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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 09, Enero de 2005

../images/blanco.gifDiésel: causas y efectos



Willi Noack

¿Qué sucederá entre el momento en que escribo esta nota (6.1. a las 11 a.m.) y el domingo 9 de enero (cuando se la publique) como consecuencia del problema alrededor del diésel? Es justamente esta incertidumbre, el miedo, la convulsión lo que Bolivia menos precisa para poder convivir en paz social y dedicarse a producir.
El problema de fondo lo ilustran dos titulares de la prensa nacional. La Prensa informa sobre la ‘Violencia cruceña: Gobierno identifica a los responsables”. Pero en el editorial de La Razón señalan las ‘Responsabilidades del Presidente’. ¿Quién o quiénes son entonces el o los responsables? Creo que estamos obligados a analizar la situación a fondo, y de pronto se evidencia que la responsabilidad original radica en el Gobierno que es el causante principal de los estallidos que se producen hoy. Es costumbre golpear a la bolsa en vez de al burro, pues es fácil y cómodo debatir sobre los efectos y asuntos de menor incidencia evitando buscar identificar a los autores que nos han causado los enfrentamientos actuales y venideros.
“Es necesario un remezón dentro del Poder Ejecutivo para tratar con premura y acierto el futuro del gas, como la toma de tierras y sus peligrosas consecuencias, las autonomías regionales y la necesidad de una política económica que no se vislumbra.” (Citando La Razón). Lo que se pide en este editorial apunta al origen y meollo de nuestros actuales problemas: necesitamos buenas reglas (léase: leyes) sobre los temas controvertidos pero de vital importancia para la supervivencia de Bolivia. Como no existen, sino vacíos legales, estas lagunas vacías se llenan con acciones muchas veces violentas, delante de la ausencia de una regla clara, visionaria, acertada, racional, socialmente justa.
Por no haber tenido un gobernante firme que decreta no obstante protestas, lo que por razones incuestionables y económicas era necesario, tenemos hoy un desastre social que hubiese sido evitable. Léase: si los precios de los hidrocarburos se hubiesen incrementado según las necesidades dictadas por los mercados, es decir en minúscula proporción imponiendo la lógica económica, no hubiera sido necesario decretar un gasolinazo con la consecuencia de un tarifazo, sin contar las pérdidas por paros y destrucciones. Un ejemplo generalmente aceptado es la manera cómo se devalúa nuestra moneda.
Queda claro: al inicio está el desgobierno, que cedió y cedió y ojalá deje de ceder ante la menor oposición callejera, y que más bien decrete con mano firme lo que el raciocinio y los principios del libre mercado exigen, buscando justicia social.
El diésel es solamente un botón del desgobierno. Otros ejemplos son: en estos días se produjeron violentos actos por la tenencia de las tierras. El gas es otro caso patético. La Constituyente será una riña terrible. Y políticas económicas coherentes no se vislumbran, más bien hay fuertes inclinaciones por el intervencionismo, terapia poco o nada aconsejable, pues conforta hoy el populismo con ficticias soluciones para reaparecer mañana como un megaproblema. Las responsabilidades son, por lo tanto, del Gobierno y en última instancia del Presidente comunicador. ¡Por favor, no peguen a la bolsa cuando quieren castigar al burro!

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