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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 09, Enero de 2005

../20050109/images/in4.jpgLa ‘negación’ de lo natural en Occidente


Realidad. Una sobreviviente india del tsunami habla consigo misma tratando de comprender qué le sucedió a su barrio de pescadores en Nagapattinam


AFP. París

La dificultad de aceptar lo natural en las sociedades occidentales ha quedado en evidencia, paradójicamente, por el maremoto que asoló el sur de Asia, y que es percibido por los occidentales como un acontecimiento ‘no natural’, estiman filósofos.
"Más allá del espantoso drama, se percibe un trastocamiento de los valores muy sorprendente", señaló Bernard Salignon, profesor de Filosofía y Psicoanálisis de la Facultad de Montpellier (sur de Francia). La paradoja es que "un tsunami aparece como no natural, cuando una guerra, que podría evitarse, se considera natural".
"Esto me hace pensar en Heidegger, que evoca nuestra voluntad científica y tecnológica de controlar la tierra. Cuando el hombre percibe una falla en ese control, en vez asumirla y dar a la tierra -o al mar- lo que le pertenece, niega lo ocurrido. Niega lo natural", explica Salignon.
El filósofo Paul Virilio evoca también "la confusión de lo natural y de lo artificial que prevalece en nuestra sociedad racionalizada. La ciencia, a raíz de su éxito -incluso en el dominio militar-, se iguala a la potencia de los fenómenos geofísicos. Esta falta de humildad es sumamente preocupante para el porvenir".
Virilio señala ‘el ejemplo aberrante’ dado por los especialistas después del sismo. Se dijo que ese acontecimiento era comparable a la energía de 30.000 bombas atómicas. “Es increíble tal ejemplo. Demuestra hasta qué punto una catástrofe natural puede ser referida a otra, sea ésta artificial o militar", afirmó.
Ambos filósofos evocan la pérdida de ‘la dimensión simbólica’ en nuestras sociedades. Bernard Salignon señala que el tsunami "queda fuera de lo simbólico y del lenguaje" y "como el lenguaje es imposible de medir, se colma con imágenes esa imposibilidad de decir y de pensar".
"El mundo moderno, secularizado y globalizado, se ha desacostumbrado al lenguaje simbólico, y por ende a sus referencias a los grandes misterios, a los grandes enigmas, a los grandes mitos, como el del diluvio", sostiene Virilio.
El filósofo agrega: "una sociedad que tiene una visión simbólica, religiosa, está preparada para hacer frente a acontecimientos de esta naturaleza a través de un mea culpa comunitario, el de la iglesia, el del culto".
"En cambio, en una sociedad 'racionalizada' la búsqueda del porqué se convierte en búsqueda de un responsable político.
Y en este campo, las consecuencias pueden ser temibles. Se cuestionará la falta de sistema de alerta, la falta de coordinación, de prevención.
Las grandes catástrofes llevan a grandes acusaciones inevitablemente", asegura.

“¿Cómo permite Dios que suceda una cosa así?”

Frente a la catástrofe resurge la pregunta sobre Dios: "¿Cómo puede permitir algo así?" Es la ‘pregunta de la teodicia’, clave en teología, con la que los estudiosos de la religión buscan una explicación plausible para tantas fuentes de sufrimiento.
Para el padre Eberhard von Gemmingen, de Radio Vaticano, "las catástrofes nos recuerdan que no podemos mirar las cartas de Dios, que su accionar es a veces un secreto doloroso."
Sequía y guerras pueden endilgarse a intervenciones humanas, pero los terremotos no tienen culpables y resulta difícil recurrir al ‘pecado original’ en busca de una explicación.
El apocalipsis en Asia es un hecho geológico causado por el movimiento de placas tectónicas, sin culpas humanas.
La pregunta ya la generó Jesús, al predicar que el mal era un desafío a la fe en la justicia de Dios y en la reivindicación del paraíso. La creencia en una vida después de la muerte se convierte así en consuelo. Pero, según Von Gemmingen, aún así, “sólo podemos confiar en que detrás hay un sentido, que conoceremos un día. Pero hoy seguiremos en la oscuridad."

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