Roberto Lanza / Director de La Fábrica «Hacer cine también es hacer nación»
Dúo. Roberto Lanza y Rodrigo Bellott se encuentran a la cabeza del rodaje
Ricardo Bajo. La Prensa
Roberto Lanza es la cabeza visible de La Fábrica, la primera
escuela de cine permanente de Bolivia que ofrece rodar un largometraje a sus
alumnos después de sus estudios. Tras mucho entusiasmo, sufrimiento y carencias,
la escuela comienza a cosechar los merecidos frutos: galardones y el rodaje de
su primer largometraje, a cargo del director invitado Rodrigo Bellott, su “niño
de oro”, como le llama Lanza. Por La Fábrica también han pasado para compartir
conocimientos y experiencia cineastas como Jorge Ruiz, a quien está dedicada una
sala y próximamente lo hará Marcos Loayza, que se espera imparta un taller de
guión.
- El boom del cine argentino se debe, en parte, al surgimiento de jóvenes
cineastas paridos en las numerosas escuelas de cine en Argentina. ¿Por ahí
quiere transitar La Fábrica?
- Por supuesto, La Fábrica está probando, con la producción de su primer
largometraje, una nueva manera de hacer cine para Bolivia. Puede no ser algo
nuevo para nuestros vecinos u otros países del mundo, pues es simplemente la
manera obvia en que se deben hacer las cosas de este oficio en el tercer mundo,
en países donde no se ha desarrollado una industria porque se había planteado la
cinematografía únicamente como una actividad cultural o de hobbie de fin de
semana, o como en otros casos, privativo de roscas seudoaristócratas como la
francesa y el ghetto hollywoodense. En fin, encontramos en el digital y su
inmediata viabilidad de exhibición sea o no ampliado a 35mm, la manera de darle
continuidad a la producción cinematográfica boliviana.
Si además de la innovación de formato, replanteamos la manera de encarar la
gestión de producción, tendremos éxito. El cine es empresa, por frío que le
suene a los colegas artistas y conservadores que han vivido del limosneo
institucional y el fondo perdido para hacer arte. Esta gente no ha creado
escuela, no ha legado nada a las nuevas generaciones, más que su ego impreso en
créditos de filmes que felizmente sí han trascendido, pero no formaron recursos
humanos o infraestructura. Y no sólo eso. Hablo de trascender con una propuesta
cinematográfica evolucionada como nuestra época, con ritmo y el manejo del
lenguaje audiovisual, como aquellos jóvenes argentinos del boom de escuelas que
nos presentaban Pizza, birra, faso o Bolivia. Ahora, Pablo Trapero (Mundo grúa)
entró en el círculo de Buena Onda Films, productora europea que compra los
derechos de mi primera película, aún en desarrollo, ¿Qué pasa después de la
coca? Ellos encuentran en La Fábrica una base en Bolivia como plataforma para
proyectos de estas características, jóvenes, serios y poco costosos, como es
¿Quién mató a la llamita?
- ¿Cuáles son los problemas que afronta una escuela de cine en Bolivia?
- Una escuela de cine en Bolivia es un proyecto a ratos muy osado, porque no
sólo encuentra dificultades y trancas en el sistema educativo, como no tener
título. Para conseguir titulación, tendría que tener programas que se adapten a
los esquemas tradicionales, pero casi nada en la formación cinematográfica
(sobre todo si lo quieres hacer de manera moderna) se adapta a requerimientos
académicos tan obsoletos. Aunque la Reforma Educativa introduce el lenguaje
audiovisual como materia, todavía no saben cómo manejarlo. Existen muchos
docentes, sobre todo de centros educativos rurales, que nos piden entrenamiento
(y se lo hemos dado) para tener una idea de qué enseñarle a sus alumnos. Cuando
lo logran, los niños los superan inmediatamente. Pero nuestro mayor problema es
el prejuicio de los padres hacia materias tan poco tradicionales y el pánico a
la especialidad técnica en remplazo de las licenciaturas de antaño. Se cree que
el cine, por ser arte, es tu condena a la pobreza y falta de trabajo. Y podría
ser cierto si lo ves desde el punto de vista de “en qué vas a trabajar si aquí
no hay cine”. Nuestra propuesta académica es una respuesta a ese prejuicio.
Abrirle los ojos a los papás de nuestros alumnos y postulantes, para saber que
sus hijos tienen grandes ambiciones y un futuro radiante, y que haciendo arte,
hacen nación.
- ¿Hay talento en las divisiones inferiores de nuestro cine?
- Hay mucho talento y no los plantearía como divisiones inferiores. Siempre los
he puesto en el lugar de colegas a quienes estamos entregando información
técnica para compartir su talento. Eso nadie te lo enseña. Estamos dándoles
algunas herramientas para compartir el espacio y formar una gran fuerza, un
ejército de artistas. Esta primera película ya los hace compañeros de trabajo.
De hecho, el guión de ¿Quién mató a la llamita? es de un alumno, Juan Cristóbal
Ríos Violand (le encanta su nombre completo) que a mi parecer, y si no se
traiciona (estudia comunicación), es parte de muchos años de cine por venir.
También Germán Peters, que se llevó cuatro de los seis premios que obtuvimos
como escuela en el Fenavid 2004.
Allí competimos con 33 instituciones que ofrecen audiovisuales y salimos como la
mejor escuela con 7 reconocimientos de 12 posibles. Hay gente increíble como mi
buen Rospi (Ronald Rospigliosi), que al no tener recursos llegó a La Fábrica el
primer día de clases a solicitar una beca que se la di a cambio de trabajar en
la Fábrica, pues me pareció muy apasionado. Hoy Ronald es el gerente de recursos
y es el más decidido y ferviente guardián de La Fábrica. Muchos ya decidieron
hacer su vida aquí, la lista es enorme y los talentos se arremolinan, como para
crear un huracán.
- ¿Cuál es el papel que juega un director conocido como Rodrigo Bellott?
- Rodrigo es nuestro niño de oro, porque cuando se da tiempo de venir, que es
con mucha frecuencia porque adora Cochabamba, le mete hasta 12 horas de clase
diarias y a veces no cobra ni un centavo. Lo hace porque ha hecho suya la
escuela, porque tiene la necesidad imperiosa de hacer patria y entregar todo lo
que la buena fortuna, el esfuerzo y el sufrimiento le pudo dar.
Cuando vi Dependencia Sexual me alegré mucho de que alguien de Santa Cruz se nos
haya adelantado con una cinematografía moderna, propositiva, fresca, innovadora
y en digital, que hasta sentí que yo estaba perdiendo el tiempo y que tenía que
conocerlo y hacer algo con él. Lo logré. Somos casi hermanos, pues sólo bastó
una rápida ‘conversa’ para saber que estábamos en lo mismo, que teníamos que
involucrar a cuanto joven pudiéramos en esta aventura que es el cine. Creo que
Rodrigo es tremenda influencia en mis alumnos y en toda la generación. Así lo
sentía aquel día que vi su película. Dije: “Pucha ya se adelantaron, es justo lo
que quería hacer”. Sentía un poco de envidia, de la buena.
La Fábrica presenta a la
llamita y sus superhéroes
Hoy se inicia en la zona del Cementerio de La Paz,
aprovechando el entierro del Pepino, el rodaje del primer largometraje de La
Fábrica, ¿Quién mató a la llamita? Se trata de una cinta de superhéroes dirigida
por el cineasta cruceño, Rodrigo Bellott, que hace un alto en la filmación de su
película Domingos de fútbol.
Su participación en la dirección fue gracias a las gestiones de Roberto Lanza,
que lo sedujo con un guión de 40 páginas. Lanza explica que la idea para el
filme surgió de la necesidad de realizar un largometraje con las connotaciones
del género ‘road movie’: un viaje por Bolivia.
El título provisional surge del guionista Juan Cristóbal Ríos y después pasó por
las manos de Rodrigo Bellott, Roberto Lanza y Alvaro Ruíz, logrando un
interesante trabajo colectivo. La cabeza fue Ríos, un estudiante que está
desarrollando su estilo de escritura. “Las cosas se dan por un motivo. Después
de leer el guión, me llamaron de Los Ángeles para decirme que necesitaban mover
la fecha del rodaje de Domingos de fútbol por un conflicto de una de las
actrices. Entonces se me abrió el espacio y no pude rechazar la oferta”, dice.
Bellott asegura que es uno de los guiones más atrevidos, irreverentes y duros
que ha leído, pero al mismo tiempo está lleno de cariño, respeto, amor a
Bolivia. También lo sedujo la oportunidad de filmar en cinco ciudades del país.
Encantado, añade que es la primera historia de superhéroes en Bolivia, en la que
el indígena no es un pobre ser humano, sino el tipo de la película. Se trata de
una crítica al racismo, a la intolerancia del mismo boliviano, corrupción
crónica, pero lo hace con humor. Esta película se sabe reír de sí misma.
“Nos hace falta reconocernos imperfectos, complejos como el universo pero llenos
de virtudes. Reírse de uno mismo es sano y sobre todo ahora que estamos en
crisis social, política, cultural, económica. Hay mucha alienación, odio entre
bolivianos y es el momento de reírnos, ver que estamos en el mismo problema, que
somos parte de este país maravilloso y con separarnos no logramos nada”, afirmó
Bellott.
El título ¿Quién mató a la llamita? es tentativo, porque al igual que los
presupuestos y las fechas, éstos cambian cada hora. La película se rodará con
bajo presupuesto, porque se quiere demostrar que si se hacen cosas pequeñas, las
repercusiones económicas pueden ser grandes.
El equipo
Los técnicos. El equipo está formado por 30 personas, son 20
los estudiantes de La Fábrica.
Dirección: Rodrigo Bellott.
Primer asistente del director: Freddy Fuentes.
Continuista: Liliana Peña.
Jefe eléctrico: Nicolás Taborga.
Operador de cámara: Ronald Rospigliosi.
Director del documental y guionista: Juan Cristóbal Ríos.
Asistentes de producción: Daniela Vilar, Ricardo Arandia.
Arte: Neyza Loayza, Milco Flores.
Jefe de reparto: Irene Cajías.
Gerentes de locaciones: Christian Rivero.
Producción y transportes: Elson Peñarrieta, Eddy Vázquez y Héctor Olmos.
Sinopsis: Dos superhéroes recorren el país buscando justicia. Comienzan en La
Paz, siguen hasta Rurrenabaque (Alto Beni), Beni, Santa Cruz y Cochabamba.
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