Zafarrancho a la vista
Paulovich ®®La noticia de perfil
En días pasados, uno de mis colegas gremialistas, que es mi socio en el
negocio de venta de dinamita, me invitó a una importante reunión que se celebró
en El Alto convocada por su compadre Abel Mamani, presidente de la Federación de
Juntas Vecinales de esa ciudad, manifestándome que se trataba de un ‘acto
cívico’ que podría convenir a nuestro explosivo negocio.
Tuve que llevarlo en mi motocicleta y allí me encontré con gil y mil, que no es
lo mismo que miles de giles, pues allí se hallaban dirigentes de muchas
agrupaciones alteñas y otra paceñas, además de algunos dirigentes de la Central
Obrera Boliviana, y después de varios discursos variopintos se procedió a la
firma de un pacto para realizar el ‘paro cívico indefinido’ que comenzará
mañana.
Como todos firmaron un pacto, yo también me adherí y quise imprimir en el
documento una impresión digital explicándoles que no sabía escribir a pesar de
ser periodista, y que era mi mujer quien escribía mis crónicas diarias. Una
cholita muy marisabidilla puso en duda ese hecho y procedió a extraer de mi dedo
pulgar unas gotas de sangre para que firmara con ella mi adhesión al
zafarrancho, y dijo a los concurrentes que todos deberían hacer lo mismo porque
se trataba de un pacto de sangre, llenando entre muchos un vaso de sangre que
más parecía un bloody mary, aunque faltaba el vodka.
Fue un acto emocionante y patriótico y casi lloré al ver el documento suscrito
con sangre de mestizos, aunque nadie me pudo explicar qué significaba un paro
cívico indefinido pues unos me dijeron que lo de indefinido quería decir que
podría durar indefinidamente, mientras otros me aclararon que era paro
indefinido porque no estaban definidos los motivos del mismo.
Alguno de los dirigentes me preguntó si me adherí al paro cívico en mi calidad
de periodista o como comerciante en dinamita, a lo que respondí: “Mi
personalidad no se puede dividir ni separar, estoy con ustedes como periodista y
también como gerente de ventas de la Compañía Dinamitera ‘Teresa de Calcuta1’,
ponderando a continuación las bondades de mi producto y la conveniencia de
contar con mi dinamita en un evento cívico como es el paro general e indefinido
que comenzará mañana, finalizando mi explicación con la entrega de mis tarjetas
a los dirigentes que allí se encontraban y que se interesaron por mi mercadería.
Reconocí a muchos dirigentes que suscribieron el pacto de sangre y allí
estuvieron representantes de los siete sectores de la Fejuve, Central Obrera
Boliviana, Universidad de El Alto, transporte pesado, transporte
interprovincial, Federación de Campesinos de La Paz, Federación de Mujeres
Campesinas Bartolina Sisa, microempresarios, y muchísimos compañeros
gremialistas.
Cuando quise conocer las peticiones que nos obligaron al paro general, el mozo
de un comedor alteño me dijo: “Éste es el menú: salida de la empresa Aguas del
Illimani, instalación de gas a domicilio por Yacimientos Petrolíferos Fiscales
Bolivianos, creación de fuentes de trabajo para los alteños, juicio a Gonzalo
Sánchez de Lozada, aprobación de la nueva Ley de Hidrocarburos, derogación del
Decreto que aumentó el precio de algunos carburantes, etc., etc., etc. Un menú
variado y sustancioso. Conclusión: todo está listo para el zafarrancho.
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