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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 24, Enero de 2005  

>>    Educación y salud, lo primero

Todo el santo año, pero muy especialmente a comienzos de una nueva gestión gubernamental o edilicia, como asimismo al iniciarse los períodos escolares o alguna campaña sanitaria, menudean las peticiones de más ítems, de equipamientos, de construcciones y refacciones, en fin, de mobiliario, para los sectores de la educación y la salud. Suelen ser dramáticos los pedidos de Santa Cruz de la Sierra, por el crecimiento poblacional incesante que determina que en pocos meses lo que parecía suficiente para uno o dos decenios, resulte escaso para el ciclo que se avecina.
Es lo que está aconteciendo en los días presentes, que coinciden con el estreno del gobierno municipal recientemente instalado y con el comienzo de las inscripciones para las clases de este año. Unas horas después de ambos hechos empezaron las quejas y las denuncias de docentes, directores y padres de familia, y de autoridades de la comuna.
Quejas y denuncias, por un lado, en sentido de que muchos centros educativos carecen de lo elemental para enseñar a los niños y jóvenes -fuera de que los locales quedaron pequeños, están en ruinas y no disponen ni de pupitres-, y por otro lado porque en varios establecimientos, olvidando la gratuidad que señala la ley, al momento de la matriculación de los educandos están cobrando a los padres de familia algunas cuotas para realizar mejoras o adquirir material imprescindible a la hora de abrir las aulas. Paralelamente voceros del ayuntamiento han explicado el estado de iliquidez de éste, consecuentemente sus aportes para la educación llegarán, en el mejor de los casos, por cuentagotas. Fácil entonces concluir que en 2005 tendremos otra gestión escolar con deficiencias, característica que determina el bajo nivel de aprendizaje con los resultados inevitables: estudios primarios y secundarios incompletos, bachilleres con conocimientos muy limitados, por ello reprobados cuando intentan ingresar a las universidades.
La misma situación se percibe en el sector salud, urgido de más médicos, paramédicos y administrativos, con hospitales y postas sanitarias pobremente dotados de medicinas indispensables, sin la infraestructura y el equipamiento ideales y suficientes para curar y salvar vidas humanas. Igualmente con motivo de la iniciación de labores de la nueva administración municipal aparecieron las noticias más desalentadoras, como aquella de que las refacciones están retrasadas y la crisis se agudiza, un nosocomio tan importante como el Japonés -quizá el principal de la capital cruceña-, está a punto de bajar su calidad de atención, y los paros de labores por diversas carencias están latentes. ¿La respuesta del ayuntamiento? Similar a la que recibió la educación: no hay plata, su deuda multimillonaria le impide cumplir las obligaciones más apremiantes, y para colmo de males los ítems que son de responsabilidad del gobierno nacional no son llenados ni en lo mínimo, por lo tanto la falta de personal es otro gravísimo problema puesto que reduce la capacidad de atención.
En pleno siglo 21 de un avance tecnológico impresionante de la humanidad, es cosa de no creer que en rubros tan básicos para una marcha siquiera regular de una comunidad, estemos en pañales en esta patria desventurada y particularmente en esta Santa Cruz de la Sierra atiborrada de gente. Gente pobre que llega de todos los confines del país en búsqueda de mejores días pero que, con dolor lo tenemos que decir, es ignorante y enferma.
Por eso no sirve la vieja cantaleta de la falta de recursos, ya mismo la alcaldía y el gobierno de la nación deben agilizar planes para medio ponerse al día en aquellos capítulos sin los cuales las sociedades no avanzan y que se llaman salud y educación.


Ausencias que se dejan sentir

Tertuliador ®® Desde el mojón de la esquina

Pocos eran nuestros centros de reuniones.
Los amigos, ciertamente, no teníamos mucho que escoger.
En esa tan añorada y querida Santa Cruz de la Sierra de la mitad del siglo pasado, nuestros lugares de encuentro eran muy pocos.
Pero siendo tan pocos, eran tan cálidos.
Eran tan lindos.
Allí nos conocíamos todos.
Éramos, verdaderamente, una sola familia, y muy unida.
****
Convergíamos felices, ansiosos, hacia nuestra vieja Plaza Principal.
Bautizada originalmente como Plaza de la Concordia, tomó después el nombre de “24 de Septiembre”.
La vieja plaza nos quedaba a mano a todos los vecinos.
Y no podía ser de otra manera considerando que la ilustre vieja ciudad terminaba, por el Norte, en El Arenal, por el Sur, en el Colegio Nacional Florida, por el Este, en el Cementerio y por el Oeste en la curtiembre Banegas.
La vieja y acogedora Plaza nos quedaba, pues, a un paso, y allí caíamos todos para darnos panzadas de charlas o simplemente para resollar a pulmón pleno.
****
Sería largo citar a los “placeros” de entonces.
Los placeros de entonces, de los cuales, a la fecha, muy pocos quedan.
Tal vez no más de unas pocas decenas.
La mayoría ha pasado a lo que, sin duda, es una mejor vida.
A lo mejor, hasta está contándole viejos chistes colorados al mismísimo San Pedro.
Un San Pedro bonachón que ríe a tiempo que hace sonar su manojo rollizo de llaves del Cielo.
Pero sí se puede intentar una cita de ausencias que se dejan sentir.
Que alguna vez tuvieron su lugar prominente en nuestra Plaza Principal.
****
Al pie de una laguneta, en el lado Norte, a la que se le dio el contorno del mapa físico de Bolivia, se erigió una jaula, más estrecha que grande, más incómoda que cómoda.
Y quién creen que era el único ocupante de esta jaula.
Pues, gracias a la inspiración de alguna de nuestras autoridades, nada menos que un heráldico cóndor de los helados Andes.
Un cóndor, amo y señor de las cumbres coronadas de nieves eternas, ¿lo pueden concebir enjaulado bajo nuestros ardientes soles, con cuarenta grados centígrados de temperatura?
El pobre bicho, más que cóndor, se sentía como piyo contra el cerco.
No faltó quien se apiadase de él y lo dejara suelto.
Pero incapaz de volar para emprender el retorno a sus cumbres nevadas, el cóndor de nuestra plaza empezó a vagar por las calles arenosas.
Y allí lo sorprendió la muerte, tal vez arrollado por un carretón de tres yuntas.

 

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