Reina la calma en El Paila y la Policía alista
un nuevo relevo
Turno. Tras seis horas de guardia, los uniformados toman un descanso no sin antes servirse una tasa de café con pan
Hilton Heredia G.
El festejo de Año Nuevo fue para muchos muy triste. 5:30 de la mañana, el
operativo largo aliento no se detiene en la propiedad El Paila. El encargado de
la tropa (90 efectivos) y directo responsable de resguardar el orden en la zona,
Edwin Foronda, se sirve una taza de café y enciende un cigarrillo antes de
comenzar su jornada en pos de controlar cualquier avance de los avasalladores de
tierras.
La situación que se vive en El Paila por el momento es normal. Así lo evidenció
EL DEBER en una visita efectuada ayer al área donde permanecen 150
colonizadores, los mismos que exigen al Gobierno la dotación de 50 hectáreas por
familia para que abandonen el lugar.
"La Navidad y el Año Nuevo son días normales y de trabajo. Hasta el momento hubo
tres relevos y el lunes se viene otro. Nuestro fin es evitar más conflictos
entre propietarios y avasalladores, por ello estamos con equipo y armamento
policial”, dice Foronda, al tiempo de ventilarse con una toalla para quitarse
los mosquitos de la cara.
Así como él, la tropa hace lo propio, algunos utilizando repelente, otros
encendiendo una fogata, pero la mayoría con un cigarro en la boca para evitar
mayores picaduras de los mosquitos en la cara y las manos.
La figura se torna más dura por el calor imperante en la zona, y es que con 34 y
36 grados centígrados los efectivos tienen que hacer malabares para resguardar
el área.
El tema de la alimentación es también dramático, pese a que cada policía tiene
un viático. Antes de cada relevo, los efectivos tienen que realizar compras en
San Julián para proveerse de víveres, productos y bebidas.
En caso de faltar alimentos, se designa a un grupo de efectivos para que haga
las compras en el centro de abastecimiento más cercano, en este caso a unos 15
kilómetros de la propiedad. El desplazamiento de los policías se lo realiza con
el máximo cuidado para no provocar enfrentamientos con los colonizadores.
A tres semanas del conflicto, el operativo de largo aliento seguirá
disciplinadamente hasta que los avasalladores abandonen la propiedad.
Varios efectivos, principalmente del occidente, revelaron que aún persiste el
peligro en la zona, toda vez que nadie sabe cuándo pueden avanzar los
avasalladores ni tampoco cuándo puede surgir otra vez la violencia.
A ello se suma el problema de que algunos efectivos fueron evacuados por
síntomas de infección estomacal y por picaduras de los mosquitos.
En el campamento militar, se vivió una noche de paz y tranquilidad el 31 de
diciembre, ya que el cumplimiento del deber no les permitió festejar en el
predio, sino por el contrario siguieron resguardando el área; los colonizadores
la pasaron acompañados de sus respectivas familias.
A su turno, el director de Seguridad Ciudadana de la Prefectura, Jaime Escóbar,
resaltó la labor de los 90 efectivos del orden e hizo votos para que se
solucione el conflicto antes del mes de febrero.
Un Año Nuevo bajo el principio de camaradería
La Policía no puede descuidar la vigilancia en la propiedad y la relación que
los avasalladores tienen con las tierras. Así lo manifestaron los efectivos que
controlan la zona y el administrador del predio, Aurelio Mozza, los cuales a
diario tienen que prepararse su comida en forma personal pero todo bajo un
principio de camaradería.
Desayuno y almuerzo, todos tienen que alimentarse en el día, así lo ordena el
lema de los efectivos que comparten desde chozas, carpas y cigarrillos, entre
otros productos.
Similar actitud es adoptada por los trabajadores del predio de propiedad de la
empresaria Leny Landívar, que esperan la luz verde para arrancar la siembra de
arroz, soya, maíz y otros productos. Sin embargo, la espera será de por lo menos
tres meses hasta que cosechen su maíz.
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