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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 09, Enero de 2005

../images/blanco.gifZafarrancho a la vista



Paulovich ®®La noticia de perfil

En días pasados, uno de mis colegas gremialistas, que es mi socio en el negocio de venta de dinamita, me invitó a una importante reunión que se celebró en El Alto convocada por su compadre Abel Mamani, presidente de la Federación de Juntas Vecinales de esa ciudad, manifestándome que se trataba de un ‘acto cívico’ que podría convenir a nuestro explosivo negocio.
Tuve que llevarlo en mi motocicleta y allí me encontré con gil y mil, que no es lo mismo que miles de giles, pues allí se hallaban dirigentes de muchas agrupaciones alteñas y otra paceñas, además de algunos dirigentes de la Central Obrera Boliviana, y después de varios discursos variopintos se procedió a la firma de un pacto para realizar el ‘paro cívico indefinido’ que comenzará mañana.
Como todos firmaron un pacto, yo también me adherí y quise imprimir en el documento una impresión digital explicándoles que no sabía escribir a pesar de ser periodista, y que era mi mujer quien escribía mis crónicas diarias. Una cholita muy marisabidilla puso en duda ese hecho y procedió a extraer de mi dedo pulgar unas gotas de sangre para que firmara con ella mi adhesión al zafarrancho, y dijo a los concurrentes que todos deberían hacer lo mismo porque se trataba de un pacto de sangre, llenando entre muchos un vaso de sangre que más parecía un bloody mary, aunque faltaba el vodka.
Fue un acto emocionante y patriótico y casi lloré al ver el documento suscrito con sangre de mestizos, aunque nadie me pudo explicar qué significaba un paro cívico indefinido pues unos me dijeron que lo de indefinido quería decir que podría durar indefinidamente, mientras otros me aclararon que era paro indefinido porque no estaban definidos los motivos del mismo.
Alguno de los dirigentes me preguntó si me adherí al paro cívico en mi calidad de periodista o como comerciante en dinamita, a lo que respondí: “Mi personalidad no se puede dividir ni separar, estoy con ustedes como periodista y también como gerente de ventas de la Compañía Dinamitera ‘Teresa de Calcuta1’, ponderando a continuación las bondades de mi producto y la conveniencia de contar con mi dinamita en un evento cívico como es el paro general e indefinido que comenzará mañana, finalizando mi explicación con la entrega de mis tarjetas a los dirigentes que allí se encontraban y que se interesaron por mi mercadería.
Reconocí a muchos dirigentes que suscribieron el pacto de sangre y allí estuvieron representantes de los siete sectores de la Fejuve, Central Obrera Boliviana, Universidad de El Alto, transporte pesado, transporte interprovincial, Federación de Campesinos de La Paz, Federación de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, microempresarios, y muchísimos compañeros gremialistas.
Cuando quise conocer las peticiones que nos obligaron al paro general, el mozo de un comedor alteño me dijo: “Éste es el menú: salida de la empresa Aguas del Illimani, instalación de gas a domicilio por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, creación de fuentes de trabajo para los alteños, juicio a Gonzalo Sánchez de Lozada, aprobación de la nueva Ley de Hidrocarburos, derogación del Decreto que aumentó el precio de algunos carburantes, etc., etc., etc. Un menú variado y sustancioso. Conclusión: todo está listo para el zafarrancho.

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