Hacia la destrucción del Estado de derecho
Pablo E. Roca T.
Un gobierno débil que desahucia el Estado de derecho y premia
sistemáticamente el incumplimiento de la ley, está generando las bases para la
violencia, la liquidación del Estado nacional y el desencuentro entre los
ciudadanos. El barbado comentarista e historiador, seguro pasará a la historia y
será por haber propiciado este proceso de violencia y desintegración.
Collana, Pailas, etc., muestran la capacidad de destruir la confianza y el mismo
Estado nacional, por parte de quien debe construirla. ¡ Muchachos, ocupen
tierras donde sea, el Gobierno las expropiará y se las dotará! decía
irónicamente una comentarista de televisión al informar sobre las negociaciones
del Gobierno con los avasalladores de Pailas.
El orden, la legalidad, no son un producto natural sino algo creado
colectivamente y por tanto de carácter eminentemente social. El Estado se crea
por un pacto social y por el mismo se entrega al Ejecutivo el monopolio de la
violencia. La decisión firme y sistemática del Estado de guiarse por la norma en
todos los casos y aplicar sanciones al que las incumple, genera poco a poco la
conciencia o el convencimiento en la sociedad de que es mejor y más productivo
solucionar los conflictos en el marco de la ley. Por el contrario, si sabemos
que el incumplimiento de la norma es premiado, hará que todos presionen por sus
propios intereses individuales y liquiden el Estado.
Sabemos que en cualquier conflicto se expresan justamente desacuerdos sobre
visiones del mundo e intereses políticos que impactan sobre una porción
particular de la sociedad. El tipo de solución y, más precisamente, el camino
recorrido para llegar a ella, entonces será muestra de la calidad y la
orientación del trabajo de construcción del orden que anima a los sujetos que
participan en su tratamiento.
Bolivia cuenta con una buena ley agraria, la Ley INRA. El problema es que no la
aplicamos con autoridad, eficacia y en su esencia original; si así lo
hiciéramos, tendríamos tierra por demás y adicionalmente podríamos recaudar
impuestos agrarios para los municipios.
Por otra parte, sabemos por datos históricos y estadísticas nacionales, que la
distribución de la tierra no solucionará el problema de la pobreza. Las
estadísticas del INE nos muestran que la pobreza está concentrada en el campo. A
personas sin conocimientos técnicos a las que se les entregue la tierra, luego
destruir el recurso natural, lo malvenderán y seguirán el ciclo vicioso de la
pobreza.
En Bolivia no hemos comprendido que la riqueza no está necesariamente en los
recursos naturales, sino en el trabajo y en el conocimiento.
La pregunta es, ¿hacia dónde apunta el Gobierno o más bien, tiene con qué
apuntar?
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