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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 04, Enero de 2005

../images/blanco.gif ‘¿Podremos vivir juntos?’



Susana Seleme Antelo

Apenas iniciado el año 2005, el título de esta nota lo tomo de un libro del sociólogo francés Alain Touraine en el que intenta escapar a la disyuntiva entre el modelo uniforme de la globalización, que ignora la diversidad frente a las comunidades y regiones que pretenden afirmar su identidad.
Con ese planteamiento vuelvo a las autonomías. ¿Podremos conciliar las diferentes visiones que sobre ellas se presentan en el país o esas visiones son más bien antagónicas? Algunas rechazan el referéndum departamental por autonomía, con el argumento de que el tema debe ser discutido en la Asamblea Constituyente, donde, aseguran, las autonomías serán rechazadas porque van contra la unidad de Bolivia.
Otras visiones recurren al manido argumento de que son el nuevo pretexto de los sectores de poder, al que se suman algunos oportunistas. Según estos detractores, las oligarquías, los grupos de poder y las logias locales quieren la autonomía para usufructuar de los beneficios presentes y futuros de la explotación de todos los recursos naturales regionales, que pertenecen al Estado. ¡Qué simplismo, cómo si el Estado no fuera la concentración de los intereses no siempre convergentes de las clases dominantes! ¡Cómo si hasta hoy ese Estado no hubiera sido manejado por oligarquías mineras, grupos de poder económicos y clasistas que depredaron los recursos naturales de Bolivia a su libre y centralista arbitrio! Ése es el centralismo que las autonomías pretenden corregir, y no reproducir en los niveles departamentales.
La geografía de Bolivia la conforman espacios diversos, heterogéneos y complejos que son las regiones y que coinciden con las realidades departamentales. Pero ¡eureka! no son espacios vacíos. Están poblados por una diversidad de seres sociales y sus no menos diversos orígenes étnicos y culturales; distintas relaciones socioeconómicas; pertenencias de clase y prácticas políticas diferentes, amén de sus también múltiples tensiones, hasta encontronazos, frente a los poderes locales y al poder central.
De ahí que el tema de las autonomías es una cuestión regional de naturaleza política, expresada en la relación centro - periferia o entre la región y el Estado. Es un concepto ‘sociogeopolítico’.
En ese marco, la centralización es el objetivo estratégico de un Estado moderno, es su presencia política e institucional y la ocupación total del espacio físico estatal aún pendiente en Bolivia. El centralismo, en cambio, es la burocracia central ineficiente y negligente; es la impotencia estatal para contener al ser social en su fértil diversidad. La descentralización, insuficiente ya para gestionar los múltiples intereses regionales, es la antítesis del centralismo.
La autonomía que reivindica Santa Cruz y quienes honestamente la apoyamos, no es fiebre separatista ni pretensión de desintegrar Bolivia. Esta autonomía no es narcisismo complaciente por los éxitos regionales de apenas las últimas décadas, ni egoísmo que olvida a las regiones menos favorecidas, excluidas o ignoradas por el centralismo. Tampoco es amenaza de declararnos otra nación, como reta Felipe Quispe ni como quieren otros.
Si somos capaces de eliminar la disyuntiva ‘o ustedes o nosotros’, de reconocer y aceptar que somos diversos pero no antagónicos, el 2005 y muchos años más podremos vivir juntos, ¡claro que sí!

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