Algo que ya queda muy en claro
Mario Rueda Peña
Hace ya más de 7 años que Bolivia, respecto a los precios de la gasolina y el
diésel, le dio las espaldas al libre juego de la oferta y la demanda. A ése que
en el mercado internacional fija el valor de cualquier producto. Ascendían o
bajaban los precios de los hidrocarburos en el territorio nacional, conforme a
las variaciones registradas en el mercado externo. En la fijación del precio
final, este sistema de ‘sube y baja’ tomaba también en cuenta los cambios en la
cotización del dólar, contabilizaba una parte de los costos de refinación y
distribución doméstica del producto, así como el impuesto IEHD.
Salvo un periodo de baja en 1998, factores específicos del acontecer
internacional determinaron una tendencia alcista en el precio mundial del
petróleo, tendencia que aún se mantiene. El poder político optó por inmovilizar
el ‘sube y baja’. Eliminó el subsidio estatal y congeló el precio de los
carburantes en el mercado interno. El Estado cayó en la antonimia del ‘negocio
del turco’: ‘comprar caro para vender barato’. Y todo para ahorrarse protestas
sociales que pusieran en riesgo su estabilidad. Desde entonces, la deuda estatal
a las empresas productoras, emergente de la diferencia entre el precio real y el
subsidiado de la gasolina y el diesel, asciende ya a más de un centenar de
millones de dólares, suma que debe hacer efectiva el TGN. Es decir, nosotros,
los contribuyentes. Pero lo peor fue que solución tan imprudente como simplona
les cayó como anillo al dedo a los que amasan fortuna con el contrabando. Gran
parte del diésel boliviano terminó en los países vecinos, donde se lo vendía a
un precio sensiblemente superior.
La deuda interna se acrecentaba y los ingresos nacionales se comprimían,
mientras se encendían nuevas luces de alarma en el tablero de la cuestión
fiscal. Ante semejante cuadro, la cooperación multilateral fue bastante
categórica en su ultimátum al gobierno de Carlos Mesa, tan débil y vacilante
como los que le precedieron. “Eliminar el subsidio a los carburantes, señores!
Si quieren ayuda financiera, tomen medidas que garanticen la generación de
fondos de contrapartida” Y no es bicoca alguna lo que se pide a los de afuera: 2
mil millones de dólares para evitar la bancarrota técnica que nos depara el
futuro inmediato si seguimos como estamos, sobre todo en el frente
presupuestario.
Si el conflicto sobre el tema concluye o se mantiene cuando estas líneas sean
publicadas, es cosa muy difícil de predecir. Sin embargo, algo que ya queda muy
en claro. Y es que en este país de más de ocho millones de bolivianos, solamente
algunos miles salieron a las calles a hacer cuestión del tema La mayoría
silenciosa se mantuvo al margen del asunto. Obviamente que ella derrama bilis
por el negativo impacto de la medida en la canasta familiar, pero sin dejarse
arrastrar por la irracionalidad de que hacen gala sectores corporativos que solo
velan por su propia billetera, a la que quieren ver gorda, aunque sea con
sobornos. Está igualmente claro que Gobierno y transportistas harán las paces
tras suscribir un acuerdo para un alza nacional en las tarifas de transporte.
|