Inauguración
del Año Judicial
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El presidente de la República, señor Carlos D. Mesa, inauguró solemnemente el
Año Judicial en la ciudad de Sucre, sede de la Corte Suprema de Justicia; en el
acto juraron los nuevos ministros de la Corte y se reafirmaron los principios
que deben normar el buen funcionamiento de la Justicia en nuestro país.
El mismo día y a la misma hora yo me encontraba en el bar “Los jueces me andan
buscando” en compañía del viceministro nacional de disparates, ilustre
jurisconsulto y abogado, doctor don Empédocles Kelkeri, tío muy querido que
siempre encaminó mis pasos por el sendero de la Ley y del Derecho y que siempre
había soñado convertirme en Juez, mientras yo lo defraudé, pues a lo único que
llegué fue a juez de fútbol en la Liga de Cochabamba.
Comentando la conformación de la Corte Suprema de Justicia, le dije a mi tío
Empédocles que un Juez debería ser probo y él me felicitó por utilizar dicho
término, agregando: Es el perfecto calificativo para un juez, como el
calificativo cabal para un militar es pundonoroso‚ añadiendo el siguiente Otrosí
Primero: “Un juez es probo mientras compruebe que no ha probado”.
No llegué a comprender el alcance del término “probado” y dijo mi tío Empédocles:
“No te hagas, pues el gil, porque en nuestro país muchos funcionarios han
probado el dulce de alguna gratificación justa desde tiempos inmemoriales hasta
la actualidad, lo cual no niega que haya ciudadanos y jueces probos”.
En el terreno anecdotario, me contó mi tío Empédocles que hace muchos años,
cuando él actuaba de diligenciero en un juzgado en lo Penal en un tribunal del
Distrito de La Paz se enamoró apasionadamente de una cholita chuquisaqueña y se
fue tras ella a la ciudad de Sucre. Allí conoció “El Garaje” donde trabajó algún
tiempo ganando algún dinerillo porque en ese famoso “garaje” arreglaban autos,
pero eran “autos judiciales”.
Mi pariente Empédocles Kelkeri me dijo que una de sus grandes amarguras fue que
yo no hubiera estudiado Derecho y no me hubiera convertido en abogado; le
respondí que no me gustaba el léxico jurídico porque me parecía muy cochino,
palabras que no le gustaron, exigiéndome una explicación inmediata o me
iniciaría un juicio por calumnia y ofensas graves.
Le pedí disculpas porque no fue mi intención ofenderlo y le expliqué, citando un
ejemplo, que no me gustaba la palabra ‘obrados’ que se utiliza mucho en los
escritos y alegatos judiciales cuando se dice que hay que iniciar obrados, que
hay que agregar a los obrados y que se deben archivar obrados, y obrar -según el
diccionario de la Real Academia Española- significa “evacuar de vientre,
defecar”, siendo los obrados una cochinada que no tenemos por qué archivar o
reponer.
Mi tío Empédocles frunció el ceño y yo proseguí: “Tampoco me huele bien que en
términos judiciales, los testigos en un juicio tengan que evacuar sus
declaraciones y que las autoridades deban evacuar informes. Todo eso es tan
cochino que me molesta saber que los abogados tengan que hablar de las
deposiciones de los testigos o de los acusados”.
Mi tío comprendió mis escrúpulos y me perdonó y concluimos brindando unos piscos
en el bar “Los jueces me andan buscando”.
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