Asamblea Constituyente: borrón y cuenta nueva
Mauricio Requena Z.
Bolivia ha fracasado. Ha llegado a su fin. Las estructuras deben cambiar. El
sistema está desgastado. La clase política ha colapsado. La corrupción ha
llegado a niveles intolerables. La pobreza atenta contra la dignidad del pueblo.
Hemos perdido soberanía. Ésta es, en resumen, la visión que tienen los
habitantes sobre nuestro país.
Ahora todos hablan de lo que será la Asamblea Constituyente. Los eruditos hacen
referencia a una nueva Bolivia, que nacerá con los enunciados de una reluciente
Carta Magna.
¿Qué pretendemos cambiar con la Constituyente? ¿Será que todos los bolivianos
entendemos la verdadera dimensión del poder que tiene la Asamblea Constituyente
que se pretende llevar a cabo en 2005?
Me pregunto: ¿qué clase de país queremos dibujar con las nuevas reglas del juego
a plantearse de este evento crucial para Bolivia? Pretendemos concebir un
terruño con justicia social, con una clase política con visión de Patria, con
bolivianos dignos que no vendan su moral por unos centavos, con libertad, con
enunciados democráticos, en fin, una verdadera República.
Y no es que la Asamblea Constituyente será un borrón y cuenta nueva. Es
imposible creer que se terminarán los males endémicos con los que nacimos. El
problema de fondo está en cada uno de los habitantes de esta tierra llamada
Bolivia. Porque cuando dejemos de robar en lo pequeño y en lo grande, recién
estaremos preparados para un verdadero cambio. Mientras sigamos evadiendo
impuestos, mientras sigamos traficando con la política, mientras continuemos
robando luz del tendido de electricidad, mientras hagamos conexiones por debajo
de la tierra para robar agua, mientras extendamos el cable para robar la señal
de televisión, -estas y otras picardías ya son parte del diario vivir-,
seguiremos sumergidos en nuestra miseria y condenados a perpetuar el poder de
los corruptos.
La tarea es titánica. No sólo es necesario una Constituyente, no con el cambio
de normas y doctrinas, y formas de gobernarnos solucionaremos nuestros
problemas. Porque ni con centralismo, ni con autonomías, ni con federalismo se
pacificará a los diferentes bandos en disputa. Porque ni la izquierda, ni la
derecha quiere perder. Aquí parece no existir un sentimiento de que ésta es
nuestra Patria. Aquí parece primar el sentimiento de cómo le robo al prójimo,
cómo me hago rico en poco tiempo, sin importar adónde va Bolivia.
Es por eso, en este 2005 el cambio lo tienen que dar todos. El empresario no
explotando a su trabajador. El político no ahogando las pocas ilusiones que nos
quedan. El pobre dando ejemplo de honestidad. El obrero no robándole horas a su
jornal. Si asimilamos lo antes mencionado conseguiremos entendernos, y seguro de
que proyectaremos un mejor país para nuestros hijos, en base a un nuevo pacto
social que nacerá con la Asamblea Constituyente.
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