Pucará: tierra árida de sólo viejos y niños
Olvido. Al salir bachilleres, los jóvenes dejan hijos y padres, y van a estudiar y trabajar a Santa Cruz, abandonando el pueblo
Darwin Pinto
La virgen de la Purísima, rubiecita y coronada de oro, esperaba a que se haga
de noche para bajarse del altar de la iglesia y huía del pueblo en medio del
frío de estas alturas...Al otro día salíamos a buscarla, y la pillábamos sobre
las piedras de una pampa donde apareció por primera vez. Estaba con una víbora
enrrollada en los pies, con las ojotitas sucias y su vestido de santa mojadito
de sereno...
A Adriana Arteaga, vestida de negro por un luto reciente, le gusta contar la
historia de ese pueblo de ancianos de lazo y machete en mano, de techos viejos y
calles de piedra que acumulan nieve en invierno y donde por la falta de
electricidad y por culpa del único teléfono público que funciona cuando le da la
gana, duermen a las ocho de la noche y nunca pasa nada.
Con 84 años, Adriana Arteaga ha vivido siempre en Pucará, que en lengua quechua
quiere decir fortaleza, pero en castellano no significa nada, sólo el nombre del
pueblo de 700 habitantes que ha perdido más gente en todo Santa Cruz por la
emigración. Según el INE, de cada 100 pobladores, 16 se han ido.
“Como la virgen, hace 20 años que la gente se va, pero se ha agravado desde hace
cinco, cuando la sequía empezó a golpear más en 2004, y la siembra de maíz,
trigo y papa, que son los principales cultivos, decayeron y los precios bajaron
en Vallegrande y Santa Cruz”.
En el pueblo, de republicanas casitas de adobe, sólo se escucha el viento frío
que baja desde los cerros sobre calles de piedra (no hay alcantarillado por
culpa de la piedra y tampoco cimientos en las casas), y se pierde en la plaza 8
de Diciembre (fiesta patronal de la virgen) en la sequedad quebradiza de los
pinos muertos por una plaga que nadie sabe qué se llama, de dónde vino, ni cómo
llegó. Fue como una señal: vino y apagó el olor a lluvia que tenían los pinos y
Pucará se puso más triste que nunca.
“La carencia obliga a que los bachilleres (hay una escuela y un colegio) se
vayan a Santa Cruz. Acá quedan los viejos y los niños”, dice la hermana de doña
Adriana, otra sólida y enlutada mujer de 70 años.
“Hace tres años me fui a estudiar y cuando vuelvo, esto anda igual”, dice Ovidio
Terrazas (23). Un aura azul cae sobre los cerros por donde estuvo el Che hace 38
años.
-¿Y la virgen al fin se quedó?
Adriana Arteaga contesta con voz clara y mirada de mujer que ha amado demasiado.
-Se quedó cuando mejoramos el templo. Pero hace poco la encontramos sin
cabellos, sin ropa y sin su corona de oro. Yo le dije: “Mamita, ¿por qué te
dejaste hacer eso?, ¿cómo defendiste a tu hijo y no te defendiste vos misma?”...
¿y sabe que hizo ella entonces?....
-No
- Se me quedó mirando...
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