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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 04, Enero de 2005

../20050104/images/se3.jpgVolvió Gloria Iris para demostrar que todavía está viva y feliz


Optimismo. Gloria Iris Rosales Montero, junto a su madre Laida. Está empezando a dar sus primeros pasos con muletas


Guider Arancibia Guillen

Sonriente en su silla de ruedas, irradiando alegría... todo lo contrario de lo que se puede pensar de una persona víctima de uno de los hechos más violentos que conmovió a la sociedad. “No pudieron quitarme la vida y vine para decirles que estoy viva”, dijo.
Es Gloria Iris Rosales Montero (27) la joven que la madrugada del 19 de junio de 2001, fue interceptada por delincuentes, cuando llegaba en su camioneta a su casa de la calle Abaroa, zona de Los Pozos. Uno de los delincuentes le disparó para llevarse el motorizado. La bala impactó en la columna y quedó postrada en una silla de ruedas.
En ese tiempo ya había culminado la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad NUR. Los autores del atraco fueron detenidos por la Policía y llevados a un juicio oral en el que la víctima estuvo presente de principio a fin.
Su historia causó conmoción en Santa Cruz y ella no demoró en buscar tratamientos porque su salud se deterioraba. Primero viajó a Brasil, donde viven algunos familiares, pero allí no logró quedarse internada por falta de recursos.
El 18 de octubre de 2002 tuvo que viajar a España, donde encontró la solidaridad de mucha gente. Su hermana Dolly Rosales, de profesión dentista, dejó todo y se fue para atenderla todo el tiempo. Fue así que ingresó al Hospital Nacional de Parapléjicos, donde le detectaron una enfermedad en la médula llamada siringomilia. La sometieron a dos operaciones porque estaba a punto de perder el brazo derecho y la vista. En las intervenciones quirúrgicas participaron médicos italianos, españoles y griegos.
De esa manera, Gloria Iris logró mejorar su salud y con la ayuda de sus familiares y mucha gente empezó a estudiar en España, porque siempre tuvo en mente rendir su examen de grado. La universidad le envió el material y se preparó poco a poco. También logró establecer un negocio, un punto de llamadas telefónicas que ahora está consolidado.
A inicios de diciembre de 2004 decidió regresar a nuestra capital y el 16 de ese mes rindió exitosamente su examen de grado ante un tribunal selecto.
Dijo que vino en busca de su título para homologarlo en España, país al que tendrá que regresar en febrero para continuar con su tratamiento.
Gloria iris no pudo esconder el triste recuerdo del atraco que dejó secuelas en su vida. Expresó que aún postrada en su silla tuvo que mostrarse a la justicia en busca de un castigo contra los delincuentes. “No fue fácil, mi lucha en la justicia fue por mi dignidad y moral. He luchado contra la falsedad, la mentira, el cinismo y una delincuencia pura. Luché porque creo que debe haber justicia en la tierra. Sé que hay en el cielo”, dijo.
Recordó que en una de las últimas audiencias en el tribunal, hubo sátira de la gente allegada a los delincuentes, e incluso así, en silla de ruedas, se abalanzaron para agredirla físicamente. Recuerda que en esa audiencia todo mundo lloraba: los abogados, el fiscal y su esposa, incluso los jueces, pero los procesados se hacían la burla de su desgracia. Gloria Iris cree que la justicia divina es maravillosa y afirma que perdonó a sus agresores. “Desde un principio entregué todas mis cargas a Dios y pedí que se haga su voluntad. Ahora él es mi fortaleza.”
Cuando supo de la muerte de Froilán Douglas Villalobos Chávez, uno de los atracadores, cuenta que no hizo más que pedirle a Dios que perdone a ese hombre cuando le toque juzgarlo. “Estoy viva todavía, siempre tendré metas que cumplir. La vida no me la pudieron asaltar porque es un don de Dios”, exclamó.

Asaltante era su compañero de colegio

Gloria Iris jamás imaginó que su compañero de colegio se convirtiera en su verdugo para causarle el peor daño de su vida.
Jorge Alfredo Rivero Saucedo es uno de los procesados, el que esperó a sus dos cómplices en la esquina de la casa de Gloria Iris el día en que se realizó el atraco.
Las investigaciones de la Policía y de la Fiscalía señalan que Rivero actuó en forma directa con Froilán Douglas Villalobos Chávez y Héctor Javier Cabrera, quienes conformaban una banda de atracadores. Durante las investigaciones, cuando Rivero estaba en la cárcel, enviaba a su esposa a la casa de Gloria Iris para disculparse por lo que hizo. Argumentaba que él no sabía a quién estaban asaltando. La víctima reconoció plenamente a sus verdugos en el tribunal de justicia.
Al final, el tribunal de los jueces Gladys Alba y Luis Enrique Pérez condenó a 25 años de cárcel a Froilán Douglas Villalobos, a 13 años a Héctor Javier Cabrera, y a Rivero le impuso seis años.
La historia cambió porque hace unos cinco meses Villalobos fue victimado en la cárcel de Palmasola y nunca se conoció a los autores. Jorge Alfredo Rivero escapó del penal aprovechando su condición de procurador. El único que permanece en Palmasola es Héctor Javier Cabrera.
La sentencia fue ejecutoriada en la Suprema, que confirmó la actuación de los jueces.

Hay mucha gente a quien agradecerle

Gloria Iris Rosales Montero reconoce la solidaridad de la gente pero tiene en su lista a quienes hicieron suya la lucha por la vida.
Recuerda, entre ellas, a Ernesto Olmos Amelunge, un cruceño que radicó en España y que en octubre pasado murió de cáncer. Por la guía de Olmos en España, Gloria Iris encontró el hospital y rápido pudo obtener sus documentos, además de encontrar solidaridad para la atención de su enfermedad.
También agredece a su abogado, Reymi Ferreira, a quien consideró un profesional con principios porque la defendió gratis y luchó para que se haga justicia.
Recordó, asimismo, al fiscal Rolando Caicedo y a su asistente, Laura Céspedes. Dijo que asumieron el verdadero rol de defender a la víctima, pese a las trabas que a cada momento se presentaban.

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