El poeta español León Felipe
conoció a Líber Forti gracias a una divertida anécdota. Tuvo que ser Rafael
Barrett el puente que uniera a ambos personajes. La historia empezó cuando
León Felipe visitó La Paz en el 47 y Líber pasó a visitarlo a su hotel.
Aunque no se conocían, hablaron sobre los poemas de León. En medio de la
charla surgió el nombre de Rafael Barrett, que fue confundido por León
Felipe con otro escritor francés. Líber lo sacó de su error y además le
prestó uno de sus libros; fue así que el español conoció a Barrett y, según
palabras de Líber, quedó encantado con el mundo barrettiano. León, antes de
irse le regaló su libro Ganarás la luz , que fue dedicado con las siguientes
palabras: “Para Líber, luchador amoroso por la justicia. Con un abrazo
fraternal, León Felipe”. Y León Felipe tenía razón. Conocer a Líber Forti es
empaparse de calidez y una apabullante humanidad. No cabe duda de que
aquella voz luchadora que se hizo leyenda en el ámbito cultural boliviano
merece un reconocimiento, aun sabiendo que el protagonista de esta historia
rehúye cualquier aspaviento y se niega a aceptar el lugar preponderante que
su existencia ha tenido en muchos corazones. Líber actualmente se encuentra
en Cochabamba, rodeado de sus libros y, a sus 86 años, es un hombre
infatigable y de memoria impresionante. Enérgico, locuaz y crítico, sus
opiniones y vivencias serían suficientes para realizar unas cuantas
biografías de grueso volumen. Sin embargo, a él esas cosas no le interesan.
Su lucha ahora es contra el tiempo, y las tareas que todavía no ha realizado
son un constante aliciente para continuar. Su ya mítica biblioteca es una
representación más de su desprendimiento y de su contacto con el prójimo.
Líber le ha sacado fotocopias a muchos de sus libros para regalar al
visitante de ocasión alguna obra que contribuya a su formación.
En medio de su charla, el argentino-boliviano se apoya en la literatura
muchas veces, por eso cuando quiere afianzar un punto o sencillamente
compartir su opinión, saca la fotocopia y la entrega como si fuera cosa de
todos los días. El visitante se queda con una extraña sensación de ternura
ante aquel gesto desinteresado. Las sorpresas no terminan ahí. Caminar por
las calles cochabambinas a su lado es otra aventura. A paso vivaz, el
silencio pocas veces envuelve el ambiente. Líber jamás deja de extender su
mano, se relaciona con las personas con una facilidad envidiable. Verlo
interactuar con la gente es estar ante una representación teatral y al mismo
tiempo un acto de amor, como él mismo diría. Seguirle el ritmo es difícil
aun si se es joven. Lo más conmovedor de Líber Forti es que una vez se lo
conoce no dan ganas de abandonarle, o queda un compromiso personal de verlo
otra vez. Reacio a hablar sobre sí mismo, Líber acepta conversar, que es
distinto. El encuentro tiene como puente al escritor español Gregorio Morán.
Es ya notorio el hecho de que Líber genere puentes. Morán viajó a Cochabamba
en una desviación de la ruta Barrett (está escribiendo un libro sobre Rafael
Barrett) que lo trajo desde el país ibérico hasta Sudamérica. El español
también sintió esa necesidad de pasar a ver a Líber, y según sus propias
palabras ha encontrado “una amistad para toda la vida”.
Es así que entre charla y charla, idas y venidas, almuerzos y cenas, a Líber
se le pregunta qué ha significado Bolivia en su vida. Sin empachos responde
que en Bolivia encontró muchas cosas. “Para mí Bolivia significa despertarme
el amor por una gente trabajadora; en este sentido tengo que decirte, como
diría Rafael Barrett, que he encontrado en los trabajadores mineros de
Bolivia, en los ojos de ellos, ‘el divino rincón de la fraternidad’. Sin
nombre ni apellido”. El amor que siente por el país no tiene explicación
posible, dice. “Mis familiares de Argentina o Europa me preguntan por qué me
quedo en Bolivia, y yo qué explicación les voy a dar. Porque he aprendido a
leer en Tupiza, porque a los 10 años y medio sentí esa cosa tan radiante que
es el amor, me enamoré y nunca le dije nada. Yo no sé. ¿Por qué te
enamoraste de Ana? No sé. ¿Por qué te enamoraste de Nuria? No sé. ¿Por qué
te enamoraste de la anarquía? No sé. El amor es un sentimiento y los
sentimientos no se racionalizan. Todo lo que Bolivia tenga que ver en mi
vida o lo que yo tenga que ver con Bolivia no tiene explicación”, sostuvo.
Líber nació en Tucumán (Argentina) el 19 de agosto de 1919. Cuando era muy
pequeño su familia se trasladó a Tupiza y es ahí donde surgió la leyenda.
Los inicios teatrales de Líber se remontan a la década del 30, cuando
pasando clases descubrió a sus 11 años el universo de la poesía. Una maestra
le preguntó al alumnado si alguien quería declamar; Líber se ofreció
inmediatamente. “Por eso me eligieron para una comedia de teatro. Nos
presentamos con la comedia, la poesía La patria de mis sueños (Moscoso) y un
poema inédito de Ricardo Jaimes Freyre. De ése me acuerdo únicamente de la
frase de “boga la luna”. Luego nos trasladamos a Tucumán y en una reunión de
anarcos me preguntaron: “¿Sabés recitar?”, yo dije que sí, que sabía La
patria de mis sueños. Los anarcos me dijeron: “No, no, no, esas cosas
patrioteras no”. Yo les dije que no era patriotera. Ellos dijeron: “Bueno,
confiamos en vos”. Luego de la recitación, bajé del escenario y el amigo de
mi padre dijo que yo era candidato para el teatro del sindicato”, relató.
Para Líber, su entrada al mundo del teatro fue gracias a la poesía, porque
sostiene que si no hubiera recitado esa noche nadie lo hubiera visto, ya que
era un ‘chango’ de no más de 12 años que podría pasar inadvertido. Por eso
el primer grupo teatral del que fue integrante fue el del sindicato de la
FORA (Federación Obrera Regional Argentina). Fue así que el teatro y la
sensibilidad hacia la existencia de la gente siempre fueron de la mano. Más
tarde, Líber emprendería su propio rumbo y nacería el proyecto que lo hace
conocido, admirado y, sobre todo, querido por mucha gente: el grupo Nuevos
Horizontes. Primero, en 1945 creó un grupo de radio-teatro en Tupiza en
condiciones difíciles. La idea era montar obras en las que la gente pudiera
‘ver’ lo que se oía. Un día, caminando por las calles, se topa con un
letrero que anunciaba la obra Con las alas rotas y presentaba el club de
fútbol The Strongest. Dos cuadras más adelante se anunciaba otra obra. “Por
eso yo te puedo decir que el teatro en Tupiza es muy anterior a Nuevos
Horizontes. Por un tiempo hice teatro con ellos y luego me ofrecieron otro
club de fútbol, el Huracán. Pero yo ya estaba acostumbrado a estar con los
chicos. Después, el 1 de mayo de 1946 se formó Nuevos Horizontes”, comentó.
Líber, con excesiva modestia, vuelve a aclarar que Nuevos Horizontes no tuvo
nada que ver con el gusto que la gente tenía por el teatro. Para él, su
agrupación quizás ayudó a mantener el interés por ese arte, pero el teatro
en Tupiza es anterior a su grupo. Se le hace una pregunta en la que se lo
tilda de artista consumado y él niega con la cabeza. Bromea diciendo: “No
estaba ni consumado ni consumido”. Su humor refleja un cariño por esas
épocas en que, efectivamente, ya era un nombre reconocido en el ambiente
cultural.
Preguntar si Líber Forti usó las obras teatrales para esgrimir panfletos
políticos es no conocerlo. Él mismo explica que eso sería confundir las
cosas, ya que el arte es tan completo como función cultural y de realización
práctica que no necesita de las muletas políticas. “El arte, pues, tuvo la
debilidad por la presencia de grandes hombres de darle una cabida importante
a la política para humanizar el teatro. Cuando no haya ideología va a seguir
habiendo teatro. La necesidad del hombre de recrear su vida, continuará. Por
eso yo estoy contento de que el teatro no me haya rechazado. Siempre me dejó
que estuviera a su lado”.
Líber señaló que las motivaciones de Nuevos Horizontes jamás fueron ni el
dinero ni la fama. Nunca hicieron presentaciones en la ciudad de La Paz, a
pesar de que le ofrecieron todas las comodidades de traslado y estadía, esto
porque la idea era llevar las obras a lugares donde no se veía teatro.
“Tanto es así que en Camiri tuvimos una presentación en que la gente no
entendió de qué se trataba. Representábamos una discusión entre padres e
hijos y se le preguntó a uno de los asistentes que se estaba marchando si no
iba a quedarse a ver la función. Éste dijo: “Qué función? Si hay sólo dos
tipos discutiendo”. Pero hubo otro que se quedó hasta lo último y le
dijeron: “A usted sí le gustó porque se ha quedado hasta lo último”, y el
otro respondió: “Claro que me he quedado, si tengo que cerrar y apagar la
luz”. Por eso cuando yo me retiré de la actividad sindical me dediqué a
tratar de ayudar a elevar el nivel de la actividad teatral. De ahí surgieron
los cursos”, contó.
En este punto, alguien se podría imaginar que quizás Líber se cansó de
hablar, pero no. Hizo una pausa para llenar su pipa, fumó un poco y continuó
relatando que hacer los cursos era difícil porque se tenía que dosificar la
información. “No vas a encontrar la palabra disciplina. Vas a tener la
constatación de que los 20 alumnos participaron por igual en cada una de las
actividades, desde servir el café hasta las apariciones en escena”. Líber
agregó que lo importante era sentirse iguales, y que él estaba convencido de
que el teatro jalaba más que la política, sobre todo la de los partidos.
“Acordate de que partido es una palabra pasiva del verbo partir, divide. Y
el teatro tiene la perspectiva de unir en torno a la fraternidad y la
belleza. El arte es demasiado revolucionario. Te propone una forma de ser
mejor. No necesita de partidos”. Líber cree que el arte del teatro es para
movilizar. Mientras que otras cosas intentan apaciguar el ritmo de vida, el
arte conmueve. El deseo es tener más vida, encontrar obstáculos es luchar
por conseguir esa vida más intensa.
“La gente del grupo Buenaventura, que hacía teatro en la calle, alguna vez
me preguntó ¿Y vos qué obras llevás a las minas? Como diciendo, qué obras
revolucionarias llevás. Yo digo Zoo de cristal de Tennessee Williams, ¿por
qué? Porque la madre es un símbolo de autoridad. O sea que la gente se va
odiando el poder, en este caso a la madre. Siempre hemos cuidado de que la
obra sea una obra de arte. Por eso la proposición de Nuevos Horizontes era
hacer la producción de un teatro popular artístico”. Lo popular y lo
artístico no deben separarse, asegura Líber.
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Amigos.
El escritor y periodista Gregorio Morán junto a Líber Forti. La amistad
se dio gracias a Barrett |
Sobre el teatro boliviano dice no haber tenido la oportunidad de ver mucho
últimamente. Los problemas de tiempo y viajes han imposibilitado de alguna
manera el acercamiento al teatro actual. Por ejemplo, no disfrutó de las dos
últimas obras de Teatro de los Andes por falta de coincidencia en el
itinerario, ya que en esas fechas se encontraba en Barcelona. Los festivales
de teatro le gustan siempre y cuando no tengan una remuneración económica.
“Los festivales tienen que ser una fiesta, una reunión de amigos en que no
estés pensando cuál de ellos te puede cagar y ganar el premio. Tendría que
ser más espontáneo”.
Ante una vida llena de experiencias, de momentos duros en que defender su
punto de vista le valió persecuciones, arrestos y demás bestialidades
humanas, es seguro que Líber tendrá muchos recuerdos que lo llenarán de
ternura y otros que le provocarán tristeza. Vale la pena preguntarle si a
estas alturas de su vida mira por encima de su hombro y se arrepiente de
algo. “Me arrepiento de no haberme arrepentido a tiempo de lo que pude
arrepentirme”, dijo enigmáticamente. Pudo quedar la frase abierta para que
el lector se imagine la respuesta. Una afirmación tan bonita y filosófica
sería un gran cierre. Pero Líber Forti se merecía una catarsis. Y el ¿cómo
de qué? salió escupido en tono reverencial.
La mirada de Líber se vuelve más acuosa y anhelante. Cualquier observador
podría ver que retrocedió en el tiempo. “De no haber hablado más con mi
padre. De no haberle preguntado tantas cosas que se me ocurrieron cuando él
ya no podía contestarlas. A veces me hago la ilusión de que esas cosas me
las conteste en la última carta que me escribió desde su lecho de muerte.
Que son signos incomprensibles”, dijo. Ante esa respuesta no queda más que
sufrir otro ataque de ternura por ese hombre mayor, canoso, pero todavía
entero que recuerda como un niño a su padre. “Él fue grande, porque nunca me
presionó para que yo siguiera sus pasos o no fuera quien soy”.
A sus 86 años le queda mucho por hacer. Los proyectos incluyen una
publicación de un nuevo número de su revista Teatro, la puesta en escena de
la obra La zorra y las uvas en Tupiza y continuar con su labor de traspasar
su experiencia y conocimiento sobre el teatro en un nuevo taller. Queda
Líber para rato
Aparte de su faceta como director de teatro, Liber Forti fue testigo de
todos los momentos históricos por los que ha atravesado Bolivia en las
últimas décadas. A lo largo de su conversación, el observador llega a
sentirse sobrecogido por la catarata de nombres que salen de su boca. Para
Líber es lo mismo hablar de un hombre famoso que del chico que vende
periódicos en la esquina.
Él sabe que conoce a mucha gente. “Lo que pasa es que yo no me pongo en un
pedestal. A mí me gusta hablar con la gente. Estar con la gente”, comentó. Y
es obvio que no miente. Es notoria la fascinación que tiene por los demás y
la que él mismo ejerce. Algunos amigos lo califican como un gran seductor,
porque una vez se entabla relaciones con él es difícil desentenderse.
Es así que con su habitual apertura comentó sus planes futuros, que son
bastantes. En primer lugar, en abril, terminará parte de las compilaciones
que está haciendo sobre libros de teatro. Serán 20 Cds sobre teatro y 13
sobre la teoría del juego.
Para Líber existen tres teorías que nombra constantemente: las
triangulaciones, el juego y las proporciones armónicas.
Triangulaciones
Ver a Líber mostrando en qué consisten las triangulaciones es, como bien lo
dijo Gregorio Morán, ver el teatro en vida. Líber dice que las
triangulaciones son esenciales para el movimiento en escena. Estos
ejercicios involucran una manera de mover el cuerpo, los pies, el torso para
dar una mayor estética a la manera de desplazarse en el escenario.
Triangular es desplazar el cuerpo de una posición tres cuartos a otra de
tres cuartos, en distinta dirección, con el mínimo gasto de energía posible
y con el máximo efecto posible.
Proporciones armónicas
En este punto Líber se basa en los textos de Matilde Ghyka sobre la
importancia de la armonía y la estética del arte. Líber de pie explicó que
las formas verticales u horizontales que se repiten se tornan aburridas. Por
eso, cuando un actor maneja las manos debe hacerlo de manera diagonal para
crear un efecto estético y más efectivo. Enfatizó que el público va al
teatro a ver y por lo tanto, el actor debe tratar de hacer la escena lo más
visual posible. Por ejemplo, la ocupación del espacio en el escenario puede
decir qué es lo que sucede sin tener que referirse al texto.
El juego
Con una bibliografía que abarca desde Schiller, Winnicott, Maturana hasta
Lascaris, Líber es un firme convencido de que el juego es la mejor manera de
hacer teatro. Él no cree en aquella expresión de “vivir el personaje”, ya
que si fuera así el actor que interpreta a Otelo tendría que ahorcar
realmente a la actriz que interpreta a su amada. Entonces, Líber afirma que
hay que jugar y pasárselo bien en el escenario.
La revista Teatro
Además de dar a conocer las teorías más adecuadas para elevar el nivel del
teatro, Líber también elabora una revista que contiene lecciones, frases,
opiniones, y obras teatrales. La diagramación se basa en las tres teorías ya
expuestas. Líber juega con la forma y el espacio. El último número (16)
salió en noviembre del 2001, aunque el tiempo y, en algunos casos, la salud,
no le han permitido publicar otra vez, Líber ya tiene casi listo el número
17. “Tengo tantas cosas que hacer que este número quedó pendiente, pero sólo
me falta elegir la obra”, contó.
A esta publicación se le suma el gran proyecto Barrett, del que forma parte
activa. Este proyecto involucra el dar a conocer a Rafael Barrett a través
de todos los medios posibles. Una página web ya está en marcha y la
digitalización de la obra barrettiana también está por llevarse a cabo.
Por si fuera poco, Líber se da tiempo para sacar fotocopias de sus preciados
libros y compartirlos. Contactarse con sus amigos, seguir leyendo y escribir
sus inquietudes. Su legado es Nuevos Horizontes que actualmente funciona
como una Fundación.
Sin embargo, aún falta concretar el sueño de llevar a escena La zorra y las
uvas, en la que, como hace casi medio siglo, Líber interpretó a Esopo. La
realización de dicha experiencia se llevaría a cabo en Tupiza y sería un
sueño realizado para los mismos tupiceños. La otra alternativa es un curso
para instructores de teatro, en la misma ciudad.
Queda mucho por decir acerca de Líber Forti, él parece no darse cuenta de la
simpatía y la admiración que despierta. Su labor incansable, su apoyo
recalcitrante hacia los menos afortunados, que a su vista son sus iguales y
ese infinito amor por el ser humano, hacen de Líber un personaje difícil de
eludir. Aunque él no lo quiera se ha convertido en un mito, que poco tiene
de fantasía y mucho de realidad.