img_logo.gif (2140 bytes)

img_arribadeber.gif (4941 bytes)

  • STAFF   COMENTARIOS   CONTACTARSE   

Noticias

Portada                 

Santa Cruz            

Seguridad             

Nacional               

Internacional          

Economía             

Deportes               

Sociales               

Escenas               

El Deber como tu Página de Inicio

btn_secciones.gif (615 bytes)

Editorial                

Opinión                 
Lectores               
Club de Lectores
Clima              

btn_suplementos.gif (615 bytes)

 

 

 

 


EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 18, Enero de 2005  

>>    ‘Fabricando’ líderes

Ciertamente, son de generación espontánea. Pero tenemos fábricas con patente nacional en que se eliminan asperezas y rugosidades de origen, se los pule, se los hace madurar, se les imparte el sacramento del bautizo y, finalmente, se los promociona.
Los resultados son los líderes de que con sorprendente puntualidad está surtido este no muy bienaventurado país nuestro que se llama Bolivia.
Sí, creemos que los líderes son de generación espontánea en esta parte del mundo. Pero tan pronto como empiezan a mostrar la pinta, nuestros diligentes ‘fabricantes’ acuden presurosos a darles los toquecillos consagratorios y a acelerar el proceso de la maduración que por lo general no toma mucho tiempo.
Lo que vendría a ser el embrión, o un poquito más que eso, el pichón de líder, ya tiene clavados encima los ojos de los infatigables fabricantes. Y ni qué decir cuando ese pichón de líder empieza con sus pinos y aventura sus primeros y vacilantes pasos. Aquí sí que los fabricantes ponen todo su esmero y todos sus recursos para que el líder se afiance, se empine y empiece a hacer de las suyas.
Pero ya es hora de dejar de hablar en metáforas. No corresponde al estilo del diario mayor esta forma de hablar. Aquí, por lo general, presentamos las cosas tal como son o por lo menos como honradamente nosotros las concebimos, las percibimos.
Hemos seguido el proceso singular de la aparición, de la formación, del pulimento del líder hasta su lanzamiento al ‘mercado’ y de aquí en adelante hasta que Dios quiere o el pueblo, la zarandeada opinión pública, aguantan. Más o menos es así como se da la cosa.
El pichón de líder es persona más o menos normal, diríamos, en nada diferente del común denominador. Más oscuro que brillante, más parco que locuaz, más reservado que comunicativo, nada fuera de serie, en definitiva. Pero tiene sus caprichitos, con frecuencia se deja arrastrar por sus rebeldías sin causa, le resulta difícil refrenar sus rabietas, y es entonces que alza sus voces, que protesta, que zapatea y dramáticamente se tira de los pelos.
Es en este instante que aparecemos los fabricantes, -nos incluimos sin reparos como medio de comunicación-, libretas de apuntes y bolígrafos en manos, cámaras fotográficas y de filmación en ristre, para hacernos eco de las rabietas del pichón de líder, para recoger sus protestas, para difundirlas en seguida, casi siempre ampliadas con detalles y titulares innecesariamente sensacionalistas. ¡Y ya está! El pichón deja de serlo y comienza a sentirse graduado y consiguientemente a actuar como líder. Sin haber pasado por una escuela, mucho menos por una casa superior de estudios, hasta sin habérselo propuesto seriamente siquiera, ya ha logrado su graduación un líder que, salvo muy honrosas excepciones, está convencido de que su misión es hacerle la vida imposible a todo el mundo y ponerle alevosas zancadillas al infortunado país nuestro.
Y una vez así lanzado, pulido y promocionado el líder, la tarea de los medios de comunicación, incluido el nuestro, continúa. Faltan libretas, bolígrafos, micrófonos y cámaras para perseguir al líder y recoger sus quejidos, así sea porque le duele una uña del dedo gordo del pie. ¿Será que existe una razón para que estemos satisfechos de esta parte de nuestro trabajo?


Demanda, rechazo y exigencia, primer pele en la comuna

Marcelo Rivero

El nuevo Concejo Municipal se estrenó con una medida aparentemente acertada, pero que huele más a demagogia y, por consiguiente, sin otro fin que caerle bien a la gente porque en la práctica no producirá ningún efecto.
Evidentemente eso de ‘demandar’ de los empresarios micreros que no le suban al precio de los pasajes, eso de ‘rechazar’ lo resuelto por la Superintendencia de Transportes autorizando el alza, eso de ‘exigir’ al gobierno la derogatoria del decreto por el cual aumentó el valor de los carburantes, es pura palabrería. El organismo deliberante y la propia alcaldía carecen de recursos amparados por las leyes para torcer decisiones del Poder Ejecutivo, de ahí que los dueños de los colectivos -que sin duda le recordaron sus ‘obligaciones’ a los que están instalados en La Paz-, deben estar risueños frente a la ‘severa’ actitud de los ediles.
La intromisión de dicha superintendencia en temas urbanos, seguramente orquestada por los poderosos transportistas, es vieja, por eso llama la atención que ahora se esté protestando por lo que deciden al pie del Illimani. Sobre todo cuando el reclamo lo manifiesta un ex alcalde y ahora concejal y quienes ejercieron hasta un pasado reciente delicadas funciones en el ayuntamiento. Si en el momento oportuno hubiesen realizado gestiones enérgicas, si hubiesen convocado al pueblo para sustentar peticiones -que en tratándose de tan importante cuestión no habría retaceado su concurso-, a estas alturas no existiría ley que impida a la comuna intervenir en lo que tiene que ser de su estricta incumbencia, como es el fijar precios de un básico servicio en su jurisdicción. Es más, la municipalidad tampoco puede señalar sin la venia de la mencionada superintendencia por cuál calle o avenida pueden pasar los colectivos. Por eso es que meterse por la Grigotá, por la Charcas, por la Cañoto y por muchas otras vías -a pie o en vehículo-, es todo un martirio y un peligro de tan atestadas que están de micros.
Semejante situación no se resolverá con actitudes demagógicas, con paradas de gallo viejo, ni con declaraciones altisonantes. Se precisa, ya mismo, una acción militante y compacta que anule la intromisión del centralismo en temas que ignora y que encima ni le importan. Con esto no estoy diciendo si es justo o no el nuevo precio del pasaje en colectivo, sino que la cuestión debe ser analizada aquí por expertos que conozcan la problemática del transporte urbano, que incluye desde el tipo de vehículos que utiliza hasta los recovecos que se manda para rodar por todas partes -en una equivocada fórmula para ganar más-, pasando por los derechos de los choferes.
Señores munícipes no le pelen con lata, aciértenle con hechos.

 

Contáctese con nosotros: editorial@eldeber.com.bo

< Anterior ^Arriba


Portada | Internacional | Nacional | Santa Cruz  | Economía | Deportes | Sociales | Escenas
EditorialOpinión | Contactarse | Staff


© Copyright 2004, El Deber. Todos los derechos reservados.