img_logo.gif (2140 bytes)

img_arribadeber.gif (4941 bytes)

  • STAFF   COMENTARIOS   CONTACTARSE   

Noticias

Portada                 

Santa Cruz            

Seguridad             

Nacional               

Internacional          

Economía             

Deportes               

Sociales               

Escenas               

El Deber como tu Página de Inicio

btn_secciones.gif (615 bytes)

Editorial                

Opinión                 
Lectores               
Club de Lectores
Clima              

btn_suplementos.gif (615 bytes)

 

 

 

 


logo_brujula.gif (1087 bytes)

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 01, Enero de 2005

../images/blanco.gif¿Educación liberadora o educación alienante?



David del Campo C. ®® Reflexiones Pedagógicas III

Aún se suele escuchar el enunciado de marras que hizo correr mucha tinta en la década de los 70. Y, a la verdad, no era, ni es, para tanto habida cuenta que la educación integral como proceso dinámico permanente de realización de la persona humana de acuerdo a sus potencialidades, aptitudes y perfectibilidad no puede nunca ser alienante, es decir, que enajene, de por sí, las facultades naturales de la persona. Al contrario, por su propia índole, libera las capacidades, entre ellas la de ser libre, que subyacen en el ser haciéndolas aflorar a la vista de todos. Y en esto ha jugado siempre un papel preponderante la educación escolarizada, la escuela.
Decir hoy que la escuela de todos los tiempos tiene por objetivo principal mantener el ‘statu quo’ por la alienación de los educandos es una aberración porque significa negar la libertad innata, natural, de la persona que siempre es libre en su fuero interno. Asimismo, sería absurdo pensar que el maestro de base (que en primera y última instancia es quien hace la escuela), se sacrifica lo más mínimo al realizar su labor, por mantener el régimen de turno. ¿Y, acaso, no fue en la ‘escuela’ donde el hombre aprendió a ser revolucionario?...
Hoy, ese ‘espacio educativo’ ha crecido hasta ocupar la vida entera. Y el acceso a la información almacenada, clasificada y elaborada por las computadoras, hace que el proceso enseñanza-aprendizaje se haya facilitado de manera extraordinaria en todas las etapas del desarrollo natural humano.
Las seis técnicas básicas para el aprendizaje: acceso a la información, habilidad para razonar con claridad, habilidad de comunicar con eficiencia, habilidad para comprender el entorno, habilidad para comprender a la sociedad, y habilidad para conseguir el desarrollo personal se facilitan hoy enormemente a toda persona, cualquiera sea su edad y su grado de instrucción, por la ‘escuela paralela’ que nos ‘satura’.
En cambio, los cuatro aprendizajes fundamentales que habla en su informe a la Unesco Jacques Delors: “Aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas; y por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge los elementos de los tres anteriores”, reclaman a grito en cuello la vigencia de la escuela. Pero no de la escuela que Mariano Baptista quería librar a Bolivia que solamente da la ‘educación bancaria’, como la que fustigaba en su momento Paulo Freire, aquella escuela en la que enseñar se reduce a tratar de llenar recipientes vacíos (lo que, para colmo, tampoco se consigue).
Hoy, al servicio educativo de la escuela se pide mucho más: su objetivo académico primordial es ‘que el alumno aprenda a aprender’. Ése es el ‘quid’ de la cuestión para que la educación de la escuela sea realmente ‘liberadora’.

< Anterior ^Arriba


Portada | Internacional | Nacional | Santa Cruz  | Economía | Deportes | Sociales | Escenas
EditorialOpinión | Contactarse | Staff


© Copyright 2004, El Deber. Todos los derechos reservados.