Todo el santo año, pero muy especialmente a comienzos de una
nueva gestión gubernamental o edilicia, como asimismo al iniciarse los períodos
escolares o alguna campaña sanitaria, menudean las peticiones de más ítems, de
equipamientos, de construcciones y refacciones, en fin, de mobiliario, para los
sectores de la educación y la salud. Suelen ser dramáticos los pedidos de Santa
Cruz de la Sierra, por el crecimiento poblacional incesante que determina que en
pocos meses lo que parecía suficiente para uno o dos decenios, resulte escaso
para el ciclo que se avecina.
Es lo que está aconteciendo en los días presentes, que coinciden con el estreno
del gobierno municipal recientemente instalado y con el comienzo de las
inscripciones para las clases de este año. Unas horas después de ambos hechos
empezaron las quejas y las denuncias de docentes, directores y padres de
familia, y de autoridades de la comuna.
Quejas y denuncias, por un lado, en sentido de que muchos centros educativos
carecen de lo elemental para enseñar a los niños y jóvenes -fuera de que los
locales quedaron pequeños, están en ruinas y no disponen ni de pupitres-, y por
otro lado porque en varios establecimientos, olvidando la gratuidad que señala
la ley, al momento de la matriculación de los educandos están cobrando a los
padres de familia algunas cuotas para realizar mejoras o adquirir material
imprescindible a la hora de abrir las aulas. Paralelamente voceros del
ayuntamiento han explicado el estado de iliquidez de éste, consecuentemente sus
aportes para la educación llegarán, en el mejor de los casos, por cuentagotas.
Fácil entonces concluir que en 2005 tendremos otra gestión escolar con
deficiencias, característica que determina el bajo nivel de aprendizaje con los
resultados inevitables: estudios primarios y secundarios incompletos,
bachilleres con conocimientos muy limitados, por ello reprobados cuando intentan
ingresar a las universidades.
La misma situación se percibe en el sector salud, urgido de más médicos,
paramédicos y administrativos, con hospitales y postas sanitarias pobremente
dotados de medicinas indispensables, sin la infraestructura y el equipamiento
ideales y suficientes para curar y salvar vidas humanas. Igualmente con motivo
de la iniciación de labores de la nueva administración municipal aparecieron las
noticias más desalentadoras, como aquella de que las refacciones están
retrasadas y la crisis se agudiza, un nosocomio tan importante como el Japonés
-quizá el principal de la capital cruceña-, está a punto de bajar su calidad de
atención, y los paros de labores por diversas carencias están latentes. ¿La
respuesta del ayuntamiento? Similar a la que recibió la educación: no hay plata,
su deuda multimillonaria le impide cumplir las obligaciones más apremiantes, y
para colmo de males los ítems que son de responsabilidad del gobierno nacional
no son llenados ni en lo mínimo, por lo tanto la falta de personal es otro
gravísimo problema puesto que reduce la capacidad de atención.
En pleno siglo 21 de un avance tecnológico impresionante de la humanidad, es
cosa de no creer que en rubros tan básicos para una marcha siquiera regular de
una comunidad, estemos en pañales en esta patria desventurada y particularmente
en esta Santa Cruz de la Sierra atiborrada de gente. Gente pobre que llega de
todos los confines del país en búsqueda de mejores días pero que, con dolor lo
tenemos que decir, es ignorante y enferma.
Por eso no sirve la vieja cantaleta de la falta de recursos, ya mismo la
alcaldía y el gobierno de la nación deben agilizar planes para medio ponerse al
día en aquellos capítulos sin los cuales las sociedades no avanzan y que se
llaman salud y educación.
Ausencias que se dejan sentir
Tertuliador ®® Desde el mojón de la esquina
Pocos eran nuestros centros de reuniones.
Los amigos, ciertamente, no teníamos mucho que escoger.
En esa tan añorada y querida Santa Cruz de la Sierra de la mitad del siglo
pasado, nuestros lugares de encuentro eran muy pocos.
Pero siendo tan pocos, eran tan cálidos.
Eran tan lindos.
Allí nos conocíamos todos.
Éramos, verdaderamente, una sola familia, y muy unida.
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Convergíamos felices, ansiosos, hacia nuestra vieja Plaza Principal.
Bautizada originalmente como Plaza de la Concordia, tomó después el nombre de
“24 de Septiembre”.
La vieja plaza nos quedaba a mano a todos los vecinos.
Y no podía ser de otra manera considerando que la ilustre vieja ciudad
terminaba, por el Norte, en El Arenal, por el Sur, en el Colegio Nacional
Florida, por el Este, en el Cementerio y por el Oeste en la curtiembre Banegas.
La vieja y acogedora Plaza nos quedaba, pues, a un paso, y allí caíamos todos
para darnos panzadas de charlas o simplemente para resollar a pulmón pleno.
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Sería largo citar a los “placeros” de entonces.
Los placeros de entonces, de los cuales, a la fecha, muy pocos quedan.
Tal vez no más de unas pocas decenas.
La mayoría ha pasado a lo que, sin duda, es una mejor vida.
A lo mejor, hasta está contándole viejos chistes colorados al mismísimo San
Pedro.
Un San Pedro bonachón que ríe a tiempo que hace sonar su manojo rollizo de
llaves del Cielo.
Pero sí se puede intentar una cita de ausencias que se dejan sentir.
Que alguna vez tuvieron su lugar prominente en nuestra Plaza Principal.
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Al pie de una laguneta, en el lado Norte, a la que se le dio el contorno del
mapa físico de Bolivia, se erigió una jaula, más estrecha que grande, más
incómoda que cómoda.
Y quién creen que era el único ocupante de esta jaula.
Pues, gracias a la inspiración de alguna de nuestras autoridades, nada menos que
un heráldico cóndor de los helados Andes.
Un cóndor, amo y señor de las cumbres coronadas de nieves eternas, ¿lo pueden
concebir enjaulado bajo nuestros ardientes soles, con cuarenta grados
centígrados de temperatura?
El pobre bicho, más que cóndor, se sentía como piyo contra el cerco.
No faltó quien se apiadase de él y lo dejara suelto.
Pero incapaz de volar para emprender el retorno a sus cumbres nevadas, el cóndor
de nuestra plaza empezó a vagar por las calles arenosas.
Y allí lo sorprendió la muerte, tal vez arrollado por un carretón de tres
yuntas.