Fuga pone otra vez en el tapete las miserias
de la Policía
Papeleta. El permiso de Meneses. Maraz pidió al gobernador que detalle qué reo está saliendo para saber sus antecedentes
Berthy Vaca Justiniano
Las evasiones (de la cárcel de Palmasola) volverán a suceder porque nos
faltan medios para realizar un control más efectivo”, dijo Carlos Leguía,
director departamental de Régimen Penitenciario, refiriéndose a la fuga del reo
Javier Meneses López, que fue recapturado ayer en un barrio de la Pampa de la
Isla.
Leguía y Ángel Maraz Ordóñez, jefe de seguridad del penal, enumeraron algunas
limitaciones con las que tienen que lidiar a diario en procura de controlar
actualmente a 3.000 internos y cumplir sus servicios penitenciarios, de acuerdo
a lo que dispone la Ley de Ejecución Penal y Supervisión.
Maraz explicó que el Distrito Policial Nº 2 a su cargo, cuenta con 160 efectivos
precariamente dotados de equipos de trabajo. Enumeró lo que el contingente
posee: una moto patrullera, unas cuantas escopetas vetustas, cuatro handies,
cuatro manillas de sujeción para los casos de traslado de reos de un lugar a
otro, cinco pares de botas para el agua y otros tantos ponchos impermeables, que
cada guardia debe utilizar por turno en las rondas cotidianas nocturnas y
diurnas.
La autoridad policial indicó que el escuadrón bajo su mando, por tener la
responsabilidad de custodiar a gente peligrosa, por lo menos debería contar con
una ambulancia y otro vehículo para llevar a los presos indispuestos a los
centros médicos y a sus audiencias en el Palacio de Justicia, servicio
telefónico, una central de comunicación con 160 handies, linternas, detectores
de metales, armas modernas, etc.
“Las necesidades son apremiantes. Los guardias de las garitas ni siquiera
cuentan con handies para comunicarse con nosotros para dar alerta en caso de una
fuga. Es más, ni candados tenemos para echarle llave a la reja de ingreso de la
torreta. Por ese motivo, una vez un recluso subió por las escaleras, tumbó al
vigilante y saltó el muro”, relató Maraz.
Agregó: “Cuando la gobernación nos entrega un enfermo para internarlo de
urgencia, no sabemos en qué lo vamos a llevar porque no tenemos vehículos. En
varias ocasiones recurrimos a Radiopatrulla 110, y en otras, el propio paciente
debe conseguirse dinero para el pasaje en taxi, lo que supone un riesgo para los
escoltas porque el conductor del mencionado vehículo podría ser cómplice del
recluso”.
En el ingreso a la cárcel de Palmasola, la más poblada del país, los guardias
revisan manualmente la entrada y salida de visitantes, reos y funcionarios.
Tienen que afinar sus sentidos para no dejarse sorprender por los reclusos que
de uno y otro modo se las ingenian para escapar, como el que hace dos semanas
intentó salir por la puerta vestido de mujer y con zapatos de tacón.
Este medio intentó comunicarse telefónicamente con el director nacional de
Régimen Penitenciario, Tomás Molina, para plantearle las necesidades de los
policías, de la dirección departamental y de los internos, pero su teléfono
permaneció desconectado durante toda la tarde.
Maraz: el policía es responsable de sus actos
Pese a la recaptura de Javier Meneses López, condenado a 30 años por
asesinato, violación y robo agravado, Ángel Maraz, jefe del Distrito Policial Nº
2, dijo que no admitió ni admitirá que le echen la culpa por la fuga del reo,
puesto que, según explicó, los directos responsables son los dos escoltas
asignados a esa tarea el domingo pasado.
“Cada policía, desde el que ostenta al más alto rango hasta el último
subalterno, asume la responsabilidad de sus actos, por lo tanto, yo no tengo
nada que ver en la evasión de Meneses”, dijo Maraz, agregando que en segunda
instancia la responsabilidad por algún hecho recae sobre el supervisor,
designado a diario por el Comando, que debe recorrer todas las unidades
policiales y centros médicos para recibir el parte de novedades.
Edgar García Segales y Arturo Vargas Quisbert, con 15 y 5 años de servicio en la
Policía, informaron de que Meneses logró zafarse de la manilla, cortó la malla
milimétrica de la ventana y huyó, sin que ellos se dieran cuenta.
De manera informal, explicaron a sus jefes que custodiaban al reo desde afuera
de la sala de neumología por temor a ser contagiados de tuberculosis, pues en el
ambiente se encontraban 12 pacientes en estado grave. De todas formas, el
Ministerio Público les abrió un proceso.
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