Se baraja un nuevo mapa geopolítico
Despliegue. Un SeaHawk de la marina de EEUU reparte ayuda entre sobrevivientes de Calang (Aceh, Sumatra) sin tocar tierra. Otros 100 aparatos hacen lo mismo
Agencias. Washington/París
Desastre. EEUU busca mejorar su imagen entre los países
musulmanes del sudeste de Asia. Europa desea participar en la reconstrucción.
India se planta como potencia regional y apunta al Consejo de Seguridad
Antes del maremoto, resultaba impensable ver un avión de
transporte estadounidense aterrizando en las costas indonesias o a decenas de
marines cooperando codo a codo con militares de ese país, que tiene el mayor
número de musulmanes del mundo.
Imprevisto y devastador, el maremoto en Asia tendrá como consecuencia de fondo
una redistribución del juego de la geopolítica en el que Estados Unidos e India
mostraron rápidamente sus nuevas cartas: Washington intenta mejorar a través de
su extensa ayuda la imagen entre los musulmanes y Nueva Delhi reafirma su
carácter de potencia regional y sus pretensiones de entrar en el Consejo de
Seguridad de la ONU.
"Aún es muy pronto para decir si EEUU mejoró su imagen. Lo que sí se puede
afirmar es que comprendió rápidamente que era necesario pasar por la ONU y que
la acción inmediata de sus militares era un recurso muy eficaz", explicó el
especialista Jean-Luc Racine, del Centro de Estudios de India y el sur de Asia
del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica de Francia).
La ‘guerra contra el terrorismo’ lanzada por Estados Unidos después de los
atentados del 11 de septiembre de 2001 impuso en el mundo una mecánica de
violencia.
Pero en este contexto, la tragedia en el sur de Asia fue interpretada por
Washington como una oportunidad impensada de recuperar terreno político en el
mundo musulmán. Indonesia, el país más afectado por el maremoto, tiene la mayor
población islámica del planeta.
Para EEUU, que desde abril del año pasado está pagando el precio de su
intervención en Irak, era importante mostrar -en particular al mundo musulmán-
la imagen de sus helicópteros en otra función. Esta vez, sobrevolando la región
más afectada por el sismo en el norte de la isla de Sumatra y lanzando botellas
de agua a una población diezmada.
Con apoyo de sus bases en Japón y Corea del Sur, "EEUU está en capacidad de
movilizar rápidamente sus medios militares para responder a las situaciones
humanitarias o estratégicas en Asia", destacó Derek Mitchell, del Centro de
Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington.
Desde hace una semana, EEUU emplea al menos un portaaviones, 13.000 hombres y
más de un centenar de aeronaves en un puente aéreo para la distribución de ayuda
humanitaria para los sobrevivientes en la isla indonesia de Sumatra, además de
las zonas afectadas en Tailandia y Sri Lanka.
Estas tropas, que cumplen la mayor operación en Asia después de la guerra de
Vietnam, podrían instalarse en la zona por al menos seis meses.
La administración Bush, y antes la propia prensa estadounidense como el diario
Los Angeles Times, señalaron que una ayuda rápida y generosa es la mejor
propaganda que puede hacerse la Casa Blanca en los tiempos que corren.
"Si la situación es bien manejada, podría conducir a una mejora de las
relaciones militares en la región", señaló Robert Sutter, especialista en Asia
de la Universidad Georgetown de Washington.
Pero para que ello ocurra "el mensaje que EEUU debe transmitir es que la
presencia militar no apunta sólo a perseguir terroristas", agregó.
"Hay que destacar la voluntad inicial de Bush de crear un instrumento
circunstancial, al que llamó erróneamente 'coalición humanitaria', en un eco de
la ‘coalición de países voluntarios’ con la que emprendió la invasión de Irak.
El hecho de que esa coalición haya durado sólo ocho días y que Washington se
haya plegado a la ONU también es importante", señaló Racine, al explicar la
actitud de EEUU apenas ocurrido el maremoto y en la cumbre de Yakarta del
jueves.
La reacción de EEUU tiene un especial interés por su necesidad urgente de
"probar al mundo que una superpotencia puede ser generosa", como dijo el diario
francés Le Monde.
Esto cobra valor en el inicio de un año en el que se discutirá a fondo el
alcance de la perseguida reforma de los diferentes cuerpos de la ONU, la
Asamblea General y el peso de sus resoluciones, y el Consejo de Seguridad, en el
que el poder de veto de EEUU, Francia, Reino Unido, China y Rusia están en la
mira.
La Unión Europea (UE), en cambio, ‘no dio lugar a sorpresas’ y actuó como lo ha
venido haciendo ante este tipo de tragedias.
"Europa siempre está muy presente con programas de cooperación, de desarrollo y
ayuda. La UE dispone de una buena estructura para intervenir en estos casos de
emegencia", recordó Racine.
Sin embargo, existe un punto de interés a mediano plazo que comparten
estadounidenses y europeos: los miles de millones de dólares en inversiones que
necesitarán los países afectados en las costas del sudeste de Asia para
reconstruir su infraestructura.
En ese sentido, "la cuestión de la competencia por el mercado de la
reconstrucción será diferente a Irak", ya que esta vez los países europeos no
podrán ser ‘marginados’, explicó el analista francés.
Después de la invasión de Irak, EEUU excluyó de la asignación de contratos de
reconstrucción de la infraestructura iraquí a países como Francia, Alemania y
Rusia, que le plantearon una oposición política a la acción militar contra el
Gobierno del ex presidente Saddam Hussein
Pero de uno y otro lado del Océano Atlántico se deberá tener en cuenta la
posición de un país que aprovechó el maremoto del 26 de diciembre para reafirmar
su papel de líder regional y sus pretensiones de obtener un asiento permanente
en el Consejo de Seguridad de la ONU: India.
Nueva Delhi, que registró al menos 16.000 muertos, rehusó de inmediato la ayuda
internacional e incluso tendió la mano a Sri Lanka, Indonesia, Maldivas y
Tailandia, sus vecinos con mayores problemas a raíz de la catástrofe.
"India demostró que es la gran potencia regional, con un radio de influencia que
abarca todo el Océano Índico desde los países del Golfo hasta el sudeste de
Asia. Nueva Delhi jugó quizás demasiado la carta nacionalista, pero la tragedia
le permitió mostrar su nuevo rango", estimó Racine.
El país que durante la Guerra Fría buscó la protección de Moscú, sin llegar
nunca a ser un verdadero aliado, ahora combina una posición balanceada entre el
respeto al liderazgo de EEUU, su relación privilegiada con Rusia y su visión
multilateralista.
En ese marco, sus ambiciones en la ONU no son más que una forma de obtener un
reconocimiento a su nuevo peso en el tablero geopolítico.
Las promesas de ayuda y el
futuro
El maremoto generó un alud de promesas de donaciones para las
víctimas, pero las organizaciones humanitarias se interrogan cuántas serán
cumplidas, y cuándo esa ayuda llegará.
Los $us 4.000 millones prometidos por los gobiernos a los afectados duplican
ampliamente los 1.700 millones que las Naciones Unidas requiere este año para
hacer frente a las demás crisis humanitarias en el mundo.
Pero rara vez la ONU recibe la totalidad de las sumas que le son ofrecidas.
"Nos llegan cartas o comunicados de prensa de un Gobierno, anunciando que el
país está dispuesto a dar una suma de dinero", explica Elisabeth Byrs, vocera de
la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCAH), en Ginebra.
"Pero eso debe concretarse después en efectivo", añade.
Un año antes del maremoto de diciembre, un sismo en Irán (31.000 muertos, 75.000
desplazados) también conmocionó y movilizó a la comunidad internacional,
generando promesas de donaciones por $us 115 millones. Pero la ONU sólo ha
recibido $us 17 millones, poco más de la mitad de los 33 millones que pidió.
En la cumbre del jueves en Jakarta, el secretario general de la ONU, Kofi Annan,
cifró en $us 977 millones las necesidades para los seis próximos meses de los
países devastados por el maremoto. Pese a que hay promesas de ayudas públicas
por 4.000 millones, Annan instó a los países donantes a mantener su solidaridad
a largo plazo, cuando la tragedia asiática salga de los titulares.
Para la federación de la Cruz Roja, la amplitud del desastre en el Índico, que
afectó a once países con diferentes niveles de desarrollo, complica la
evaluación de las necesidades.
"La situación cambia sin cesar. Estamos confrontados a entornos muy diferentes",
subraya Susan Johnson, directora de operaciones de la entidad.
Otros datos
FMI: $us 1.000 millones.
Australia: $us 750 millones (estatal).
Alemania: $us 650 millones (estatal); $us 430 millones (privado).
Banco Asiático de Desarrollo: $us 500 millones.
Japón: $us 500 millones.
Estados Unidos: $us 350 millones (estatal); $us 200 millones (privado).
Banco Mundial: $us 250 millones.
Noruega: $us 170 millones (estatal); $us 60 millones (privado).
Reino Unido: $us 91 millones (estatal); $us 185 millones (privado).
Italia: $us 91 millones (estatal); $us 52 millones (privado).
Dinamarca: $us 73 millones (estatal); $us 17 millones (privado).
Francia: $us 72 millones (estatal); unos $us 85 millones de fondos privados.
Suecia: $us 72 millones (estatal); $us 52 millones en dineros privados.
España: $us 69 millones.
México: $us 1,1 millones (estatal); $us 2,1 millones en donaciones privadas.
Arabia Saudita: $us 30 millones (estatal); $us 82 millones (privado).
Canadá: $us 67 millones.
China: $us 63 millones.
Taiwán: $us 50 millones.
|