Ante el alza de los precios del combustible
Francisco Justiniano Suárez
Este incremento ha causado un malestar general que era previsible. Sin entrar
a cuestionar la medida gubernamental en un análisis de fondo, resulta criticable
la actitud del Gobierno de elevar los precios de los carburantes sin dar una
explicación sólida y coherente a la ciudadanía; más aún, si negó hasta lo último
tal posibilidad. Entendemos, sin embargo, que lanzó la medida, principalmente
para poner freno a nuestro abultado déficit fiscal y porque las arcas del Tesoro
General de la Nación ya no daban más para subvencionar, como hasta ahora, los
precios de los hidrocarburos en el mercado nacional.
Al respecto, hemos escuchado y leído muchas opiniones de presuntos analistas
políticos y comunicadores expertos, y todos, a una, rechazan la medida, pero
ninguno se anima a proponer algo para corregir el desequilibrio económico
causado por el bajo precio de los combustibles en el mercado local. Y como una
reacción inmediata, los empresarios locales del transporte público han
decretado, por supuesto sin la aprobación estatal correspondiente, un incremento
de los pasajes en un porcentaje del 33 por ciento, siendo que el alza de la
gasolina y del diésel sólo fue del 10 y 23 por ciento, respectivamente.
Acá es necesario puntualizar que muchos micros y colectivos usan gas natural
como combustible y éste no ha experimentado ninguna subida. Además, no olvidemos
que en el precio del pasaje no influye o incide sólo el combustible, sino también
muchos otros factores como salarios, costo de equipos y repuestos,
mantenimiento, llantas, y todos estos accesorios complementarios no han sufrido
ninguna modificación en sus precios, pero los transportistas no se cansan de
repetir que son ‘solidarios’ con la economía de la población.
Asimismo, resulta necesario remarcar que el Gobierno además de su dificultad
comunicacional (el actual Gobierno tiene en el presidente Mesa un reconocido
comunicador), ha demostrado también una incapacidad de gestión, ya que lo que
menos podía dejar de hacer al decretar el alza de combustible, era también
establecer las nuevas tarifas del transporte público en toda la república y no
dejar que este asunto tan espinoso y delicado quede a merced del libre albedrío
de los transportistas, pasando el tema a la instancia de una dolorosa
negociación en medio de marchas y bloqueos que afectan más aún a la población.
¿Está usted de acuerdo? Hasta la próxima.
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