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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 09, Enero de 2005

../20050109/images/es6.jpgEguino regresa después de 21 años


Superproducción. El salar de Uyuni es el escenario principal elegido por el cineasta. Invertirá $us 600.000 en la cinta.


Romy Chávez P.

Amargo mar es, sin duda, una de las producciones más representativas de la cinematografía nacional. Dos décadas han pasado desde que Antonio Eguino hizo película la historia de la Guerra del Pacífico. Con este filme, el director se consagró como uno de los referentes del cine en nacional. Su nombre quedó en la historia y pocos esperaban que el cineasta retome la producción. Sin embargo, el 2005 marca el regreso del realizador que tiene previsto un nuevo proyecto que comenzará a rodar a finales de febrero en el salar de Uyuni.
Los Andes no creen en Dios es el nombre de esta nueva producción cinematográfica. El guión, escrito por Eguino, está basado en la obra de Adolfo Costa du Rels. “Es una linda adaptación de la literatura minera desarrollada por este destacado autor nacional”, menciona. La historia se teje en torno a una serie de personajes que viven en un pueblo minero en los años 20 del siglo pasado. Allí se desata una aventura. “Como todo pueblo de aventura, es casi un western”, define Eguino. “Es un pueblo al que llegan toda clase de personajes en busca de riqueza, de descubrimiento de minas, de hacer fortuna rápida”, relata. Añade que es una historia de pasiones, ambiciones, ilusiones y frustraciones.
Uyuni es el escenario principal elegido por Eguino para rodar la película. En esta como en anteriores producciones el cineasta realizará un gran despliegue técnico y humano. "Es una producción bastante compleja. Estamos reconstruyendo dos trenes a vapor en Uyuni. Esto es una proeza. Uno de ellos está casi listo", asegura. Para restaurar las locomotoras el cineasta ha contratado a veteranos y jubilados que trabajaron en la estación ferroviaria y conocen la mecánica de estas máquinas. “Esos saberes solamente ellos los tienen”, confía.
Además de la reconstrucción de los trenes, la película recreará algunos escenarios para el rodaje, según indica Eguino. “Son escenarios que requieren de mucho movimiento de gente y de actores. Es más cómodo para la producción trabajar en un ambiente propio en el que se puede controlar los elementos lo que no sucede en escenarios naturales en los que hay obstáculos con el sonido, el tiempo y a veces también el espacio”, explica.
Al igual que sus anteriores películas, Los andes no creen en Dios es un proyecto ambicioso que según los cálculos de Eguino ronda los $us 600.000. El proyecto cuenta con el apoyo del Conacine y de Ibermedia para poder financiar la producción. Es una coproducción con Chile y Perú.
Sus expectativas son grandes al igual que su entusiasmo. “Espero que sea una película fuerte, pues lo que pretende es hacer un análisis sobre lo que ha sido la actividad minera en el país. Es también un homenaje a hombres y mujeres que han entregado sus vidas a esta actividad”, agrega.
Según los planes del director de Chquiago, tres meses (de febrero a abril) necesarios para el rodaje.

Un proyecto que data de una década

Una década tuvo que esperar Antonio Eguino para concretar el proyecto que se comienza a consolidar este año. Las circunstancias de la vivida impidieron que logre rodar la película Los Andes no creen en Dios. La idea se comenzó a gestar entre 1993 y 1994. En esa época Eguino realizó el primer borrador del guión basado en la literatura de Adolfo Costa du Rels. Para el año 96 tenía casi todo listo. Sin embargo, algunos inconventientes personales impidieron que su sueño se haga realidad y tuvo que dejar de lado la producción. “Estaba a punto de lanzarme cuando a mi esposa le diagnosticaron un cáncer terminal”, relata con pesar. Desde ese entonces el proyecto quedó congelado. Su esposa falleció tres años después, en 1999.
Después de aquella pérdida Eguino ocupó cargos institucionales. Estuvo al frente del Viceministerio de Cultura en el 2003 y luego asumió la dirección del Consejo Nacional del Cine (Conacine).
Pero al fin encontró el momento propicio para concretar su plan. Revisó el guión escrito en el 96 y realizó algunos ajustes a la estructura. “Es una versión más trabajada. Con el paso del tiempo noté que había aspectos que se podían mejorar”, manifiesta.
De esta manera comenzó a buscar el financiamiento para emprender su labor cinematográfica. Con esta producción aspira a llegar al público nacional y lograr, como con sus anteriores filmes, ingresar en circuitos internacionales.

Los protagonistas

Milton Cortez. Éste es el boleto de regreso del actor boliviano al cine nacional. Fue parte del elenco de Los pioneros e interpretó el papel de Grigotá en Jonás y la ballena rosada. Actualmente se dedica a la música. Algunas de sus canciones serán parte del filme de Antonio Eguino.

Diego Bertie. El actor peruano regresa a la pantalla boliviana. Participó en El Atraco, el filme de Paolo Agazzi en el papel del policía que debía descubrir a los atracadores. Esta vez vuelve a trabajar con actores bolivianos. Su retorno está marcado por un rol protagónico dentro de la cinta de Eguino.

Jorge Ortiz. Es una de las figuras actorales más solicitadas para los filmes bolivianos y esta no es la excepción. La última película en la que participó fue la de Paolo Agazzi, El atraco.
Regresa en este proyecto para interpretar el papel de un forajido ladrón. Cárdenas es el apellido de su personaje.

Carla Ortiz. La actriz cochabambina ha trabajado en telenovelas mexicanas. También tiene experiencia dentro del cine. Actuó en una producción estadounidense denominada Shut up and shoot, estuvo ligada también a una producción francesa. Esta es su primera experiencia en el cine nacional. Tendrá un papel protagónico.

 

Antonio Eguino / Director de cine

Un hombre con éxito en la taquilla

Antonio Eguino comienza a recorrer su propio camino como realizador filmando el cortometraje documental titulado Basta, referido a la nacionalización de la Gulf Oil Co.
Su primer largometraje lo realiza en 1974. El filme, denominado Pueblo Chico, contiene una dolorosa visión lindante con el pesimismo. De esta manera Eguino va marcando una característica en su filmografía y que aflora dentro de esta historia.
Tres años más tarde, en 1977, el realizador trabaja en otro proyecto. Entonces filma y estrena su segundo largometraje: Chuquiago, otra de las piezas clave del cine boliviano. El filme es un retrato de la ciudad de La Paz, a través de cuatro historias que traducen el escalonamiento social de sus habitantes. La película forma parte de la nueva corriente del ‘cine posible’ vigente en el cine latinoamericano, según la cual, es preciso hacer obras que sin renunciar a su acento crítico, puedan exhibirse en países afectados por severas restricciones políticas.
Demostrando la validez de la propuesta, Chuquiago se convierte en un notable éxito de público, siendo la película de mayor recaudación en el año y una de las de mayor acceso de público en la historia del cine nacional. También en el exterior fue acogida con gran interés en diversos festivales.
En 1984, Antonio Eguino concreta su vieja aspiración de hacer una película referida a los acontecimientos de la Guerra del Pacífico de 1879. El resultado se denominó Amargo Mar. Una cinta casi documental.

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