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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 07, Enero de 2005

../images/blanco.gifHistorias nobles del coronel Roberto Barbery Flores



Kassandra Barbery Knaudt

Dicen que cuando alguien muere, sólo se le recuerda lo bueno, pero lo que leerán aquí hoy no es ningún invento ni son historias escogidas. Es la esencia pura de la vida de mi padre...es lo que siempre era él.
Caminó a través de sus años ayudando a quienes le pedían y a quienes no; esa era la gracia del Coronel....le salía hacerlo naturalmente como si hubiera nacido para mejorarle la vida a muchos. Muchos de los cuales nos vinieron a contar días después de su muerte y muchos de los cuales nunca sabremos. Para citar algunos, recuerdo mi favorito. Sensibilizó sistemáticamente a un niño cuya fobia hacia los militares no lo dejaba vivir ni dormir tranquilo al ver a su padre torturado por militares en la dictadura de Banzer. El Coronel, amigo del padre del niño, iba a visitarlo periódicamente hasta ganarse su afecto y confianza. Le contaba historias nobles acerca de militares buenos y cuando notó que el esquema de pensamiento del niño hacia los militares estaba cambiando, se le apareció un día de aquellos vestido de militar y le recordó que él era su amigo, su amigo militar. Desde ese día, el niño volvió a dormir tranquilo y descubrió que militares hay buenos y malos, y que solo hay que recordarse de los buenos. Los primeros 5 años de mi infancia los viví en la frontera con el Brasil; uno de los tantos bellos recuerdos que tengo de ese entonces es el cariño y la admiración que tenía la gente de allá por mi padre. Nunca entendí exactamente el porqué hasta que después de unos 10 años me enteré de que no sólo donaba víveres y algún dinerito extra a algún necesitado, sino que también construyó una escuelita para el municipio de Quijarro porque decía él que la educación, la sabiduría y la nobleza engrandecen al hombre. Recuerdo otras historias también, pero dos son las más frescas en mi mente ya que me las fueron contadas dos días después de la muerte de mi padre. Un oficial militar se le acercó a mi madre en el velorio y con lágrimas en los ojos le dijo: “Nunca olvidaré la nobleza del Coronel, quiero que sepa usted que por él estoy vivo. Tuvo el noble gesto de alquilar una avioneta para salvarme la vida.” Cuando escuché esas palabras pensé: “Viejingo.... cuántas veces habrás hecho lo mismo por otras personas y nosotros no tendremos la dicha de enterarnos.” Para nuestra fortuna, un albañil que hace muchos años trabajó en la construcción de la casa de mis padres, le comentó a mi hermano: “Algún día pasaré por su casa para contarle cómo me salvó la vida el Coronel.”
Y es así, ‘Viejo’, como fui sumando a tu memoria muchos relatos loables y al final, de tanto extrañarte, sólo nos queda pensarte como el hombre que vivió bajo su principio favorito... “Bendito el día en que no existía esto es tuyo y esto es mío”.
Gracias por darnos el privilegio de conocerte, gracias por dejarnos tus nobles historias de las cuales tus nietos sabrán engrandecerse, gracias por tocar tantas vidas, gracias...Coro.

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