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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 03, Enero de 2005
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En las faldas del Amboró se teje una catástrofe
Producción. Los campos de Santa Rosa ya no son tan fértiles como años antes, cuando el Amboró aún estaba intacto
Roberto Navia Gabriel
Deforestación. Los efectos de los chaqueos ocultos en el
corazón del Parque Nacional los están viviendo los que habitan en los valles
cruceños. El primer síntoma a la vista es la sequedad de los ríos y arroyos
El Parque calma la sed del agro y del turismo
Los militares ya no patrullan los rincones del Parque Amboró.
De la noche a la mañana llegaron para luchar contra los chaqueos. Entraron en
tropas, han llegado hasta donde los árboles estaban caídos. Destruyeron las
casitas de hule sin gente y arrancaron las plantas de maíz y locoto. Pero se han
cansado y se han ido.
Sucedió hace poco más de una semana, después de que el Ministerio de Desarrollo
Sostenible se enteró de que los avasallamientos avanzaban a paso de gigante.
Por eso mandó una comitiva uniformaba y dispuso que apaguen los focos de
desmontes. Ahora que ya no están los militares, dice un guarparques, los Sin
Tierras se sacuden el susto que les provocó la presencia militar, pero
lamentablemente las heridas de los desmontes siguen intactas y no se cerrarán
por lo menos en los próximos 50 años.
Mientras la vegetación trate de cubrir los espacios en blanco que dejaron los
avasalladores, decenas de poblaciones que fueron fundadas en las faldas de la
reserva forestal, o cerca de ella, han empezado a sentir los efectos de una
devastación forestal que se consume en el Amboró desde hace más de una década.
El arquitecto Sergio Antelo ya lo había anticipado: “La destrucción sistemática
del parque Amboró, milímetro a milímetro y año tras año de parte de sus
depredadores, va destruyendo uno de los ecosistemas más complejos del mundo, ya
que de sus cumbres se forman hilos de agua que después se convierten en
quebradas, ríos de montañas y vertientes caudalosas que dan vida a centenares de
miles de familias que tienen como única fuente de ingreso la agricultura. La
utilización de tierras no aptas para la agricultura y la consecuente
deforestación de las nacientes de cuencas hidrográficas, acabará convirtiendo
nuestro clima en un infierno, nuestras tierras en un desierto y nuestro pueblo
en una sociedad rumbo al exilio, por la falta de condiciones materiales para su
sustento”.
Atizado por ese presagio apocalíptico, EL DEBER se dirigió a los valles
cruceños, donde muchos pobladores calman su sed y riegan sus cultivos con las
aguas que nacen en el interior del Amboró.
Las últimas lluvias que derramaron las nubes no pudieron camuflar del todo los
primeros síntomas de los chaqueos que incluso han llegado al corazón del Parque:
La Playa y Puesto Banegas.
“Hasta hace un mes, el río de Los Negros estaba casi seco. Apenas se podía
conseguir agua para beber. Las mujeres no encontraban dónde lavar la ropa”, dice
un grupo de pobladores de Los Negros, a 50 Km de Samaipata.
No quieren decir sus nombres porque afirman que la presencia militar alteró a
los autores de los chaqueos en el Amboró y que cualquier cosa que se diga en
contra de ellos puede ser utilizado como un motivo de amedrentamiento.
Pero las pruebas están ahí y los comunitarios de Los Negros no necesitan más
recurso para probar sus denuncias: la tierra, que hasta hace cinco años era
pródiga, está ‘tacañeando’ los nutrientes a los cultivos de papa, maíz, tomate y
plantas frutales. Cada vez se cosecha menos.
Lo que sucede, dice una alta fuente de Pampa Grande, otra población afectada, es
que la tierra, por más buena que sea, no puede producir a raudales si le falta
agua.
Cuando se habla del movimiento Sin Tierra, surge un ambiente de tensión en los
valles cruceños, desde Samaipata hasta Agua Clara.
Por su parte, en el Servicio Nacional de Áreas Protegidas y en la
Superintendencia de Medio Ambiente, informan que se está haciendo un trabajo
coordinado para proteger el Amboró de los avasalladores. Cuando se quiere
averiguar quiénes son los chaqueadores, la gente de los valles cruceños, calla.
El reto mundial será
conseguir agua
- Dos mil millones de personas sufren por falta de agua. La
FAO, Jacques Diouf, ha pedido a la comunidad internacional que "colaboren en
la salvaguardia de la fuente de la seguridad alimentaria en nuestro planeta".
- Conseguir agua suficiente para la producción mundial de
alimentos es un reto colosal. La FAO estima que en los próximos 30 años será
necesario producir un 60 por ciento más de alimentos para nutrir a la
población mundial en aumento.
- La mayor parte de este aumento tendrá que proceder de la
intensificación de la agricultura de regadío. Pero el agua escasea ya en
muchos países. En 2030 uno de cada cinco países en desarrollo tendrá escasez
de agua.
- Diversas regiones se enfrentan con graves problemas
hídricos. Algunos países de Oriente Próximo y África del Norte, así como del
sur y el este de Asia, utilizan más aguas subterráneas que las que se
reaprovisionan.
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