Aunque muchas veces hemos escrito y hablado acerca de las
grandes necesidades que se advierten en los sectores de la salud y de la
educación, no sólo en nuestra región cruceña, sino también en el interior del
país, y mucho más en distritos alejados, creemos que nunca será suficiente todo
lo que se pueda decir o escribir.
Y es que, pese a la prédica nutrida y casi permanente, pocas son las reacciones
logradas. Vivimos la desagradable sensación de haber arado en el mar o predicado
en el desierto. Por esta razón volvemos con el tema hoy y lo haremos,
seguramente, muchas veces más todavía con la esperanza de encontrar, finalmente,
algún eco.
Forzosamente nos vemos precisados de centrar nuestro comentario en la región
cruceña y en los graves problemas que confrontan aquí los sectores de la salud y
de la educación. Y lo centramos de momento en esta área no sólo por ser una de
las más importantes y de las más densamente pobladas de Bolivia, sino porque,
como es natural, sabemos de las dificultades que se confrontan por apreciaciones
directas, de primera mano.
Para hablar de los problemas de la salud pública en nuestra región tenemos que
echar una mirada a nuestra infraestructura hospitalaria. Bastará una rápida
observación para advertir que ésta resulta extremadamente insuficiente. Se ha
hecho un esfuerzo realmente grande, casi siempre de tipo regional, con el
propósito de ensanchar la capacidad de nuestros hospitales, de modernizarlos, de
equiparlos, de proveerlos del personal profesional y administrativo suficiente.
No obstante, y a pesar de lo grande del esfuerzo, las ampliaciones, las mejoras,
las modernizaciones, no han corrido parejas con el crecimiento desproporcionado
de la población, con la complejidad y la multiplicidad de las enfermedades,
muchas de ellas de carácter epidémico. Se da pues un déficit notable,
ostensible, entre lo que humanamente están en condiciones de ofrecer nuestros
establecimientos hospitalarios, y lo que el grueso de la población de verdad
necesita.
Cuadros dramáticos se han venido dando en nuestros hospitales, de los que,
naturalmente, se ha hecho eco la prensa. La difusión periodística brindada al
tema nos ahorra mayores comentarios.
Por el lado de la educación pública, si la situación no es igual, hasta puede
ser peor. No sólo que faltan locales, escuelas y colegios, sino que la mayoría
de los existentes o son viejos o presentan señales de grande deterioro, que
hasta constituyen amenaza para la vida de los educadores y de los alumnos.
Pero eso no es todo. Hay una carencia absoluta de material didáctico. No
hablamos de falta de bibliotecas, de gabinetes de investigación, experimentación
y estudios, de elementos modernos para mantenerse en contacto con las realidades
con los acontecimientos que se dan en el mundo en que vivimos. Hablamos de
muebles, de pupitres, de sillas, de mesas, de pizarrones y hasta de tizas. Y las
carencias se extienden a servicios higiénicos, a campos deportivos, a áreas para
el recreo y el esparcimiento.
Enormes, como se ve, las necesidades en el sector de la educación. Y están
siendo señaladas puntualmente y desde hace años, sin conseguir resultado
positivo alguno. ¿Hasta cuándo?
Ausencias que se dejan sentir
(VIII)
Tertuliador ®® desde el mojón de la esquina
Gustavo “Chavo” Urioste, aún fuerte, joven y creativo como el
solo, llegó a Santa Cruz de la Sierra desde la Culta Charcas allá por los años
de Maricastaña.
Hizo infinidad de cosas buenas.
Con su inteligencia, con su creatividad, se constituyó en un puntal en esos
tiempos en que se montaban complejas maquinarias y poderosos motores eléctricos
para impulsar el desarrollo de la región que también vendría a serlo de todo el
país.
Pero además de constituirse en puntal para el montaje del progreso, Chavo
Urioste contribuyó de manera singular a hacer más grato aún el ambiente apacible
de nuestra Santa Cruz de la Sierra.
****
Chavo Urioste puso en marcha su Radio Electra.
Pero el hecho de poner en marcha una emisora, por sí solo, no tendría mucha
significación al menos desde el punto de vista de la mejora del apacible
ambiente grigotano.
Lo que le dio trascendencia social a la Radio Electra de Chavo fue su ubicación
en la esquina noreste de la Plaza Principal, formada por las calles Bolívar y 24
de Septiembre, segundo piso del edificio Asbún.
Y más que la ubicación todavía, el hecho de haber instalado un altoparlante
justo en plena esquina.
Gracias a este artefacto, la Radio Electra se escuchaba en vivo y en directo,
como se dice hoy, desde un banquillo de nuestra Plaza Mayor, sin necesidad de
mover ningún dial.
****
La emisora difundía noticiarios.
Y pasaba asimismo avisos comerciales porque de algo tenía que vivir. .
A uno de sus locutores dieron por apodarlo “Anacin”, precisamente por la
promoción que Radio Electra hacía de este olvidado ya, me parece, analgésico.
Pero más que de las noticias y que de la publicidad comercial, el auditorio de
placeras y de placeros gozaba de la música que se derramaba a través de los
altoparlantes de Radio Electra.
Cómo hacían soñar a jovencitas y jovencitos las voces de “Los Panchos”.
O las de Libertad Lamarque.
O los carnavales de Mateo Flores.
O ese inolvidable “Sufrir” de Los Quincheros.
O las melodías de la recia Toña La Negra.
O los corridos provocativos de Jorge Negrete.
****
Después de las 10 de la noche, Radio Electra difundía música clásica.
A decir verdad, el auditorio, especialmente de la gente joven, empezaba a
ralear.
Era el momento en que se enviaba un “propio” al locutor de turno pidiendo que
cambiara de música antes de que todos los oyentes ocasionales muriesen de
aburrimiento.
El locutor de turno no se hacía de rogar. Y entonces desaparecían del aire los
Beethoven y los Schubert y volvía María Victoria con “Amor de la Calle”.
¡Qué tiempos aquellos, querido Chavo!