Cardenal: las fiestas deben humanizar
Penitencia. El cardenal Terrazas exhortó al arrepentimiento verdadero para no recibir en vano la salvación
Darwin Pinto.
El Papa no presidió el Miércoles de
Ceniza
En la homilía realizada el Miércoles de Cenizas, para dar inicio al
arrepentimiento de la Cuaresma católica después del jolgorio carnavalero, el
cardenal Julio Terrazas se dirigió a los feligreses que abarrotaron la Catedral
metropolitana y dejó en claro que las fiestas verdaderamente alegres son
aquellas que dignifican al ser humano, sin excesos, apariencias, violencia ni
dolor.
“Una verdadera diversión es la que revaloriza al ser humano, la que coloca a la
persona en el pedestal del respeto, una fiesta que no humaniza es una fiesta de
la que hay que cuidarse. Si estamos contentos por el Carnaval, la alegría se
debe a que ésta debe humanizar, arrepintiéndonos por los actos de dolor y
violencia. Que nuestras acciones de penitencia ayuden a vencer las tentaciones
del mal”, dijo.
Pidió a los creyentes que en la Cuaresma (40 días antes del inicio de la Semana
Santa) el perdón no se quede sólo en la cruz de ceniza en la frente, que llegue
al corazón, que es donde se encuentran las raíces de los sentimientos. “Los
exhortamos a no recibir en vano la salvación, para que no volvamos el próximo
año con el mismo cuento”, señaló.
Entre tanto, el papa Juan Pablo II, de 84 años, impuso ayer la ceniza a todos
los asistentes a la misa que celebró en su habitación del Policlínico Gemelli de
Roma, donde se encuentra internado desde hace ocho días, debido a una crisis
respiratoria.
Así lo aseguró ayer el diario vaticano L'Osservatore Romano, el cual precisó que
con ese gesto el Papa, con indomable vigor espiritual, ha invitado a la iglesia
universal a emprender un camino de plegarias hacia la santidad.
Las cenizas usadas en la imposición que se hace los Miércoles de Ceniza se hacen
quemando los restos de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año
anterior. En la bendición de las cenizas se usan cuatro plegarias, todas
antiguas.
Las cenizas son rociadas con agua bendita y ahumadas con incienso. El propio
celebrante, sea obispo o cardenal, recibe, ya sea parado o sentado, las cenizas
de algún otro sacerdote de casta elevada, según lo indica la enciclopedia
católica en el sitio web:
www.enciclopediacatolica.com
Ceniza: símbolo de humildad
El simbolismo de la imposición de ceniza en la frente es el siguiente: la
condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte; la situación
pecadora del hombre; la oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su
ayuda; la resurrección y el residuo de la combustión por el fuego de las cosas o
de las personas.
Este símbolo ya se emplea en la primera página de la Biblia cuando narra que
"Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gen. 2,7). Eso es lo que
significa el nombre de Adán. Y se recuerda enseguida que ése es precisamente su
fin: "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gen. 3,19).
Por extensión, representa la nulidad de la criatura con respecto al Creador,
según las palabras de Abraham: "Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a
mi Señor" (Gen. 18,27). Esto lleva a asumir una actitud de humildad (humildad
viene de humus, tierra): "polvo y ceniza son los hombres" (Si. 17,32), "todos
caminan hacia una misma meta: todos han salido del polvo y todos vuelven al
polvo" (Qo. 3,20), "todos expiran y al polvo retornan" (Sal. 104,29). Por lo
tanto, la ceniza significa también sufrimiento, el luto, el arrepentimiento. En
Job (Jb. 42,6) es explícitamente signo de dolor y de penitencia.
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