Tiene que movernos a la preocupación la reciente novedad en
sentido de que el plan de pavimentación de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra,
que empezó a ejecutarse diez años atrás y que debía concluir hace cinco, al
presente avanzó sólo el 42 por ciento y no hay perspectivas de reanudarlo en el
primer trimestre de 2005. La causa se debe al alto nivel de endeudamiento de la
alcaldía, un asunto que controla el Sistema de Crédito Público, que impide al
ayuntamiento prestarse más dinero por muy grandes y delicadas que sean sus
urgencias.
Al respecto, como era de esperar, han surgido críticas de las nuevas autoridades
del gobierno comunal por semejante demora, asimismo aclaraciones de quienes han
dejado funciones jerárquicas en la municipalidad, aunque una cosa no se puede
discutir: de 5,5 millones de metros cuadrados en calles y avenidas que debían
pavimentarse únicamente se lo ha hecho sobre 2,3 millones de metros cuadrados,
con lo que no se satisfizo ni la mitad de los requerimientos de los barrios y
sus vecinos. La situación se torna más inquietante si se toma en cuenta que de
una década a esta parte las necesidades en este importante aspecto han crecido
de manera desproporcionada, ya que la mancha urbana, por razones que no vienen
al caso examinar, continúa extendiéndose sin orden ni medida.
Tiempo habrá de buscar responsables de este desfase descomunal y de aplicar
sanciones si acaso se incurrió en negligencia y en delitos peores. Entre tanto y
sin lugar a dudas -luego de los ajustes de rigor para que empiece a moverse el
andamiaje municipal con la diligencia y eficacia que la ciudadanía aguarda-,
habrá que introducir modificaciones en el mencionado plan de pavimentación,
tomando en cuenta una serie de consideraciones, principalmente en cuanto a
densidad demográfica y antigüedad de los barrios a los que no les llegó tan
fundamental servicio. Es que no son cuatro reales los que se invierten en este
campo, recuérdese que el contrato que suscribiera en 1995 el entonces
burgomaestre -que es el actual-, bordeaba los cien millones de dólares, un
promedio anual de casi veinte millones de la divisa estadounidense, aunque los
cambios políticos que se operaron más adelante determinaron que los proyectos
queden a medias.
Entonces -y cualquiera fuese la suma-, es de esperar que las obras, cuando se
reinicie el pavimentado, se hagan con transparencia, velando por los intereses
de la comuna y contemplando el supremo interés del pueblo.
Por ahora flota en el ambiente una pregunta puntual vinculada al tema: ¿será que
la suspensión de la pavimentación por algún tiempo deja pendiente el trabajo de
refacción de las vías públicas que se encuentran en mal estado en la capital
cruceña? Nos apresuramos a opinar que este asunto no puede ser soslayado ni por
un minuto por las autoridades del ayuntamiento, en vista del estado calamitoso
en que se encuentran infinidad de calles y avenidas del centro y de la
periferia. La ciudadanía que viaja de un punto a otro en vehículo propio o del
transporte público, sufre a cada paso por los enormes baches, por los
pronunciados desniveles, por el desgastado piso de las calzadas, porque al menor
chaparrón de pronto queda atrapada en una laguna o en un lodazal. Y sufre no
sólo en lo físico -puesto que son frecuentes los golpes, los encontronazos y
otros percances-, sino en lo material por el deterioro de los motorizados, por
lo que cuesta reponerse de una lesión, por la pérdida de tiempo.
Sí o sí la alcaldía debe iniciar un programa de reparación de vías en Santa Cruz
de la Sierra, de lo contrario el tránsito de motorizados será un imposible y
toda una aventura el traslado de la gente a sus ocupaciones habituales.
Ausencias que se dejan sentir
(VII)
Tertuliador ®® Desde el mojón de la esquina
Un angelito, tal vez de bronce, era el motivo central de una
fuente pequeña bordeada de piedras.
La pequeña fuente se encontraba en la acera naciente de nuestra plaza “24 de
Septiembre”.
Más próxima a la confluencia de las calles Bolívar y 24 de Septiembre.
Gustaba el angelito.
Gustaba la fuente.
Sin embargo, ni uno ni otra cumplían su “trabajo”.
El angelito debía surtir de agua.
La fuente, recibirla obviamente.
Pero nada.
¿La razón?... Muy simple.
¡No había agua!
En Santa Cruz de la Sierra, in illo tempore carecíamos de agua potable
transportada por ductos.
Otra fuente había en el extremo opuesto.
Casi frente al edificio del Palace Theatre.
No tenía ningún atractivo y, desde luego, tampoco tenía agua.
***
Si antes no hablé de las retretas, la mención es obligada.
Puntualmente las había los jueves y los domingos.
Siempre durante las primeras horas de la noche, y tocaban a su término a las
21,00 en punto.
¡Qué lindas eran! ¡Cómo disfrutaban los vecinos de la música de la banda!
Los vecinos copaban todos los banquillos de la Plaza Principal para escuchar la
retreta.
Y como los banquillos no eran suficientes, los vecinos acudían con sus propias
sillas y sillones para instalarse a su gusto.
De paso, las tías solteronas y las abuelas aprovechaban para echar el ojo encima
a las sobrinas y a las nietas quinceañeras e incluso veinteañeras.
De esta forma mantenían a raya a los cortejos, entre los que muchos eran
realmente arrofaldados.
***
Atractivo muy especial en nuestra vieja Plaza Mayor eran las “vistas públicas”.
Se daban en plena calle.
Lado poniente, al término de la calle Libertad y comienzo de la calle
Independencia.
Allí se tendía un lienzo que servía de pantalla.
Y sobre la improvisada pantalla pasaban cortometrajes que atraían a niños y
adultos.
Por lo general, eran imágenes algo resfriadas de acciones de la segunda gran
guerra mundial.
Aunque a veces también se trataba de dibujos animados.
El viejo Pato Donald era delicioso.
Tiempos de antes. ¡Qué lindos y sanos eran!