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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 08, Enero de 2005

../images/blanco.gif18% año de rendimiento



Francisco Xavier Iturralde

Ante el inexorable avance de la destrucción de bosques, la desertificación de suelos, el deshielo de montañas, la contaminación de aguas, la extinción de la vida animal, tal vez existan mecanismos que puedan disminuir la intensidad de lo que está sucediendo, al mismo tiempo de hacer ganar a los bolivianos.
American Forests creada en 1875 en los EEUU, uno de los campeones en contaminación ambiental, señala que parte de los muchos beneficios derivados de mantener bosques sanos, es la protección de las camas de agua, reducción de los deslizamientos por aguas de lluvia, disminución del consumo de energía, disponibilidad de actividades recreacionales, reducción de la contaminación atmosférica y el calentamiento global, provisión de áreas urbanas frescas y oferta de un hábitat para la fauna. Una manera de disminuir el impacto negativo de lo que sucede es ahorrar energía, reduciendo el consumo de electricidad en una casa, oficina o industria con celdas solares o la utilización de gas natural para los vehículos, motores de generación eléctrica de calefacción, aire acondicionado, refrigeración. En este esquema, también actúan los ciudadanos que buscan en los basurales materia prima para el reciclaje de vidrio, papel, metal y basura, verdaderos héroes anónimos, que hacen parte de una cadena para la preservación del medio ambiente. En el caso de Bolivia, pensamos que como país pobre, se debe juntar lo útil y lo agradable. Es decir, la protección del medio ambiente con una finalidad lucrativa, especialmente en lo que concierne a su riqueza en maderas, relacionada con la belleza de los árboles que terminan siendo componentes principales del sus selvas y objeto de apasionadas poesías, como las de vate Raúl Otero Reiche, en su Canto del Hombre a la Selva. Una manera de salvar los árboles es transformarlos en objetos de inversión accesibles a cualquier ciudadano.
De acuerdo a expertos una mara toma entre 30 y 50 años en crecer, un cerebó 10, lo mismo que un tajibo amarillo. La tarara 15 años, un cedro 10 y un verdolago 15. ¿Qué cuesta una mara en su primer mes? $us 0,12, que al cabo de 50 años representará $us 500 de valor de intercambio internacional en forma de madera sin valor agregado. El negocio de los malos empresarios madereros, colonos e indígenas, es no esperar los 50 años ni tampoco reforestar lo que talan de bosque nativo. Los $us 500 son el rendimiento bruto superior al 18% año de interés, capitalizable anualmente sobre $us 0,12. Manejado este buen negocio con bonos, existiría la posibilidad de que cualquier ciudadano pueda invertir, sin necesidad de esperar los 50 años, porque habría la negociación anticipada en un mercado de valores a su fecha de redención total, de lo que se debe descontar los gastos de cuidados del árbol, seguros contra incendios, inundaciones, etc. Paralelamente al negocio de la absorción del CO2 proveniente de la contaminación industrial, en el que pagan $us 20 año por tonelada de carbono ‘secuestrada’ por hectárea de monte. En este proceso, podrían tener un rol empresas privadas, la Bolsa de Valores de Bolivia, así como universidades, Superintendencia Forestal, indígenas y colonos, éstos como guardianes del equilibrio ecológico. Las Universidades en la cuantificación del mencionado dióxido, la bolsa en la certificación de los bonos sobre principios de comercio de carbono, la superintendencia en la reglamentación de los ‘brookers’ que conecten a los propietarios de extensiones forestales con inversionistas, generalmente empresas obligadas por sus países a compensar el daño ambiental que han provocado.

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