Se mantiene el peligro de epidemias en Asia
Situación. Una niña tailandesa juega en un campo de acogida para familias que perdieron sus casas hace dos semanas
DPA. N. Delhi/Colombo
Desastre. En campos de desplazados en la India surgieron
los primeros brotes de sarampión y varicela entre los niños. La cifra oficial de
fallecidos subió a 154.026 de los cuales 104.055 eran habitantes de Indonesia
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India
Dos semanas después del destructivo maremoto que asoló el sur
de Asia, el peligro de epidemias todavía no fue conjurado en las zonas
afectadas.
Según la Organización Mundial de la Salud, en los campos de acogida en el sur de
la India, pese a las extensas medidas inmunológicas aplicadas, aparecieron los
primeros casos ‘esporádicos’ de sarampión y varicela entre niños. El Ministerio
de Salud del país reconoció que el gobierno está ‘alarmado’.
En Indonesia, el Ministerio de Asuntos Sociales informó ayer de que la cifra
confirmada de muertos en el país ascendió a 104.055 personas, la gran mayoría de
ellos en la provincia de Aceh. Además, 10.070 siguen desaparecidas y 655.132 se
quedaron sin hogar.
Según las cifras oficiales, el maremoto y los tsunamis provocaron la muerte de
al menos 154.026 personas, cifra que podría aumentar hasta los 200.000, según la
ONU.
La organización, a través de su Oficina de Coordinación de Ayuda Humanitaria en
Ginebra, se refirió a 18.000 personas que aún están desaparecidas.
El balance en Indonesia podría subir a 114.000 muertos. En Sri Lanka se han
contabilizado 30.615 muertos y se teme que sean al menos 40.000. En la India hay
9. 995 muertos confirmados y la cifra podría alcanzar los 15.676.
En Tailandia los 5.921 muertos confirmados podrían ser 10.000 al final del
recuento.
Al menos 411 personas murieron en Somalia, Maldivas, Birmania, Bangladesh y
Kenia.
Indonesia, el país más afectado por el maremoto, necesita $us 2.200 millones
para reconstruir la provincia de Aceh en los próximos cinco años, estima su
propio gobierno.
En Sri Lanka, donde ayer estuvo el secretario general de la ONU, Kofi Annan, de
nuevo se reprodujeron las tensiones entre el gobierno y el grupo rebelde Tigres
de Liberación de Tamil Eelam. Los insurgentes rechazaron la decisión de Colombo
de trasladar los centros de acogida de las víctimas a las regiones bajo control
oficial.
Por otro lado, continúan los esfuerzos por llevar ayuda a las víctimas de esta
tragedia. La ONU abrió ayer en Bangkok un centro de logística para la
coordinación de las medidas militares de ayuda. Once países ya enviaron soldados
a la región, para el rescate y aprovisionamiento de las víctimas.
El Gobierno español anunció el envío de 650 militares que se centrará en
Indonesia. Rusia envió a Tailandia e Indonesia dos aviones con 130 toneladas de
ayuda humanitaria, aseguró el Ministerio de Defensa.
Los siete países más industrializados del mundo acordaron una moratoria de la
deuda externa para los países afectados por el maremoto, dijo el ministro de
Finanzas británico, Gordon Brown, quien aseguró que la iniciativa ahorrará a los
países asolados unos $us 5.600 millones al año.
Cuatro retos con relación a
los niños
Mantener vivos a los cientos de miles de niños supervivientes
del maremoto es la principal tarea para el mundo, según Carol Bellamy, directora
ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
Bellamy indicó que, según los cálculos de la organización, alrededor de un
tercio de las víctimas han sido niños.
"Dada la edad de la población, que es joven -entre un 30% y un 40% es menor de
18 años-, y debido a que los niños son débiles, menos capaces de correr o de
sujetarse, creemos que un tercio de las víctimas son niños, si no más", declaró.
Sin embargo, el reto ahora son los niños y adolescentes supervivientes, que
pueden ser casi un millón y medio.
Bellamy cifró en cuatro los desafíos de Unicef y los gobiernos de los países
afectados en relación a los niños: el primero de todos ‘mantenerlos vivos’ ante
el riesgo de brotes de enfermedades. El segundo es el de ‘identificar’ a los
niños supervivientes y reunirlos con sus familiares. La tercera misión es ‘que
las escuelas vuelvan a funcionar’. El cuarto desafío es el de "garantizar que,
en este caos y en todo este desastre, los niños, que son los más vulnerables,
están protegidos contra posibles explotaciones".
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