Educación, conservación y sobrevivencia
Juan Renjifo Llanos*
A pesar de los grandes avances de la ciencia, como ser: el conocimiento que
hasta ahora se tiene sobre el mapa del genoma humano, la clonación de seres
vivos, la astrofísica, la informática, etc., los principales grandes problemas
del mundo actual siguen siendo la explosión demográfica, el aumento de la
pobreza, el acelerado deterioro ambiental y la inversión de valores y principios
ético morales del hombre, entre otros.
En los últimos 25 años, el mundo ha cambiado aceleradamente. La física nos
permite saber que el campo electromagnético dentro de la ionosfera ha afectado a
la biosfera, por eso el corazón de la Tierra palpita con mayor frecuencia,
elevándose de 7.83, que era lo estable, hasta 13 herzios por segundo. Los seres
vivos con nuestra madre la Tierra tenemos un mismo origen y destino y poseemos
la misma naturaleza bioeléctrica. Hoy se notan fuertes desequilibrios
ecológicos, desastres naturales devastadores como el maremoto en el sur de Asia,
pugnas por la carrera armamentista y confrontaciones bélicas sin igual,
crecimiento de tensiones, conflictos sociales en el mundo entero y más cambios
negativos en la conducta de la raza humana. Podemos apreciar que el maravilloso
pero frío mundo de la tecnología ha creado un abismo entre el desenfrenado
adelanto material y el valor ético y espiritual del hombre.
Ante este desolador panorama, sin duda alguna, el gran desafío del Siglo XXI es
el de la conservación. No sólo me refiero a la conservación del medio ambiente
que aún nos queda para tratar de mantener el equilibrio de los ecosistemas, sino
que también tenemos el gran desafío para rescatar y preservar las buenas
costumbres de la humanidad entera. Debemos descubrir y practicar las virtudes
sociales y morales, tales como la tolerancia, única virtud que hace posible la
convivencia armónica entre los seres, la justicia, la libertad responsable, la
igualdad equitativa, la honradez, el respeto mutuo, el amor y solidaridad con el
prójimo, el respeto a la dignidad y a los derechos universales de la persona
etc., desechando conductas egoístas y ambiciones desmedidas, donde todos seamos
protagonistas activos con nuestros deberes y obligaciones, propiciando un mundo
mejor sin miserias ni dolor humano, creados por el mismo hombre, donde impere la
paz y la felicidad en armonía con nuestro entorno. No una paz con ausencia de
conflictos, sino una paz con presencia de justicia.
Necesitamos más líderes que conduzcan los destinos de la humanidad con sabiduría
y justicia. Si consideramos que la mayor sabiduría del hombre es la justicia
como ideal del derecho para llegar a una paz social, pienso que la justicia debe
ser la única norma que debe reglar la conducta de los hombres, una conducta que
refleje virtud, aquella virtud invisible que genere recompensas visibles.
Me preguntarán ¿cómo se podrán conseguir tan nobles ideales? A través de la
educación como primordial instrumento para lograr el progreso de la humanidad y
el desarrollo armónico de los pueblos. La educación integral es el único camino
que nos conducirá hacia la luz de la verdad para lograr un verdadero desarrollo
sostenible del hombre. El conocimiento, manejo y uso racional de los recursos
naturales, la protección del medio ambiente y el mejoramiento de la calidad de
vida dependen de la información que el hombre tenga y la educación que reciba.
Se dice que la educación del pueblo cuesta mucho dinero; sin embargo, la
ignorancia cuesta mucho más. La educación ambiental y la organización ecológica
pueden ser un medio eficaz para lograr una conciencia conservacionista en el
hombre, para que de forma globalizada aprendamos a respetar la armonía y belleza
del arte divino: La naturaleza.
* renjifo@unete.com
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