Sobre la dorada simiente que con mano firme y generosa y con
deslumbrante inteligencia, sembró el destacado jurisconsulto, tratadista y
eminente hombre público que fue el doctor Lucas Saucedo Sevilla, EL DEBER se
empinó un 11 de febrero de 1965, dando lugar a la que denominamos, sin
presunciones subalternas, la segunda época, que ya se prolonga a lo largo de
cuarenta años.
De esa primera época que transcurrió bajo la sombra tutelar del Dr. Saucedo
Sevilla, quedó una huella honda que se hacía imperioso aprovechar. A eso nos
abocamos las nuevas generaciones y, sin falsas modestias, tenemos que proclamar
que en ello estamos todavía.
No fue el cansancio, el agotamiento, el acobardamiento, la conformidad cómoda ni
la santa resignación, nada de todo esto, lo que truncó la primera época del
diario EL DEBER. Fue la violencia descontrolada, la intolerancia política, el
caudillismo soberbio, el salvajismo que ostentaba carta de ciudadanía en la
época, lo que al final acalló la voz incondicional y por eso urticante, molesta,
del periódico que, aunque precario en sus condiciones materiales, era rico en
esas raras prendas del valor y del civismo.
Las artesanales instalaciones de EL DEBER en que ponían su fervor abnegados
trabajadores gráficos al lado de los pocos periodistas, fueron ferozmente
asaltadas por turbamultas alcoholizadas y vociferantes, que destrozaron cuanto
pudieron y que culminaron su “hazaña” vaciando toda la tipografía manual de
plomo, por el patio, los corredores y la calle. El Dr. Lucas Saucedo Sevilla
purgó en la tenebrosa cárcel política de Curahuara sus devociones de cruceño.
Pasaron largos años, extinguida la voz de EL DEBER en su primera época. Pero la
simiente no había muerto, la huella profunda no se había cerrado. Sobre esa
cimiente y tras esa huella, un 11 de febrero de 1965, restituidas relativamente
las garantías ciudadanas, EL DEBER vuelve a ganar las calles sobre los mismos
principios éticos y cívicos que le había impreso su fundador.
Mas, tampoco esta segunda época fue de miel sobre hojuelas. Si bien no se llegó
a medidas de hecho para silenciar a nuestro vocero que nunca se doblegó al soplo
feroz de las pasiones humanas, fue blanco de veladas y de francas amenazas y
hasta de conjuras de corte claramente terrorista. “Hay que silenciar de una vez
a EL DEBER”, llegó a ser la consigna que se puso en conocimiento de la nueva
dirección del diario. EL DEBER navegó, en esta segunda época, en medio de aguas
tormentosas y turbias. Pero supo mantenerse incólume y al final, su verdad clara
y simple se impuso.
Nadie, ni fuerza política ni organización social o económica, puso un solo peso,
un solo ladrillo, una sola piedra, para hacer posible este logro que es en la
actualidad el diario mayor EL DEBER. No faltaron los ofrecimientos en los
momentos de graves crisis económicas que confrontó la empresa del diario mayor.
Fueron desechados todos con el absoluto convencimiento de que la libertad no se
trafica, cualquiera sea ella.
Los únicos compromisos del diario mayor EL DEBER son con su país y con su pueblo
cruceño en particular. A ellos les renovamos nuestros sentimientos de lealtad y
nuestra gratitud, porque nunca nos faltaron, especialmente en las malas.
La Fiscalía: ir de las
palabras a los hechos
Raspapinchete
Soplan fuertes vientos de cambio en el Ministerio Público que
“es la institución estatal que a través de sus funcionarios (fiscales) se
encarga de defender los derechos de la sociedad y del Estado”, según la
definición que puede leerse en el Diccionario de Ciencias Jurídicas, Políticas y
Sociales de Manuel Ossorio.
Se ha puesto en marcha una reestructuración a fondo en dicha repartición que
además de mejorar su imagen ante la ciudadanía, pretende optimizar al máximo la
prestación de sus servicios.
La creación de nuevas unidades y/o comisiones que funcionarán bajo la tutela de
la Fiscalía del Distrito, está contenida en el plan de actividades que el
titular de ese despacho, Jaime Soliz, presentó en las horas precedentes a las
principales autoridades del municipio y policiales con las que pretende trabajar
de estrecha manera.
Una de esas comisiones es la de Tráfico y Transporte que como primera tarea se
ha propuesto recuperar para el municipio cruceño la competencia sobre el
transporte público. Por donde se le mire es una gestión clave en la búsqueda de
soluciones para uno de los más álgidos problemas que aquejan a la urbe cruceña
en materia de tarifas y de reordenamiento vehicular.
Combatir el comercio ilegal, el control sobre el expendio de bebidas
alcohólicas, disminuir la violencia y las imágenes morbosas que registran
cotidianamente en especial algunos medios audiovisuales, son otras de las tareas
anunciadas.
Enhorabuena.
El fiscal Soliz parece resuelto a tomar el toro por las astas en la ardua y
compleja tarea de ponerle raya a tanto desbarajuste en Santa Cruz de la Sierra y
que, entre otras cosas, es hasta ahora nomás la resultante perenne de la
ausencia del accionar y del principio de autoridad.
Que se avance más allá de los buenos propósitos para que éstos se materialicen
en resultados concretos que beneficien a la población en su conjunto.
Que todo cuanto se ha anunciado formal y oficialmente no se quede como en tantas
otras oportunidades para la desazón generalizada... en un saludo a la bandera.