Los cristianos siguieron la onda de Martín Valverde
Evangelizador. Más que un cantante, Valverde es tomado en cuenta como un guía espiritual para las generaciones jóvenes
Romy Julieta Chávez P.
Pese al paro de transporte público, los católicos carismáticos asistieron al
estadio de Real Santa Cruz para encontrarse con la música y los mensajes de
Martín Valverde. Más de 4.000 almas coparon el sector de preferencia.
A las 20:00, el escenario estaba ocupado por un grupo musical cristiano
integrado por músicos de diferentes parroquias y ministerios de la Iglesia.
Entre ellos, la presentadora de noticias Pamela Moreno, que con micrófono en
mano interpretó un variado repertorio de alabanzas cristianas. Además de
demostrar su talento vocal supo animar y entretener al público mientras
aguardaba la llegada del músico costarricense.
Jóvenes, ancianos, niños, familias, monjas y sacerdotes formaban parte del
público que se dio cita en este encuentro. Todos juntos a una sola voz gritaban
eufóricos: ¡Jesús!, ¡Jesús!.
Globos, velas y hasta barras, que representaban a diferentes congregaciones,
completaban el cuadro. Mientras tanto, dos animadores intentaban entretener a la
masa que esperaba las interpretaciones de Valverde.
Cuando la gente comenzaba a impacientarse, hizo su ingreso el artista y fue
recibido con una lluvia de aplausos. Tomó su guitarra, se acercó al micrófono y
advirtió: “Ojalá esos aplausos sean para el de allá arriba. Y si es así, él se
merece más”. Así comenzaron las dos horas de concierto.
A lo largo del espectáculo, Valverde abordó diversas temáticas con las cuales
introducía sus canciones. La soledad, las búsquedas personales, el noviazgo, el
matrimonio y hasta el divorcio fueron tocados por el artista desde la
perspectiva cristiana.
Repasando historias de viejos amigos, jóvenes desconocidos y citando ejemplos
extraídos de sus giras y su experiencia de vida teatralizaba en el escenario,
algunas escenas. De esta manera iba abonando el camino.
Para la quinta canción, Te doy gracias señor, la gente estaba como hipnotizada
frente al escenario. Unos cantaban, otros lloraban y algunos se mostraban
imperturbables. Eso sí, todos estaban sintonizados en la onda de Valverde.
bailaron, cantaron y siguieron las indicaciones del artista.
En medio de ese ambiente, Martín Valverde, les aclaró a todos que no quería que
sean unos imitadores y que todo lo que estaban haciendo con él debían de
pensarlo y darse cuenta de por qué lo hacían.
Casi al cierre interpretó uno de sus temas clásicos. Aquella canción infantil La
pancita de mamita, fue seguida por todos con la coreografía que la caracteriza.
Valverde se guardó para el final su canción estrella. Nadie te ama como yo, que
conmovió desde los primeros acordes a las varias generaciones que siguen al
cantante. Los mensajes de perdón, reconciliación y reencuentro personal cerraron
el espectáculo con una oración colectiva.
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