Consejos que suenan a reproche...
Mario Rueda Peña
No hace mucho EL DEBER publicó una entrevista a Ovaldo Hurtado sobre el tema
de la Asamblea Constituyente en Bolivia. Vale la pena ocuparse de las cosas que
dijo, pues el ex Presidente de Ecuador es un tipo que sobre el tema se las sabe.
No en vano fue Presidente de la Asamblea Constituyente de su país y desde hace
más de dos décadas dirige un centro de estudio de economía y política. El
ilustre ecuatoriano es un gran conocedor de binomio tan crucial para la suerte
de cualquier nación, dentro del cual hay prioridades y equilibrios que en
Bolivia muy pocos están dispuestos a observar.
Hurtado coincide con muchos analistas bolivianos cuando advierte que la
Constituyente no es pócima milagrosa para todos nuestros males. Sostiene que la
solución no está arriba (reformas constitucionales o ‘refundación’ de país) sino
abajo, en una economía que crezca a fin de mejorar las condiciones de la
población. Da a entender que para esto no sólo se requiere orden y paz social,
sino también inversión extranjera. Sobre todo, allí donde “no hay posibilidad de
que el ahorro nacional” financie la misma, que es nuestro caso, uno de los más
patéticos del continente latinoamericano.
Compartimos su criterio en sentido de que a una Constituyente debe ir gente que
sepa de “economía, política, sociología y asuntos de Estado” Este ‘poder de
poderes’ tiene que reservarse para personas con títulos académicos en aquellas
especialidades o con la suficiente preparación (entre nosotros hay también
autodidactas) No importa para nada la pertenencia social o étnico-cultural de
los candidatos. Si blancos, indios, cholos o mestizos, da igual en tiempos en
que la ciencia moderna ha demostrado ya que todas las razas tienen un código
genético que las iguala. Lo que interesa es que los constituyentes hagan un
trabajo idóneo y certero en materia de reformas, sin convertir la Asamblea en
bullicioso circo multicolor que rápidamente pase de la comedia al drama. Esto
último, para el país, naturalmente. Pero es más fácil que un elefante pase por
el ojo de una aguja que ciertos sectores minoritarios del país, de tendencia
autoritaria, acepten tan racional punto de vista.
“Un ciudadano, un voto”, dice Hurtado. Una consigna que ya no se escucha más en
los labios del actual Gobierno, en el que parecen ganar gravidez los partidarios
de esta consigna de jaez corporativista: ¡“Una etnia, tantos votos”!, o poco más
o menos. “Es mejor una asamblea de pocos miembros que una asamblea
multitudinaria”, señala. Claro que sí. Trabajaría más rápido y con mayor
eficiencia. Sobre todo, si la idoneidad se instala en los curules... ¿Qué en
Bolivia no necesitamos más de 80 constituyentes? Maldicen al que proclama esta
verdad. Le endilgan el mote de ‘elitista’.
Está claro que Hurtado sigue con atención el proceso de debate y organización de
la Asamblea Constituyente en Bolivia. Tanto que en la entrevista referida aborda
los puntos cruciales que sobre el tema dan lugar a un debate que en el país no
alcanza aún rigor de estruendo, pero que lo alcanzará muy pronto, con posible
acompañamiento de bloqueos y otras medidas de presión, por parte de los que
quieren una Asamblea Constituyente a su medida.
Más que a consejos, lo dicho por Hurtado suena a reproche. A tirón de orejas a
cuantos desde la irracionalidad presionan por una Constituyente a contrapelo de
la democracia y la prudencia. Equivale a tirón de orejas. Poco probable, sin
embargo, que perciban el chasquido, en sus respectivos pabellones, los que
sabemos...
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