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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 29, Enero de 2005

../20050129/images/es3.jpgRoy Prinz rompe cadenas. Autonomía tallada


Prinz no puede abstraerse de lo que pasa y creó una escultura de casi tres metros que representa los movimientos pro autonómicos de los últimos meses. Después de medio año de trabajo, tiene lista su escultura. Aspira a instalarla en un espacio público, como símbolo de lo que sucede en Santa Cruz


Pablo Ortiz

El mapa de Bolivia está ondulado, como una hoja de papel que sale de su vaina. El envoltorio, en este caso, es una pieza de madera vieja, con apariencia de podrida que aún mantiene anclado al mapa por el lado occidental. En el oriente, las cadenas han sido rotas: Pando ya está completamente liberado al igual que Beni, y Santa Cruz acaba de romper las cadenas y los eslabones aún muestran la tensión de la ruptura. Sin embargo, el mapa aparece completo, sin fisura y con una textura pulcra, que contrasta con la raída apariencia de la vaina que la contenía. Eso es Autonomía, la escultura de 2,7 metros de altura y 80 centímetros de diámetro que Roy Prinz ha creado para graficar el momento actual que vive Bolivia. Madera y metal se funden para crear una obra política, intencionada que para este escultor de 50 años no representa otra cosa que el deseo de una nueva generación de acabar con el centralismo “secante y podrido”.
La escultura de Prinz es algo angustiante. Genera en quien la ve un sentimiento de peligro, de tensión. El mapa tallado en mara se ‘libera’ de su cascarón podrido rompiendo cadenas, con violencia, y eso hace que el escultor reconozca que el parto de su nuevo país no será fácil. “Es como el niño cuando nace. En el primer paso, seguramente, se va a caer, el segundo también; pero luego comenzará a caminar, como un individuo erguido”, dice, y no alcanza para generar cierta tranquilidad.
Describe su intención como un gráfico del deseo de los cruceños y del oriente por separarse del centralismo, pero no así de Bolivia. “Mi escultura es Bolivia saliendo del centralismo podrido y viejo y el oriente rompiendo las cadenas, pero salimos todos, los nueve hermanos unidos, en una Bolivia nueva, pero autónoma”, dice.
En su opinión, la autonomía permitirá una mejor vivencia del país entero, con una nueva concepción. “Quiero la autonomía para que mis hijos y mis nietos vivan mejor. Con ella tendremos mayores recursos y más amplitud para nuestras necesidades. Vamos a tener una mejor convivencia”, dice.
Para él, todo este movimiento, iniciado en el cabildo de junio del año pasado, es fruto de la concepción y el pensamiento de una nueva generación, “de un nuevo deseo de ser mejores, de cambiar esta situación magra en la que vivimos. Creo que al final nos vamos a unir, que Santa Cruz está dando el primer paso para unirnos de una forma nueva y diferente. Pues es hora de que pechemos todos para que salga el nuevo país”, dice.
Prinz deja en claro que está de acuerdo con la concepción de autonomía, aunque difiere un poco con las formas de llevarlas a cabo. Él preferiría que se diera un paso a la vez, aunque justifica lo que sucede al decir que “hay que romper el primer eslabón de la cadena que nos estaba oprimiendo”.
En los últimos años, la obra escultórica de Prinz ha estado marcada eminentemente por la política. En 2000 creó la instalación Cama de sangre. En ese momento, Evo Morales era más sindicalista cocalero que líder del Movimiento Al Socialismo y tenía el Chapare completamente bloqueado. Las muertes por enfrentamiento entre el Ejército y manifestantes amenazaban con generar una guerra civil y Prinz no encontró otra manera de plasmarlo que con una Cama de sangre.
En 2001, ganó la Bienal de Santa Cruz con El clavo del horror, una escultura en metal que representaba a las Torres Gemelas de Nueva York atravesadas por un enorme clavo. Para 2003, pretendía concursar en el Salón Internacional del Arte de La Paz con una instalación denominada El bloqueo. Se trataba de tres cubos que representaban la disputa que existía en el país por la exportación de gas. Sin embargo, el 16 de octubre, su obra fue usada para bloquear las calles de La Paz y echar del gobierno a Gonzalo Sánchez de Lozada. El bloqueo se convirtió en realidad.
Para Prinz, su obra cumplió con el cometido y fue reinterpretada por el pueblo. En su opinión, un artista no es otra cosa que la vivencia de los pueblos reflejada a través de la manera de ver de una persona. “El artista siente, vibra y capta los movimientos y sensaciones de la sociedad. No podemos estar fuera de ese contexto”, dice.
En este caso, él, como artista, vibra con la autonomía y no encontró otra forma de reflejarla que con el material más noble: la madera.

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