La revolución cubana, que el primero de enero
pasado cumplió cuarenta y seis años de edad, fue celebrada con devoción por
doña Lizzy Barrón. Esta mujer boliviana de edad madura arroja los mejores
datos de su vida: “Mis ocho hijos fueron bendecidos por Fidel Castro quien
les abrió sus brazos generosos y les permitió profesionalizarse”.
Al menor de ellos, Oscar Eduardo Tapia Barrón (24), ya le dicen ingeniero.
Estudió telecomunicaciones en el Instituto Superior Politécnico José Antonio
Echeverría de La Habana.
Con el sello cubano, el boliviano fue contratado en España por una empresa
de servicios informáticos e instalación de redes y fue profesor de
matemáticas, física y química. Cuando llegó al aeropuerto de Barajas no fue
recibido como los miles de migrantes que ruegan a Dios para que las
autoridades españolas no sospechen que escaparon de Bolivia para no morirse
de hambre. Los otros hijos de Lizzy Barrón, entre los que se encuentran tres
mujeres, también estudiaron en la isla caribeña.
Pero los Tapia Barrón no son los únicos que fueron beneficiados con las
becas de estudio que otorga el Gobierno de Fidel Castro desde hace varias
décadas.
Hasta la fecha, cerca de 2.000 jóvenes bolivianos salieron cargados de
sueños hacia Cuba, y la mayoría regresó con un cartón bajo el brazo. Fueron
a sumar conocimientos, principalmente en las áreas de salud y educación,
cuenta Pablo Martínez Gálvez, un cubano de barba espesa que está ocupado en
conformar la asociación de residentes cubanos en América Latina. Este hombre
maneja los datos históricos y estadísticos sobre Cuba y sus relaciones que
mantiene la isla con Bolivia y otros países del mundo.
El embajador de Cuba en Bolivia, Luis Felipe Vázquez, concuerda en que cerca
de 2.000 bolivianos se graduaron en Cuba, pero aclara que no todos fueron
beneficiados con becas, puesto que muchos llegaron a la isla a refugiarse y
después buscaron la forma de ingresar a las universidades.
Los primeros bolivianos se iban envueltos de esperanzas y con uno que otro
temor escondido en algún rincón del equipaje. El comunismo era una palabra
muy grande y misteriosa, puesto que los medios de comunicación casados con
el oficialismo estadounidense publicaban leyendas que hacían ver a Fidel
Castro como el monstruo de siete cabezas. “Nada que ver. El presidente de
Cuba es una persona muy amable y carismática. Yo estuve cerca de él y hasta
le saqué una foto”, dice Jenny Ampuero, directora del Paraninfo
Universitario. Ella fue varias veces a Cuba, impulsada por los seminarios
que le permitieron aumentar su bagaje de conocimientos en las áreas de
economía y de comunicación.
Ampuero rescata la calidez humana de los cubanos y el tremendo aporte
científico que dieron al mundo en las áreas de la medicina, la educación y
las artes.
Guadalupe García, de sangre minera y encariñada de la vida, a pesar de que
ésta le jugó malos momentos, fue una de las 15 personas que en 1983 se subió
a un avión con destino a La Habana. En aquella época tenía 19 años de edad y
estaba cerca de cumplir su sueño: estudiar Tecnología Azucarera. A punta de
esfuerzos consiguió su objetivo en apenas seis años.
“En Cuba me daban todo: casa, comida, libros y dos mudadas de ropa al año”.
En realidad, dice que eso era todo lo que necesitaba en la vida. La moda de
ir de compras no formaba parte de su rutina. Lo que buscaba era que alguien
apueste por su educación, es decir, un tipo de mecenas que le permita
estudiar a cambio de que sólo se dedique a estudiar.
En 1989, después de egresar de ingeniería, en Santa Cruz, el ingenio Guabirá
la recibió con los brazos abierto. Pero cuando se puso de moda la
privatización y los gobiernos hicieron creer que los extranjeros eran menos
corruptos que los bolivianos en el manejo de las empresas estatales,
Guadalupe García quedó sin trabajo, como sucedió con tantos otros
bolivianos. Guadalupe también fue a parar a España y después de tragar
incontables angustias encontró un cálido trabajo en las Islas Canarias.
Cuba también fue decisiva en la vida de Abel Mendoza Martínez. Huérfano,
cobijado en una institución de beneficencia, el humilde joven, después de
salir bachiller de un centro educativo para adultos de Santa Cruz, postuló a
una beca en la isla. Allá estudió lo que soñaba cuando era niño: Ingeniería
Mecánica. Pero fue más allá porque después de graduarse como ingeniero hizo
esfuerzos personales para hacer una maestría. “En la isla, el que quiere ser
alguien en la vida lo puede lograr porque hay oportunidades para todos”,
agrega Mendoza y en sus ojos se dibuja una eterna nostalgia por la Cuba que
lo cobijó cuando estaba lleno de sueños inconclusos.
El cubano Pablo Martínez Gálvez estima que en la actualidad hay por lo menos
600 ciudadanos bolivianos en las aulas de las universidades cubanas
aprendiendo los mejores oficios del mundo. Dice que muchos de los nuestros
están explotando su lado artístico en las facultades de cinematografía y hay
quienes están estudiando para preparadores físicos.
Este es el caso de Elio Argandoña, un jovencito que gracias a la
colaboración cubana está a punto de dejar Yapacaní, no para siempre, como él
dice, pero sí para formarse profesionalmente y regresar con más fuerzas para
servir al país.
El arquitecto Carlos Barrero da fe de todos los testimonios que dieron los
bolivianos que fueron formados en la isla caribeña. Barrero es el
coordinador del Instituto Cultural Boliviano-Cubano, cargo que le ha
posibilitado conocer muchas historias que se fueron tejiendo desde hace dos
décadas, cuando salieron del país los primeros bolivianos rumbo a Cuba, con
un montón de esperanzas y uno que otro misterio porque estaban a punto de
conocer un país que no obedece las órdenes de EEUU.
Las hazañas del doctor
Ojitos
El trabajo del doctor Jeremias Hernández Ojitos hace que
los bolivianos lo quieran cada día más. Con su voz inquieta de hombre
caribeño, dirige un centro médico que atiende a las personas que necesitan
una atención médica especializada y que no pueden acceder a ella, ya sea
porque en Bolivia no existen los servicios o porque no tienen dinero.
Para que nadie dude sobre el aporte de Cuba a la ciencia médica, el doctor
Ojitos hace recuerdo que fueron los cubanos quienes descubrieron una vacuna
contra el cáncer de pulmón y el tratamiento quirúrgico del mal de Parkinson.
“Ante tremendos credenciales, la atención médica está garantizada”, dice el
doctor Ojitos y afirma que el trabajo de Caribe Salud, (así se llama la
institución que dirige), consiste en hacer gestiones para que las personas
enfermas puedan ser tratadas en Cuba.
El galeno aclara que su trabajo no es un mérito personal, más bien, dice,
representa a todas las instituciones médicas cubanas y a los profesionales
bolivianos que también hacen posible que muchos compatriotas no pierdan las
esperanzas de una mejoría en su salud.
Cubanos en Bolivia
Andrés Granado
Hasta lo más lejos
Es el coordinador de investigación y asesor de tesis de la Uagrm. Se siente
útil en Bolivia porque trata de emular lo que se hace en Cuba, llegar con la
enseñanza a los más alejados rincones.
Beatriz Córdoba
Asesora de gerentes
Llegó como profesora invitada para dictar maestrías. Cuando se jubiló en
Cuba decidió venir a Bolivia con mayor frecuencia. La buscan empresarios
para que los asesore.
Deyerlí Sánchez
Lazos sentimentales
Es licenciada en Bibliotecología. Se casó con un boliviano que admira a Cuba
y al Che. Dice que trata de contagiar a los cruceños la solidaridad humana
que se practica en su país.
Indira Cabreja
Lucha desde Bolivia
Estudió Locución para Radio y Televisión. Salió de Cuba, llegó a Santa Cruz
y se enamoró de Elio Argandoña, un joven que vive en Yapacaní y que
consiguió una beca en la isla.
M. Victoria Villagra
Conoce de cerca la isla
Aclara que es de nacionalidad argentina pero fue seducida por Cuba porque
conoce de cerca la realidad de la isla caribeña. “Tengo un sobrino que
estudió medicina.