Un sueño hecho realidad
Histórico. La primera foto de Milton Melgar en la revista El Gráfico, el 7 de enero de 1986, junto a Claudio Hugo Zacarías y Luis Alberto Abramovich, que está a la derecha, pero que no aparece en la toma.
Un día como hoy, hace 19 años, el boliviano comenzaba a escribir la primera página de su historia en Argentina
[ Roly Callaú Cruz ]
Una fotografía tomada por la revista El Gráfico, junto a Claudio Hugo Zacarías y
Luis Alberto Abramovich, fue el inicio de una interesante historia que Milton
Melgar terminaría de escribir tras su exitoso paso por Boca Juniors y River
Plate, los equipos más poderosos de Argentina.
Nadie sabía cómo el Flaco fue a parar a Boca, ni siquiera él tenía la respuesta.
Las gestiones las hicieron a mil por hora y había que viajar de inmediato a
Buenos Aires para estampar la firma.
Su llegada al aeropuerto internacional de Ezeiza se produjo el 2 de enero de
1986. Milton había dejado en Bolivia a su esposa, a su pequeño hijo de casi dos
meses de nacido y un año de castigo pendiente por una supuesta agresión al
árbitro Celier Vargas en un partido de Liga en Santa Cruz cuando militaba en
Blooming.
El primer préstamo a Boca fue por tres meses, después se alargó a seis y al
final terminaron comprándolo. Es que su talento y habilidad, que aún lo
mantienen vigente, fueron su principal carta de presentación. La hinchada
xeneize lo idolatró hasta el cansancio y el grito de boliviano, boliviano en las
tribunas estaba en la garganta de todos.
Milton admite que su llegada al equipo más popular de Argentina fue producto de
la casualidad o simplemente un accidente del fútbol. “Fue así, y no tengo por
qué negarlo”, sostiene. Sin embargo, reconoce también, 19 años después de aquel
paso, que jamás sintió temor por ese gran desafío, porque confiaba en la
habilidad que tenía y la fortaleza interior que guiaba sus pasos por caminos
pedregosos y difíciles.
A los pocos días de arribar a Buenos Aires, y como nadie sabía del boliviano que
llegaba como refuerzo al Boca Juniors de Menotti, Gatti, Tapia, Comas, Rinaldi y
compañía, la revista El Gráfico eligió a tres jugadores para una producción
fotográfica muy especial. Entre ellos estaba Milton Melgar.
En su edición número 3.457 del 7 de enero de 1986, el boliviano aparecía en la
foto del medio, flanqueado por Zacarías y Abramovich. Era la primera vez que
Milton se acercaba al público argentino. Detallando algunos de sus datos
personales, la prestigiosa revista le estaba dando el empujón que el jugador
boliviano necesitaba para dar el gran salto.
Después de ese día (7 de enero de 1986) el larguirucho mediocampista pasó del
anonimato a ídolo en una de las épocas más gloriosas del equipo xeneize, hasta
que River Plate se lo llevó.
Coincidentemente en 1989 los millonarios contrataron a Menotti como técnico y
con él se fue Melgar. Pasar de Boca a River, o viceversa, era algo poco común,
pero el destino quiso que sea así. Armándose de coraje el Flaco hizo maletas y
sintiendo un profundo dolor interior cambió el azul y oro que lo hizo feliz por
la camiseta de la banda roja que lo recibió con los brazos abiertos.
Un año más tarde, Melgar volvió a Bolivia con la frente en alto y con la
satisfacción de haber experimentado una sensación distinta jugando, en los dos
equipos más grandes.
Milton melgar
‘En Argentina aprendí a ser profesional’
Dice Milton Melgar que la experiencia que vivió en Boca
Juniors no se la quita nadie. Jugó al lado del legendario Hugo Orlando Gatti y
tuvo como maestro a Luis Menotti.
- Después de tanto tiempo, ¿qué sensación sentís de todo lo que pasó?
- Me hace recordar momentos que no estaban en mi mente ni en mis planes. Jugar
en Boca es lo más lindo que me hubiera pasado y me hizo ver que el fútbol te
brinda oportunidades.
- ¿Tuviste miedo?
- En ningún momento temí, porque lo que siempre me gustó fue jugar al fútbol, y
cuando uno juega a gran nivel, más bien debe estar contento.
- ¿Qué sentís cuando escuchás hablar de Boca?
- Mucha nostalgia.
- ¿Nostalgia de qué, por ejemplo?
- De todo. Me dan ganas de estar ahí, cuando veo el estadio La Bombonera me
traen muchos recuerdos, tantos partidos.
- ¿La Bombonera está intacta como la dejaste, o cambió algo?
- Cambió bastante. Por ejemplo, hay una contención de vidrios blindados en la
parte de la platea que antes no había, ahora hay palcos especiales, lo han
agrandado un poco y remodelado bastante, pero la estructura en sí sigue igual,
con la cancha muy cerca al enmallado. En realidad, sigue tan hermosa como
siempre.
- ¿Extrañás algo?
- Extraño todo, porque el fútbol argentino me enseñó a ser futbolista
profesional. Me enseñó muchas cosas que no las había vivido acá en Bolivia.
- ¿Por ejemplo?
- A ser más responsable, a jugar más rápido, a estar siempre atento y, sobre
todo, me puso al frente a un gran maestro como César Luis Menotti, y después
Mario Sanabria que fue el que me dio la oportunidad.
- ¿Llegar a Argentina con el sello boliviano fue difícil?
- Fue difícil, no sé si por eso, pero fue difícil, no tanto por la gente, sino
por la competencia que había entre futbolistas para poder ser titular.
- ¿Te acordás el día de tu debut?
- Fue en La Bombonera frente a Huracán, ganamos por 4-3 y tuve la suerte de
marcar un gol. Se puede decir que entré con el pie derecho porque en los años
que estuve en Boca me fue bien.
Nostalgias
La ansiedad
Cuando llegamos a Buenos Aires con el dirigente Juan Ernesto Zambrana, no
conocíamos a nadie y yo estaba ansioso por comenzar a correr. Cada día
que pasaba me desesperaba más, y para no descuidar mi estado físico, corría y
hacía abdominales dentro de la habitación del hotel. Era increíble la ansiedad
que tenía, el dirigente me miraba y se reía, pensaba que yo estaba loco.
Gatti y sus vinos
Hugo Orlando era un arquero que se entrenaba bastante, incluso se quedaba
después del entrenamiento a hacer abdominales, pese a la edad que tenía. Aparte,
era un querendón del vino luego de las comidas. Todos nos tomábamos un vinito,
pero él se tomaba una o dos botellas como si nada. Era todo un personaje.
El Loco lo hizo famoso
A propósito de Gatti, fue uno de los que me hizo famoso en Argentina porque
tenía la virtud de sacar muy rápido el balón y yo tenía la habilidad de
desmarcarme en cuestión de segundos. Me hizo famoso porque ni bien recibía la
pelota me buscaba a mí, y mientras tenía más tiempo la pelota podía demostrar
las condiciones que yo poseía.
Boliviano..., boliviano...
Fue algo lindo que jamás voy a poder olvidar, semejante al partido inaugural de
Bolivia en el Mundial de Estados Unidos frente a la selección de Alemania.
El primer día que jugamos en La Bombonera, de la tribuna salió el boliviano,
boliviano. Esa ovación que recibí de todo el estadio, es inolvidable.
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