Ciertamente, son de generación espontánea. Pero tenemos
fábricas con patente nacional en que se eliminan asperezas y rugosidades de
origen, se los pule, se los hace madurar, se les imparte el sacramento del
bautizo y, finalmente, se los promociona.
Los resultados son los líderes de que con sorprendente puntualidad está surtido
este no muy bienaventurado país nuestro que se llama Bolivia.
Sí, creemos que los líderes son de generación espontánea en esta parte del
mundo. Pero tan pronto como empiezan a mostrar la pinta, nuestros diligentes
‘fabricantes’ acuden presurosos a darles los toquecillos consagratorios y a
acelerar el proceso de la maduración que por lo general no toma mucho tiempo.
Lo que vendría a ser el embrión, o un poquito más que eso, el pichón de líder,
ya tiene clavados encima los ojos de los infatigables fabricantes. Y ni qué
decir cuando ese pichón de líder empieza con sus pinos y aventura sus primeros y
vacilantes pasos. Aquí sí que los fabricantes ponen todo su esmero y todos sus
recursos para que el líder se afiance, se empine y empiece a hacer de las suyas.
Pero ya es hora de dejar de hablar en metáforas. No corresponde al estilo del
diario mayor esta forma de hablar. Aquí, por lo general, presentamos las cosas
tal como son o por lo menos como honradamente nosotros las concebimos, las
percibimos.
Hemos seguido el proceso singular de la aparición, de la formación, del
pulimento del líder hasta su lanzamiento al ‘mercado’ y de aquí en adelante
hasta que Dios quiere o el pueblo, la zarandeada opinión pública, aguantan. Más
o menos es así como se da la cosa.
El pichón de líder es persona más o menos normal, diríamos, en nada diferente
del común denominador. Más oscuro que brillante, más parco que locuaz, más
reservado que comunicativo, nada fuera de serie, en definitiva. Pero tiene sus
caprichitos, con frecuencia se deja arrastrar por sus rebeldías sin causa, le
resulta difícil refrenar sus rabietas, y es entonces que alza sus voces, que
protesta, que zapatea y dramáticamente se tira de los pelos.
Es en este instante que aparecemos los fabricantes, -nos incluimos sin reparos
como medio de comunicación-, libretas de apuntes y bolígrafos en manos, cámaras
fotográficas y de filmación en ristre, para hacernos eco de las rabietas del
pichón de líder, para recoger sus protestas, para difundirlas en seguida, casi
siempre ampliadas con detalles y titulares innecesariamente sensacionalistas. ¡Y
ya está! El pichón deja de serlo y comienza a sentirse graduado y
consiguientemente a actuar como líder. Sin haber pasado por una escuela, mucho
menos por una casa superior de estudios, hasta sin habérselo propuesto
seriamente siquiera, ya ha logrado su graduación un líder que, salvo muy
honrosas excepciones, está convencido de que su misión es hacerle la vida
imposible a todo el mundo y ponerle alevosas zancadillas al infortunado país
nuestro.
Y una vez así lanzado, pulido y promocionado el líder, la tarea de los medios de
comunicación, incluido el nuestro, continúa. Faltan libretas, bolígrafos,
micrófonos y cámaras para perseguir al líder y recoger sus quejidos, así sea
porque le duele una uña del dedo gordo del pie. ¿Será que existe una razón para
que estemos satisfechos de esta parte de nuestro trabajo?
Demanda, rechazo y exigencia,
primer pele en la comuna
Marcelo Rivero
El nuevo Concejo Municipal se estrenó con una medida
aparentemente acertada, pero que huele más a demagogia y, por consiguiente, sin
otro fin que caerle bien a la gente porque en la práctica no producirá ningún
efecto.
Evidentemente eso de ‘demandar’ de los empresarios micreros que no le suban al
precio de los pasajes, eso de ‘rechazar’ lo resuelto por la Superintendencia de
Transportes autorizando el alza, eso de ‘exigir’ al gobierno la derogatoria del
decreto por el cual aumentó el valor de los carburantes, es pura palabrería. El
organismo deliberante y la propia alcaldía carecen de recursos amparados por las
leyes para torcer decisiones del Poder Ejecutivo, de ahí que los dueños de los
colectivos -que sin duda le recordaron sus ‘obligaciones’ a los que están
instalados en La Paz-, deben estar risueños frente a la ‘severa’ actitud de los
ediles.
La intromisión de dicha superintendencia en temas urbanos, seguramente
orquestada por los poderosos transportistas, es vieja, por eso llama la atención
que ahora se esté protestando por lo que deciden al pie del Illimani. Sobre todo
cuando el reclamo lo manifiesta un ex alcalde y ahora concejal y quienes
ejercieron hasta un pasado reciente delicadas funciones en el ayuntamiento. Si
en el momento oportuno hubiesen realizado gestiones enérgicas, si hubiesen
convocado al pueblo para sustentar peticiones -que en tratándose de tan
importante cuestión no habría retaceado su concurso-, a estas alturas no
existiría ley que impida a la comuna intervenir en lo que tiene que ser de su
estricta incumbencia, como es el fijar precios de un básico servicio en su
jurisdicción. Es más, la municipalidad tampoco puede señalar sin la venia de la
mencionada superintendencia por cuál calle o avenida pueden pasar los
colectivos. Por eso es que meterse por la Grigotá, por la Charcas, por la Cañoto
y por muchas otras vías -a pie o en vehículo-, es todo un martirio y un peligro
de tan atestadas que están de micros.
Semejante situación no se resolverá con actitudes demagógicas, con paradas de
gallo viejo, ni con declaraciones altisonantes. Se precisa, ya mismo, una acción
militante y compacta que anule la intromisión del centralismo en temas que
ignora y que encima ni le importan. Con esto no estoy diciendo si es justo o no
el nuevo precio del pasaje en colectivo, sino que la cuestión debe ser analizada
aquí por expertos que conozcan la problemática del transporte urbano, que
incluye desde el tipo de vehículos que utiliza hasta los recovecos que se manda
para rodar por todas partes -en una equivocada fórmula para ganar más-, pasando
por los derechos de los choferes.
Señores munícipes no le pelen con lata, aciértenle con hechos.