Botafogo. El dolor en carne propia
El bluesero se suma a las muestras de angustia por el dolor que embarga al pueblo argentino. La
discoteca República de Cromañón significó el final de casi 200 vidas durante una de las tragedias
más desgraciadas de la historia del vecino país. Envió una carta para hacer escuchar su voz
Miguel Botafogo. Escenas
Estamos consternados por el luctuoso resultado de lo que debía ser una fiesta
el 30/12/04 en República de Cromañón". ¡Qué premonitorio el nombre "Cromañón"!
Cromañón fue el nombre dado a un hombre primitivo, apenas un escalón por encima
de la bestialidad.
No queremos que este tipo de desgracias provocadas vuelva a suceder. Debemos
hacernos cargo todos y cada uno de nosotros de lo que podemos provocar en la
gente, en nuestra sociedad. Somos nosotros los músicos los que convocamos a
miles de personas de todas las edades y de todos los estratos sociales.
Nosotros, que, en definitiva, somos líderes, y que nos convertimos en ejemplos a
seguir hagamos trascender la cultura de la paz, de la honestidad, del amor.
Si no hacemos algo para cambiar las cosas, tal como están viniendo, nos
convertiremos en cómplices de los empresarios inescrupulosos, de los
funcionarios "coimeros", y de algunos inadaptados que vienen a nuestros
recitales a descargar su agresión con pirotecnias. ¡Ah!, y hablando de
pirotecnia ¿quienes son esos seres todopoderosos, intocables, fabricantes de
pirotecnia que desde hace décadas provocan quemaduras, amputaciones, etc., a
miles de personas?
No queremos llorar a nuestros compañeros músicos agredidos. No queremos llorar a
nuestros padres, madres, hermanos, hijos, amigos, fans que con su orgullo y
candor vienen a vernos.
Estamos hoy aquí, haciéndonos cargo de lo que nos toca también a nosotros.
Nosotros que, conocemos y, tácitamente, aceptamos esta situación, prestándonos a
ser uno de los engranajes de esta destructiva cadena. En algún momento tenemos
que romperla. Seamos nosotros los que, defendiendo nuestros ideales de paz y
armonía, nuestra integridad física y espiritual, nuestro trabajo, nuestra música
(ese maravilloso don y regalo que puso en nuestras manos el universo), digamos
BASTA.
Exijamos a los empresarios que pongan los locales en las condiciones debidas,
con varias puertas que se abran fácilmente para desalojar los locales. Exijamos
que haya suficiente cantidad de extinguidores que funcionen. Exijamos luces
ignífugas que indiquen las salidas de emergencia, entregar un programa como en
los aviones con las instrucciones en caso de incendio. Exijamos que no haya
sobreventa de entradas. Exijamos que no se permita el acceso de menores sin el
acompañamiento de un adulto responsable.
Exijamos de nuestros funcionarios que ejerzan honorablemente su deber de
controlar y clausurar los locales donde las reglamentaciones no se cumplan y
exigir el estricto cumplimiento de las reglamentaciones.
Unámonos todos por el bien de nuestra sociedad y de nosotros mismos y llevemos
adelante esta cruzada ante nuestras autoridades para que éstas tomen parte
activa y responsable en el control de este fabuloso negocio que representan
nuestros recitales. Negocio para los empresarios inescrupulosos y los
funcionarios ‘coimeros’ pero también para nosotros. Es nuestro medio de
expresión y de vida. Que no se convierta en nuestro medio de desesperanza y
muerte.
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