(‘Beni’/ 1) ¿Del tacana o del árabe?
Pedro Shimose
Mi amigo Lucho Roca ha hecho bien en terciar en el diálogo que sostengo con
el doctor José Farah Haquim (‘Etimología’. ED/ viernes, 24.12.04). Me ha
propinado un cocacho cariñoso, de ésos que no duelen y nos hace reflexionar,
como aquellos que administraba mi profesor, don Adolfo Rodríguez Castedo, muy de
vez en cuando y siempre que fuese menester.
Por Lucho me entero de que Farah Haquim es doctor. No sé en qué, pero doctor.
Como no se es doctor a los quince o dieciséis años, deduzco que se trata de una
persona mayor, por lo que le pido disculpas por la broma del ‘cocacho cariñoso’
y el tono de mi comentario, incluida la nota sobre Emeterio Villamil de Rada y
su ‘Lengua de Adán’. En mis palabras no había ánimo de ofensa.
Mi exabrupto (Lucho, muy diplomático, lo llama ‘forma descortés’) se explica
porque el tema es, desde mi punto de vista, importante para los benianos. Se
refiere a nuestra identidad. Lucho considera pertinente preguntarme cuáles son
las fuentes de don Adolfo “para llegar a esa verdad revelada que no admite otras
interpretaciones etimológicas”. Me anticipo en contestarle que si admite otras
interpretaciones, siempre que no sean caprichosas, fantasiosas, disparatadas y
traída de los pelos. Esto se verá más adelante.
Sostener que la palabra ‘Beni’ procede del idioma tacana no es defender una
‘verdad revelada’. No estamos ante un análisis exegético de un texto sagrado.
Estamos ante un análisis etimológico. No hablamos de teología; hablamos de
etimología y lexicografía. Por lo tanto, pienso que mi profesor Rodríguez
Castedo sigue teniendo razón cuando, aceptando la fuente de la tradición oral y
las enseñanzas de las investigaciones lingüísticas, nos decía que la palabra
‘Beni’ procedía del tacana. Esto se verá también más adelante.
El doctor Farah Haquim apoya su tesis en una fuente bastante equívoca: el símil
fonético de la voz semítica ‘Beni’ (hijo de...) en desmedro de la voz tacana
‘Beni’ (viento). Cerca de El Cairo (Egipto) hay una ciudad llamada Beni Suaf o
Beni Al Suaf o Bani Suwayf, erigida a orillas del Nilo. Este dato le lleva a
creer que la palabra ‘Beni’ es de procedencia árabe, traída a lo que hoy es
Bolivia por los conquistadores españoles. Debo recordar, a este respecto, que
los españoles trajeron consigo un nutrido léxico de origen árabe ya
castellanizado y cristianizado. Es el caso del nombre del departamento de
Tarija, derivado del nombre de un pueblo andaluz llamado Tarifa, el cual
recuerda, a su vez, a un caudillo morisco llamado Al Tariq. Éste no es el caso
del topónimo ‘Beni’, voz tacana que nomina un río, no un departamento. Este
hecho es posterior.
La palabra ‘Beni’, en árabe, es prefijo que, en caso de toponimia, siempre va
acompañado de nombre propio. En España quedan muchos resabios de la presencia
árabe en topónimos como Benicasim, Benicarló, Benidorm, Benisa, Beniopa,
Benijófar, Benifayó, Beniarés, etc.
En Etiopía, en la frontera con Sudán, existe Beni Amer. En Marruecos: Beni
Mellal, Beni Snaseny, Beni Warayn. En Argelia: Beni Abbas, Beni Saf, Beni
Slinamey Menimerín. Y en Egipto: Beni Hasan o Bani Hasan y el Beni Suaf que
tanto fascina al doctor Farah Haquim. Está en su derecho, pero sucede que yo
estuve en Egipto, invitado por el Instituto Cervantes de El Cairo y paseé por el
Nilo y la región de Saqqara. Puedo asegurar que aquello —desierto y oasis— no se
parece en nada a la pampa benigna.
Los eminentes arabistas españoles Elías Terés (+), Miguel Asín Palacios (+) y
Emilio García Gómez (+) escribieron sobre lexicografía y toponimia españolas con
referencia a sus raíces árabes. Ellos nos enseñaron que el prefijo árabe ‘Beni’
(hijo de...) es palabra compuesta. Nunca se escribe sola. En el caso de los
topónimos se refieren a nombres de tribus, caudillos (señores feudales moriscos)
o dinastías de jeques famosos en cada región determinada, tan famosos que
legaron sus nombres al lugar, población o ciudadela militar. (Continuará) //
Madrid, 07.01. 2005.
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