Amargo mar es, sin duda, una de las producciones más
representativas de la cinematografía nacional. Dos décadas han pasado desde que
Antonio Eguino hizo película la historia de la Guerra del Pacífico. Con este
filme, el director se consagró como uno de los referentes del cine en nacional.
Su nombre quedó en la historia y pocos esperaban que el cineasta retome la
producción. Sin embargo, el 2005 marca el regreso del realizador que tiene
previsto un nuevo proyecto que comenzará a rodar a finales de febrero en el
salar de Uyuni.
Los Andes no creen en Dios es el nombre de esta nueva producción
cinematográfica. El guión, escrito por Eguino, está basado en la obra de Adolfo
Costa du Rels. “Es una linda adaptación de la literatura minera desarrollada por
este destacado autor nacional”, menciona. La historia se teje en torno a una
serie de personajes que viven en un pueblo minero en los años 20 del siglo
pasado. Allí se desata una aventura. “Como todo pueblo de aventura, es casi un
western”, define Eguino. “Es un pueblo al que llegan toda clase de personajes en
busca de riqueza, de descubrimiento de minas, de hacer fortuna rápida”, relata.
Añade que es una historia de pasiones, ambiciones, ilusiones y frustraciones.
Uyuni es el escenario principal elegido por Eguino para rodar la película. En
esta como en anteriores producciones el cineasta realizará un gran despliegue
técnico y humano. "Es una producción bastante compleja. Estamos reconstruyendo
dos trenes a vapor en Uyuni. Esto es una proeza. Uno de ellos está casi listo",
asegura. Para restaurar las locomotoras el cineasta ha contratado a veteranos y
jubilados que trabajaron en la estación ferroviaria y conocen la mecánica de
estas máquinas. “Esos saberes solamente ellos los tienen”, confía.
Además de la reconstrucción de los trenes, la película recreará algunos
escenarios para el rodaje, según indica Eguino. “Son escenarios que requieren de
mucho movimiento de gente y de actores. Es más cómodo para la producción
trabajar en un ambiente propio en el que se puede controlar los elementos lo que
no sucede en escenarios naturales en los que hay obstáculos con el sonido, el
tiempo y a veces también el espacio”, explica.
Al igual que sus anteriores películas, Los andes no creen en Dios es un proyecto
ambicioso que según los cálculos de Eguino ronda los $us 600.000. El proyecto
cuenta con el apoyo del Conacine y de Ibermedia para poder financiar la
producción. Es una coproducción con Chile y Perú.
Sus expectativas son grandes al igual que su entusiasmo. “Espero que sea una
película fuerte, pues lo que pretende es hacer un análisis sobre lo que ha sido
la actividad minera en el país. Es también un homenaje a hombres y mujeres que
han entregado sus vidas a esta actividad”, agrega.
Según los planes del director de Chquiago, tres meses (de febrero a abril)
necesarios para el rodaje.
Un proyecto que data de una
década
Una década tuvo que esperar Antonio Eguino para concretar el
proyecto que se comienza a consolidar este año. Las circunstancias de la vivida
impidieron que logre rodar la película Los Andes no creen en Dios. La idea se
comenzó a gestar entre 1993 y 1994. En esa época Eguino realizó el primer
borrador del guión basado en la literatura de Adolfo Costa du Rels. Para el año
96 tenía casi todo listo. Sin embargo, algunos inconventientes personales
impidieron que su sueño se haga realidad y tuvo que dejar de lado la producción.
“Estaba a punto de lanzarme cuando a mi esposa le diagnosticaron un cáncer
terminal”, relata con pesar. Desde ese entonces el proyecto quedó congelado. Su
esposa falleció tres años después, en 1999.
Después de aquella pérdida Eguino ocupó cargos institucionales. Estuvo al frente
del Viceministerio de Cultura en el 2003 y luego asumió la dirección del Consejo
Nacional del Cine (Conacine).
Pero al fin encontró el momento propicio para concretar su plan. Revisó el guión
escrito en el 96 y realizó algunos ajustes a la estructura. “Es una versión más
trabajada. Con el paso del tiempo noté que había aspectos que se podían
mejorar”, manifiesta.
De esta manera comenzó a buscar el financiamiento para emprender su labor
cinematográfica. Con esta producción aspira a llegar al público nacional y
lograr, como con sus anteriores filmes, ingresar en circuitos internacionales.
Los protagonistas
Milton Cortez.
Éste es el boleto de regreso del actor boliviano al cine nacional. Fue parte del
elenco de Los pioneros e interpretó el papel de Grigotá en Jonás y la ballena
rosada. Actualmente se dedica a la música. Algunas de sus canciones serán parte
del filme de Antonio Eguino.
Diego Bertie.
El actor peruano regresa a la pantalla boliviana. Participó en El Atraco, el
filme de Paolo Agazzi en el papel del policía que debía descubrir a los
atracadores. Esta vez vuelve a trabajar con actores bolivianos. Su retorno está
marcado por un rol protagónico dentro de la cinta de Eguino.
Jorge Ortiz. Es
una de las figuras actorales más solicitadas para los filmes bolivianos y esta
no es la excepción. La última película en la que participó fue la de Paolo
Agazzi, El atraco.
Regresa en este proyecto para interpretar el papel de un forajido ladrón.
Cárdenas es el apellido de su personaje.
Carla Ortiz. La
actriz cochabambina ha trabajado en telenovelas mexicanas. También tiene
experiencia dentro del cine. Actuó en una producción estadounidense denominada
Shut up and shoot, estuvo ligada también a una producción francesa. Esta es su
primera experiencia en el cine nacional. Tendrá un papel protagónico.
Antonio Eguino / Director de cine
Un hombre con éxito en la
taquilla
Antonio Eguino
comienza a recorrer su propio camino como realizador filmando el cortometraje
documental titulado Basta, referido a la nacionalización de la Gulf Oil Co.
Su primer largometraje lo realiza en 1974. El filme, denominado Pueblo Chico,
contiene una dolorosa visión lindante con el pesimismo. De esta manera Eguino va
marcando una característica en su filmografía y que aflora dentro de esta
historia.
Tres años más tarde, en 1977, el realizador trabaja en otro proyecto. Entonces
filma y estrena su segundo largometraje: Chuquiago, otra de las piezas clave del
cine boliviano. El filme es un retrato de la ciudad de La Paz, a través de
cuatro historias que traducen el escalonamiento social de sus habitantes. La
película forma parte de la nueva corriente del ‘cine posible’ vigente en el cine
latinoamericano, según la cual, es preciso hacer obras que sin renunciar a su
acento crítico, puedan exhibirse en países afectados por severas restricciones
políticas.
Demostrando la validez de la propuesta, Chuquiago se convierte en un notable
éxito de público, siendo la película de mayor recaudación en el año y una de las
de mayor acceso de público en la historia del cine nacional. También en el
exterior fue acogida con gran interés en diversos festivales.
En 1984, Antonio Eguino concreta su vieja aspiración de hacer una película
referida a los acontecimientos de la Guerra del Pacífico de 1879. El resultado
se denominó Amargo Mar. Una cinta casi documental.