Volvió Gloria Iris para demostrar que todavía
está viva y feliz
Optimismo. Gloria Iris Rosales Montero, junto a su madre Laida. Está empezando a dar sus primeros pasos con muletas
Guider Arancibia Guillen
Sonriente en su silla de ruedas, irradiando alegría... todo lo contrario de
lo que se puede pensar de una persona víctima de uno de los hechos más violentos
que conmovió a la sociedad. “No pudieron quitarme la vida y vine para decirles
que estoy viva”, dijo.
Es Gloria Iris Rosales Montero (27) la joven que la madrugada del 19 de junio de
2001, fue interceptada por delincuentes, cuando llegaba en su camioneta a su
casa de la calle Abaroa, zona de Los Pozos. Uno de los delincuentes le disparó
para llevarse el motorizado. La bala impactó en la columna y quedó postrada en
una silla de ruedas.
En ese tiempo ya había culminado la carrera de Relaciones Internacionales en la
Universidad NUR. Los autores del atraco fueron detenidos por la Policía y
llevados a un juicio oral en el que la víctima estuvo presente de principio a
fin.
Su historia causó conmoción en Santa Cruz y ella no demoró en buscar
tratamientos porque su salud se deterioraba. Primero viajó a Brasil, donde viven
algunos familiares, pero allí no logró quedarse internada por falta de recursos.
El 18 de octubre de 2002 tuvo que viajar a España, donde encontró la solidaridad
de mucha gente. Su hermana Dolly Rosales, de profesión dentista, dejó todo y se
fue para atenderla todo el tiempo. Fue así que ingresó al Hospital Nacional de
Parapléjicos, donde le detectaron una enfermedad en la médula llamada
siringomilia. La sometieron a dos operaciones porque estaba a punto de perder el
brazo derecho y la vista. En las intervenciones quirúrgicas participaron médicos
italianos, españoles y griegos.
De esa manera, Gloria Iris logró mejorar su salud y con la ayuda de sus
familiares y mucha gente empezó a estudiar en España, porque siempre tuvo en
mente rendir su examen de grado. La universidad le envió el material y se
preparó poco a poco. También logró establecer un negocio, un punto de llamadas
telefónicas que ahora está consolidado.
A inicios de diciembre de 2004 decidió regresar a nuestra capital y el 16 de ese
mes rindió exitosamente su examen de grado ante un tribunal selecto.
Dijo que vino en busca de su título para homologarlo en España, país al que
tendrá que regresar en febrero para continuar con su tratamiento.
Gloria iris no pudo esconder el triste recuerdo del atraco que dejó secuelas en
su vida. Expresó que aún postrada en su silla tuvo que mostrarse a la justicia
en busca de un castigo contra los delincuentes. “No fue fácil, mi lucha en la
justicia fue por mi dignidad y moral. He luchado contra la falsedad, la mentira,
el cinismo y una delincuencia pura. Luché porque creo que debe haber justicia en
la tierra. Sé que hay en el cielo”, dijo.
Recordó que en una de las últimas audiencias en el tribunal, hubo sátira de la
gente allegada a los delincuentes, e incluso así, en silla de ruedas, se
abalanzaron para agredirla físicamente. Recuerda que en esa audiencia todo mundo
lloraba: los abogados, el fiscal y su esposa, incluso los jueces, pero los
procesados se hacían la burla de su desgracia. Gloria Iris cree que la justicia
divina es maravillosa y afirma que perdonó a sus agresores. “Desde un principio
entregué todas mis cargas a Dios y pedí que se haga su voluntad. Ahora él es mi
fortaleza.”
Cuando supo de la muerte de Froilán Douglas Villalobos Chávez, uno de los
atracadores, cuenta que no hizo más que pedirle a Dios que perdone a ese hombre
cuando le toque juzgarlo. “Estoy viva todavía, siempre tendré metas que cumplir.
La vida no me la pudieron asaltar porque es un don de Dios”, exclamó.
Asaltante era su compañero de colegio
Gloria Iris jamás imaginó que su compañero de colegio se convirtiera en su
verdugo para causarle el peor daño de su vida.
Jorge Alfredo Rivero Saucedo es uno de los procesados, el que esperó a sus dos
cómplices en la esquina de la casa de Gloria Iris el día en que se realizó el
atraco.
Las investigaciones de la Policía y de la Fiscalía señalan que Rivero actuó en
forma directa con Froilán Douglas Villalobos Chávez y Héctor Javier Cabrera,
quienes conformaban una banda de atracadores. Durante las investigaciones,
cuando Rivero estaba en la cárcel, enviaba a su esposa a la casa de Gloria Iris
para disculparse por lo que hizo. Argumentaba que él no sabía a quién estaban
asaltando. La víctima reconoció plenamente a sus verdugos en el tribunal de
justicia.
Al final, el tribunal de los jueces Gladys Alba y Luis Enrique Pérez condenó a
25 años de cárcel a Froilán Douglas Villalobos, a 13 años a Héctor Javier
Cabrera, y a Rivero le impuso seis años.
La historia cambió porque hace unos cinco meses Villalobos fue victimado en la
cárcel de Palmasola y nunca se conoció a los autores. Jorge Alfredo Rivero
escapó del penal aprovechando su condición de procurador. El único que permanece
en Palmasola es Héctor Javier Cabrera.
La sentencia fue ejecutoriada en la Suprema, que confirmó la actuación de los
jueces.
Hay mucha gente a quien agradecerle
Gloria Iris Rosales Montero reconoce la solidaridad de la gente pero tiene en
su lista a quienes hicieron suya la lucha por la vida.
Recuerda, entre ellas, a Ernesto Olmos Amelunge, un cruceño que radicó en España
y que en octubre pasado murió de cáncer. Por la guía de Olmos en España, Gloria
Iris encontró el hospital y rápido pudo obtener sus documentos, además de
encontrar solidaridad para la atención de su enfermedad.
También agredece a su abogado, Reymi Ferreira, a quien consideró un profesional
con principios porque la defendió gratis y luchó para que se haga justicia.
Recordó, asimismo, al fiscal Rolando Caicedo y a su asistente, Laura Céspedes.
Dijo que asumieron el verdadero rol de defender a la víctima, pese a las trabas
que a cada momento se presentaban.
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