuerte inflamación en la tráquea (laringotraqueítis aguda) que estuvo a punto de
ahogarlo.
"Si yo tuviera un problema iría a ver al cardenal Sodano. Él decidiría qué
hacer", fue la respuesta del cardenal estadounidense James Francis Stafford,
cuando fue interrogado sobre el tema por un periodista del diario italiano La
Repubblica (www.repubblica.it).
Con Juan Pablo II enfermo, impedido, de viaje o en un periodo de convalecencia,
como el que transcurre en estos momentos después de haber regresado el jueves
del hospital al Vaticano, su colaborador más cercano desde 1991, el italiano
Angelo Sodano (77), se convierte en la mano derecha del pontífice, la persona
que maneja la maquinaria vaticana.
Para ser uno de los diplomáticos más experimentados de la Santa Sede, Sodano,
que es afable con la prensa, y en ocasiones mundano, es llamado a veces, ‘el
número dos’. Fue Nuncio apostólico en Chile de 1978 a 1988, durante los años
negros de la dictadura del general Augusto Pinochet, y ahora tiene ante sí una
labor delicada, ya que periódicamente asume la gestión de la Iglesia.
El purpurado, que mueve los hilos del poder de la Curia romana y se convirtió en
el ‘vice’ del pontífice justo después de la caída del Muro de Berlín, es quien
toma las decisiones ordinarias en estos momentos. Se mantiene en permanente
contacto con el Papa y con sus asistentes, entre ellos, otra figura destacada:
el secretario polaco, cardenal Stanislaw Sziwisz.
"La situación actual es crítica dentro del Vaticano. No tanto por la delicada
salud del pontífice sino por la situación institucional, por las anormalidades
que deben salvarse en el proceso de toma de decisiones", afirmó Gianzarlo Zizola,
un vaticanista y autor de numerosos libros sobre el pontificado.
"¿Quién garantiza que en el proceso de toma de decisiones no se produzcan
abusos? ¿Quién controla el entorno del Papa? ¿Quién asegura que se cumple la
voluntad del pontífice y que se respetan todos los dictados de su conciencia?",
se interroga Zizola, poniendo en discusión el actual sistema de gobierno de la
Santa Sede.
"Es una reflexión que debe hacer toda la Iglesia para remediar el impasse, la
parálisis en que se encuentra, sería una manera de liberarse de la monarquía
absoluta", comentó el autor.
Como las decisiones que atañen directamente el corazón de la vida católica sólo
pueden emanar del Papa, ya que el secretario de Estado no puede hacer
nombramientos eclesiásticos ni de obispos y tampoco promulgar documentos de
magisterios, es evidente que Sodano tiene que emplear a fondo sus capacidades
como mediador.
"Es un hombre de las instituciones, un político realista, que busca soluciones
oportunas. Es un hombre poco común, pero con más ingenio político que
profético", según lo definió Zizola.
El Vaticano se hace la pregunta tabú
El tabú parece haberse roto definitivamente. Durante años el tema sólo se
trató secretamente en Roma, pero ahora se plantea abiertamente: ¿qué hacer con
el Papa y el Papado? ¿Retirada o no? ¿Se puede concebir un Papa que ya no pueda
hablar? ¿tiene la Iglesia católica que establecer normas en el futuro para
ofrecer una ‘salida’ a un Papa muy enfermo?
Un pilar de la Iglesia está en juego y el Vaticano reacciona -como habitualmente
frente a preguntas incómodas- con un elocuente silencio. De momento sólo hay
algo seguro: Juan Pablo II no renunciará.
La tensión actual se reflejó en los ojos del cardenal de la Curia Giovanni
Battista Re (71). "Hablar de la retirada del Papa demuestra mal gusto", dijo, en
un tono poco normal en el estado católico.
El cardenal de París, Jean Marie Lustiger (78), mostró al menos algo de buen
humor: "El Papa no tiene que ser Schwarzenegger".
Al parecer hay dos líneas de pensamiento. Una desea mantener la tradición del
papado vitalicio y no discutir el asunto. La otra la dejó entrever con sus
palabras el cardenal Angelo Sodano: “Se debe dejar todo el dilema al Papa. El
sabe lo que hay que hacer", dijo.
Pero al menos, la pregunta ya ha sido planteada.
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