Diésel: causas y efectos
Willi Noack
¿Qué sucederá entre el momento en que escribo esta nota (6.1. a las 11 a.m.)
y el domingo 9 de enero (cuando se la publique) como consecuencia del problema
alrededor del diésel? Es justamente esta incertidumbre, el miedo, la convulsión
lo que Bolivia menos precisa para poder convivir en paz social y dedicarse a
producir.
El problema de fondo lo ilustran dos titulares de la prensa nacional. La Prensa
informa sobre la ‘Violencia cruceña: Gobierno identifica a los responsables”.
Pero en el editorial de La Razón señalan las ‘Responsabilidades del Presidente’.
¿Quién o quiénes son entonces el o los responsables? Creo que estamos obligados
a analizar la situación a fondo, y de pronto se evidencia que la responsabilidad
original radica en el Gobierno que es el causante principal de los estallidos
que se producen hoy. Es costumbre golpear a la bolsa en vez de al burro, pues es
fácil y cómodo debatir sobre los efectos y asuntos de menor incidencia evitando
buscar identificar a los autores que nos han causado los enfrentamientos
actuales y venideros.
“Es necesario un remezón dentro del Poder Ejecutivo para tratar con premura y
acierto el futuro del gas, como la toma de tierras y sus peligrosas
consecuencias, las autonomías regionales y la necesidad de una política
económica que no se vislumbra.” (Citando La Razón). Lo que se pide en este
editorial apunta al origen y meollo de nuestros actuales problemas: necesitamos
buenas reglas (léase: leyes) sobre los temas controvertidos pero de vital
importancia para la supervivencia de Bolivia. Como no existen, sino vacíos
legales, estas lagunas vacías se llenan con acciones muchas veces violentas,
delante de la ausencia de una regla clara, visionaria, acertada, racional,
socialmente justa.
Por no haber tenido un gobernante firme que decreta no obstante protestas, lo
que por razones incuestionables y económicas era necesario, tenemos hoy un
desastre social que hubiese sido evitable. Léase: si los precios de los
hidrocarburos se hubiesen incrementado según las necesidades dictadas por los
mercados, es decir en minúscula proporción imponiendo la lógica económica, no
hubiera sido necesario decretar un gasolinazo con la consecuencia de un tarifazo,
sin contar las pérdidas por paros y destrucciones. Un ejemplo generalmente
aceptado es la manera cómo se devalúa nuestra moneda.
Queda claro: al inicio está el desgobierno, que cedió y cedió y ojalá deje de
ceder ante la menor oposición callejera, y que más bien decrete con mano firme
lo que el raciocinio y los principios del libre mercado exigen, buscando
justicia social.
El diésel es solamente un botón del desgobierno. Otros ejemplos son: en estos
días se produjeron violentos actos por la tenencia de las tierras. El gas es
otro caso patético. La Constituyente será una riña terrible. Y políticas
económicas coherentes no se vislumbran, más bien hay fuertes inclinaciones por
el intervencionismo, terapia poco o nada aconsejable, pues conforta hoy el
populismo con ficticias soluciones para reaparecer mañana como un megaproblema.
Las responsabilidades son, por lo tanto, del Gobierno y en última instancia del
Presidente comunicador. ¡Por favor, no peguen a la bolsa cuando quieren castigar
al burro!
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