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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 13, Febrero de 2005

../20050213/images/es2.jpgRoberto Lanza / Director de La Fábrica «Hacer cine también es hacer nación»


Dúo. Roberto Lanza y Rodrigo Bellott se encuentran a la cabeza del rodaje


Ricardo Bajo. La Prensa

Roberto Lanza es la cabeza visible de La Fábrica, la primera escuela de cine permanente de Bolivia que ofrece rodar un largometraje a sus alumnos después de sus estudios. Tras mucho entusiasmo, sufrimiento y carencias, la escuela comienza a cosechar los merecidos frutos: galardones y el rodaje de su primer largometraje, a cargo del director invitado Rodrigo Bellott, su “niño de oro”, como le llama Lanza. Por La Fábrica también han pasado para compartir conocimientos y experiencia cineastas como Jorge Ruiz, a quien está dedicada una sala y próximamente lo hará Marcos Loayza, que se espera imparta un taller de guión.
- El boom del cine argentino se debe, en parte, al surgimiento de jóvenes cineastas paridos en las numerosas escuelas de cine en Argentina. ¿Por ahí quiere transitar La Fábrica?
- Por supuesto, La Fábrica está probando, con la producción de su primer largometraje, una nueva manera de hacer cine para Bolivia. Puede no ser algo nuevo para nuestros vecinos u otros países del mundo, pues es simplemente la manera obvia en que se deben hacer las cosas de este oficio en el tercer mundo, en países donde no se ha desarrollado una industria porque se había planteado la cinematografía únicamente como una actividad cultural o de hobbie de fin de semana, o como en otros casos, privativo de roscas seudoaristócratas como la francesa y el ghetto hollywoodense. En fin, encontramos en el digital y su inmediata viabilidad de exhibición sea o no ampliado a 35mm, la manera de darle continuidad a la producción cinematográfica boliviana.
Si además de la innovación de formato, replanteamos la manera de encarar la gestión de producción, tendremos éxito. El cine es empresa, por frío que le suene a los colegas artistas y conservadores que han vivido del limosneo institucional y el fondo perdido para hacer arte. Esta gente no ha creado escuela, no ha legado nada a las nuevas generaciones, más que su ego impreso en créditos de filmes que felizmente sí han trascendido, pero no formaron recursos humanos o infraestructura. Y no sólo eso. Hablo de trascender con una propuesta cinematográfica evolucionada como nuestra época, con ritmo y el manejo del lenguaje audiovisual, como aquellos jóvenes argentinos del boom de escuelas que nos presentaban Pizza, birra, faso o Bolivia. Ahora, Pablo Trapero (Mundo grúa) entró en el círculo de Buena Onda Films, productora europea que compra los derechos de mi primera película, aún en desarrollo, ¿Qué pasa después de la coca? Ellos encuentran en La Fábrica una base en Bolivia como plataforma para proyectos de estas características, jóvenes, serios y poco costosos, como es ¿Quién mató a la llamita?
- ¿Cuáles son los problemas que afronta una escuela de cine en Bolivia?
- Una escuela de cine en Bolivia es un proyecto a ratos muy osado, porque no sólo encuentra dificultades y trancas en el sistema educativo, como no tener título. Para conseguir titulación, tendría que tener programas que se adapten a los esquemas tradicionales, pero casi nada en la formación cinematográfica (sobre todo si lo quieres hacer de manera moderna) se adapta a requerimientos académicos tan obsoletos. Aunque la Reforma Educativa introduce el lenguaje audiovisual como materia, todavía no saben cómo manejarlo. Existen muchos docentes, sobre todo de centros educativos rurales, que nos piden entrenamiento (y se lo hemos dado) para tener una idea de qué enseñarle a sus alumnos. Cuando lo logran, los niños los superan inmediatamente. Pero nuestro mayor problema es el prejuicio de los padres hacia materias tan poco tradicionales y el pánico a la especialidad técnica en remplazo de las licenciaturas de antaño. Se cree que el cine, por ser arte, es tu condena a la pobreza y falta de trabajo. Y podría ser cierto si lo ves desde el punto de vista de “en qué vas a trabajar si aquí no hay cine”. Nuestra propuesta académica es una respuesta a ese prejuicio. Abrirle los ojos a los papás de nuestros alumnos y postulantes, para saber que sus hijos tienen grandes ambiciones y un futuro radiante, y que haciendo arte, hacen nación.
- ¿Hay talento en las divisiones inferiores de nuestro cine?
- Hay mucho talento y no los plantearía como divisiones inferiores. Siempre los he puesto en el lugar de colegas a quienes estamos entregando información técnica para compartir su talento. Eso nadie te lo enseña. Estamos dándoles algunas herramientas para compartir el espacio y formar una gran fuerza, un ejército de artistas. Esta primera película ya los hace compañeros de trabajo. De hecho, el guión de ¿Quién mató a la llamita? es de un alumno, Juan Cristóbal Ríos Violand (le encanta su nombre completo) que a mi parecer, y si no se traiciona (estudia comunicación), es parte de muchos años de cine por venir. También Germán Peters, que se llevó cuatro de los seis premios que obtuvimos como escuela en el Fenavid 2004.
Allí competimos con 33 instituciones que ofrecen audiovisuales y salimos como la mejor escuela con 7 reconocimientos de 12 posibles. Hay gente increíble como mi buen Rospi (Ronald Rospigliosi), que al no tener recursos llegó a La Fábrica el primer día de clases a solicitar una beca que se la di a cambio de trabajar en la Fábrica, pues me pareció muy apasionado. Hoy Ronald es el gerente de recursos y es el más decidido y ferviente guardián de La Fábrica. Muchos ya decidieron hacer su vida aquí, la lista es enorme y los talentos se arremolinan, como para crear un huracán.
- ¿Cuál es el papel que juega un director conocido como Rodrigo Bellott?
- Rodrigo es nuestro niño de oro, porque cuando se da tiempo de venir, que es con mucha frecuencia porque adora Cochabamba, le mete hasta 12 horas de clase diarias y a veces no cobra ni un centavo. Lo hace porque ha hecho suya la escuela, porque tiene la necesidad imperiosa de hacer patria y entregar todo lo que la buena fortuna, el esfuerzo y el sufrimiento le pudo dar.
Cuando vi Dependencia Sexual me alegré mucho de que alguien de Santa Cruz se nos haya adelantado con una cinematografía moderna, propositiva, fresca, innovadora y en digital, que hasta sentí que yo estaba perdiendo el tiempo y que tenía que conocerlo y hacer algo con él. Lo logré. Somos casi hermanos, pues sólo bastó una rápida ‘conversa’ para saber que estábamos en lo mismo, que teníamos que involucrar a cuanto joven pudiéramos en esta aventura que es el cine. Creo que Rodrigo es tremenda influencia en mis alumnos y en toda la generación. Así lo sentía aquel día que vi su película. Dije: “Pucha ya se adelantaron, es justo lo que quería hacer”. Sentía un poco de envidia, de la buena.

La Fábrica presenta a la llamita y sus superhéroes

Hoy se inicia en la zona del Cementerio de La Paz, aprovechando el entierro del Pepino, el rodaje del primer largometraje de La Fábrica, ¿Quién mató a la llamita? Se trata de una cinta de superhéroes dirigida por el cineasta cruceño, Rodrigo Bellott, que hace un alto en la filmación de su película Domingos de fútbol.
Su participación en la dirección fue gracias a las gestiones de Roberto Lanza, que lo sedujo con un guión de 40 páginas. Lanza explica que la idea para el filme surgió de la necesidad de realizar un largometraje con las connotaciones del género ‘road movie’: un viaje por Bolivia.
El título provisional surge del guionista Juan Cristóbal Ríos y después pasó por las manos de Rodrigo Bellott, Roberto Lanza y Alvaro Ruíz, logrando un interesante trabajo colectivo. La cabeza fue Ríos, un estudiante que está desarrollando su estilo de escritura. “Las cosas se dan por un motivo. Después de leer el guión, me llamaron de Los Ángeles para decirme que necesitaban mover la fecha del rodaje de Domingos de fútbol por un conflicto de una de las actrices. Entonces se me abrió el espacio y no pude rechazar la oferta”, dice.
Bellott asegura que es uno de los guiones más atrevidos, irreverentes y duros que ha leído, pero al mismo tiempo está lleno de cariño, respeto, amor a Bolivia. También lo sedujo la oportunidad de filmar en cinco ciudades del país. Encantado, añade que es la primera historia de superhéroes en Bolivia, en la que el indígena no es un pobre ser humano, sino el tipo de la película. Se trata de una crítica al racismo, a la intolerancia del mismo boliviano, corrupción crónica, pero lo hace con humor. Esta película se sabe reír de sí misma.
“Nos hace falta reconocernos imperfectos, complejos como el universo pero llenos de virtudes. Reírse de uno mismo es sano y sobre todo ahora que estamos en crisis social, política, cultural, económica. Hay mucha alienación, odio entre bolivianos y es el momento de reírnos, ver que estamos en el mismo problema, que somos parte de este país maravilloso y con separarnos no logramos nada”, afirmó Bellott.
El título ¿Quién mató a la llamita? es tentativo, porque al igual que los presupuestos y las fechas, éstos cambian cada hora. La película se rodará con bajo presupuesto, porque se quiere demostrar que si se hacen cosas pequeñas, las repercusiones económicas pueden ser grandes.

El equipo

Los técnicos. El equipo está formado por 30 personas, son 20 los estudiantes de La Fábrica.
Dirección: Rodrigo Bellott.
Primer asistente del director: Freddy Fuentes.
Continuista: Liliana Peña.
Jefe eléctrico: Nicolás Taborga.
Operador de cámara: Ronald Rospigliosi.
Director del documental y guionista: Juan Cristóbal Ríos.
Asistentes de producción: Daniela Vilar, Ricardo Arandia.
Arte: Neyza Loayza, Milco Flores.
Jefe de reparto: Irene Cajías.
Gerentes de locaciones: Christian Rivero.
Producción y transportes: Elson Peñarrieta, Eddy Vázquez y Héctor Olmos.
Sinopsis: Dos superhéroes recorren el país buscando justicia. Comienzan en La Paz, siguen hasta Rurrenabaque (Alto Beni), Beni, Santa Cruz y Cochabamba.

 

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