img_logo.gif (2140 bytes)

img_arribadeber.gif (4941 bytes)

  • STAFF   COMENTARIOS   CONTACTARSE   

Noticias

Portada                 

Santa Cruz            

Seguridad             

Nacional               

Internacional          

Economía             

Deportes               

Sociales               

Escenas               

El Deber como tu Página de Inicio

btn_secciones.gif (615 bytes)

Editorial                

Opinión                 
Lectores               
Club de Lectores
Clima              

btn_suplementos.gif (615 bytes)

 

 

 

 


EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 10, Febrero de 2005  

>>    Replantear el Carnaval

No alcanzamos a comprender qué es lo que nos está pasando. No alcanzamos a entender de dónde proviene ese manto de tragedia de que parece estar envuelta nuestra tan pregonada y esperada fiesta grande del Carnaval. No entendemos de dónde nace la violencia ni en qué vericueto adquiere ímpetu desolador.
Pero allí está el manto espantoso de la tragedia y allí está, asimismo, la violencia desenfrenada. Y a influjos de la tragedia, por un lado, y de la violencia, por el otro, este Carnaval de nuestro Santa Cruz de la Sierra, que otrora deslumbraba por la belleza de las mujeres, por la gallardía de los hombres, por el buen gusto de los carnavaleros, por la música alegre, los bailes chispeantes, los juegos infatigables y hasta los dulces romances, hoy se zambulle en baños de sangre.
Porque la tragedia acecha, porque aguarda agazapada en una esquina o a mitad de la cuadra, un joven optimista y alegre carnavalero da un paso en falso, pierde pie, cae y enluta hogares apreciados. De manera despiadada, la tragedia se ha patentizado y ha hecho trizas un mundo de esperanzas y de ilusiones.
Los accidentes, en realidad, se dan en cualquier momento. Pueden ocurrir en Vienes Santo o en Pascua o en las circunstancias más inimaginables, en fin, Pero que los accidentes se produzcan durante el Carnaval, en el que toca a su término, en el anterior aún y en el de más atrás todavía, ya es cosa que tiene que movernos a sorpresa y más que a sorpresa a temor. ¿Será que realmente un halo de tragedia envuelve a la fiesta grande de los cruceños?
Lo de la violencia fratricida, lo de la violencia que hace correr sangre y que cobra vidas humanas, generalmente de jóvenes que están empezando a vivir, es más preocupante todavía. ¿Qué factores son los desencadenantes de esa violencia que trunca preciosas existencias, que abre tantas heridas, que hace sangrar corazones de padres, hermanos, amigos, pueblo en última instancia?
¿Es acaso el excesivo consumo del alcohol, de las drogas o de otros estimulantes lo que desata la violencia homicida que se hace presente de manera puntual en nuestro Carnaval? ¿Es, por ventura, que la tenencia de armas mortíferas se ha vuelto incontrolable e irreprimible, hasta el extremo de formar parte, las mortíferas armas, del atuendo corriente de los carnavaleros?
¿Es que las pasiones humanas, los resentimientos malignos, los odios viscerales, se sueltan, se expanden en ondas irresistibles a causa del frenesí de los bailes, del jolgorio en punto de ebullición?
Creemos que este halo fatídico del Carnaval cruceño debe ser objeto de una investigación por cuenta de sociólogos y humanistas altamente calificados.
Tenemos entidades cuya misión, supuestamente, es la de organizar la fiesta grande y de llevarla a feliz término. Tenemos, además, la fuerza pública, encargada de velar por la seguridad y la vida de las personas. Entre todos, autoridades, instituciones y gente de buena voluntad deben ponerse de acuerdo para devolver sus buenos pergaminos al Carnaval cruceño o, en su defecto, ver la forma de ayudarlo a buen morir.


O aportamos todos o Santa Cruz arde como el infierno

Marcelo Rivero

El jueves 3 de febrero se produjo un incendio en el Plan Tres Mil con pérdidas materiales considerables para los comerciantes propietarios de las casetas que ardieron, pero que por fortuna no dejó víctimas humanas. Al día siguiente otro incendio se declaró en una empresa del centro con daños más cuantiosos pero, como en el caso anterior, gracias a Dios ninguna persona sufrió quemaduras u otro percance que afectase su vida.
En ambos siniestros, tal cual acontece desde siempre, los bomberos de la policía y los voluntarios se vieron en figurillas puesto que carecen de carros en número suficiente y en óptimas condiciones, asimismo de mangueras, ropa y demás elementos que les posibiliten cumplir su importantísima tarea con eficacia y sin tener que arriesgar la vida más de lo debido.
¿Cuántas veces se habrá tratado este tema desde que Santa Cruz de la Sierra dejó de ser la pequeña población de hace poco más de cuatro décadas, para convertirse en capital de 500 mil habitantes, luego de 800 mil y ahora de al menos 1,2 millones? Incontables sin duda y los individuos que pueden expresarse en los medios de comunicación, los expertos en la materia, diversas autoridades y los vecinos en general han opinado de manera unánime en sentido de que es una auténtica temeridad que a estas alturas de los acontecimientos estemos en pañales a la hora en que se produce un incendio. Infelizmente, salvo algún “calmante”, de la lata no se pasó a la acción y la “locomotora del país” -porque ya le quedó chiquitingo eso de “capital económica de Bolivia”-, sigue sin cuerpos de bomberos como los tienen hasta las aldeas en naciones medianamente avanzadas.
Santa Cruz debe ser la única ciudad del planeta que pasó con holgura el millón de almas, y mal que mal con un comercio y una industria activos y con un movimiento de gente que va y viene a los centros educativos, a los de salud, a las oficinas públicas y particulares, etc. Sin embargo no dispone de un cuerpo de bomberos policial regularmente equipado y en el colmo de las desventuras los voluntarios -que en el mundo entero destacan por su capacidad de reacción técnica y humana- solamente poseen eso, voluntad.
Sí, ganas no les falta ni a unos ni a otros. Pero, como lo estamos constatando cada vez con mayor frecuencia, si el Estado, si las autoridades locales, si las instituciones y empresas, si la ciudadanía en general, vale decir si todos no aportamos para que los bomberos de la policía y los voluntarios estén en aptitud de cumplir su trabajo como manda el más elemental sentido de la seguridad pública, cualquier rato veremos arder la ciudad como el mismísimo infierno.

 

Contáctese con nosotros: editorial@eldeber.com.bo

< Anterior ^Arriba


Portada | Internacional | Nacional | Santa Cruz  | Economía | Deportes | Sociales | Escenas
EditorialOpinión | Contactarse | Staff


© Copyright 2004, El Deber. Todos los derechos reservados.