Contra el imperio. Despidiendo a Susan Sontag
A los 71 años, una leucemia se llevó a Susan Sontag, una de las escritoras más contestatarias de las últimas décadas. En 2003 fue galardonada con el Príncipe de Asturias a las letras. Aquí reproducimos un fragmento de su discurso, además de algunos conceptos que virtió en su última obra, Ante el dolor de los demás
Susan Sontag
La concesión de un premio crea una situación inusitada. Quienes lo otorgan
están obligados a creer que su decisión ha sido la óptima. Quienes lo aceptan
están obligados a creer que se lo merecen. Estos discutibles supuestos son aún
más dudosos si el premio no se otorga a una actividad cuyo mérito puede medirse
con más o menos objetividad, como el deporte o la ciencia, sino al dominio de la
cultura, las artes y el pensamiento.
Cuando pienso en la literatura, en la infinitamente diversa aventura de afanarse
con el lenguaje para contar historias y transmitir el conocimiento profundo en
el que me he anclado, comprometido, durante toda mi vida como persona moral y
consciente, pienso en un amplia escala de valores que en realidad son metas o
modelos con los cuales juzgo mis actividades personales y literarias.
En un sentido, el empírico o fáctico, la literatura es la suma de todo lo
escrito y tenido por literatura. En otro sentido, el ideal, la literatura es la
suma de todo lo que mejora y hace más necesaria la actividad literaria.
Imaginemos la literatura como una utopía... un lugar en el que imperan los
modelos más encumbrados, casi inaccesibles. Esta es mi utopía. Aquí están los
modelos que infiero o me parece que sustentan la empresa de la literatura.
Uno. Las actividades literarias son una vocación ideal, una prerrogativa, más
que una simple profesión, que se sujeta a las nociones comunes de éxito y al
estímulo financiero. La literatura es, en primer lugar, una de las maneras
fundamentales de nutrir la conciencia.
Dos. La literatura es una arena de logros individuales, de méritos individuales.
Esto implica que no se confieren premios y honores al escritor porque
representa, digamos, a las comunidades débiles o marginadas. Esto implica que no
se hace uso de la literatura o de los premios literarios para respaldar fines
ajenos a ella: por ejemplo, el feminismo. (Hablo como feminista.) Esto implica
que no se reparten recompensas a los escritores como medio de pagar consecutivo
tributo a la diversidad de las identidades nacionales.
Tres. La literatura es una empresa cosmopolita. Los grandes escritores son parte
de la literatura mundial. Deberíamos leer a través de las fronteras nacionales y
tribales: la gran literatura debería transportarnos.
Cuatro. Las pautas de excelencia literaria, en el seno de las literaturas en
todos los idiomas y en la gama entera de la literatura mundial, son una lección
cardinal sobre la realidad y la conveniencia de un mundo que aún es
irreductiblemente plural, diverso y variado.
Es posible exponer lo que denominamos modelos de un modo más enérgico (y acaso
más controvertido), como antipatías, como negativas. Así es que, para enunciar
de otra manera lo que acabo de decir:
Uno. Desprecio a los valores mercenarios.
Dos. Aversión a hacer uso instrumental de los escritores; por ejemplo, celebrar
a los autores sobre todo en calidad de representantes de comunidades que se
imaginan marginadas, con el fin de manifestarles su apoyo.
Tres. Cautela ante el filisteísmo cultural que se encubre con la aplicación de
los valores democráticos en materia literaria. Desconfianza permanente de las
afirmaciones nacionalistas y las lealtades tribales.
Cuatro. Eterno antagonismo contra las fuerzas represivas y la censura.
Estos son en efecto valores utópicos. No se han cumplido. Pero la literatura aún
los encarna. Aún estimulan a los escritores. Aún nutren a los verdaderos
lectores. Y es lo que celebra todo premio literario importante. Por estos
valores me honra que la Fundación Príncipe de Asturias me haya elegido como una
de las galardonadas con este destacado premio.
Sus ideas
En Ante el dolor de los demás, el último libro publicado por Susan Sontag a
principios de año, la intelectual expuso algunos de los conceptos que la
definien como uno de los cerebros más críticos de su país. Su activismo político
la llevó a cargar contra George W. Bush -"ese señor horrible de Tejas"-, su
secretario de Estado -"un criminal de guerra"-, Silvio Berlusconi -"ese rico
tonto"-, contra Ariel Sharon, Gabriel García Márquez -por no criticar a Fidel
Castro-, contra el terrorismo etarra, o contra los medios de comunicación tras
el 11 de septiembre de 2001. También defendió a Salman Rushdie cuando fue
sentenciado a muerte por una ‘fatwa' del imam Jomeini tras publicar Versos
satánicos y arremetió contra el resto de los escritores por no salir en su
apoyo. Aquí algunos de sus conceptos:
Solución: La literatura
Aun reconociendo el valor del reporterismo de guerra, dijo que "la compasión es
el gran tema del libro". Y no creía que sean las fotos o las imágenes las que
puedan llevar a la gente el poder de compasión. "Tengo la impresión de que la
literatura ha ampliado mi capacidad de compasión", estimó, por su capacidad de
llevarnos a mundos diferentes, envolvernos en su contexto, y hacernos sentir
partícipes de una historia ajena.
Atentados del 11-s
También hubo momentos para el análisis del estado político mundial, algo que
Sontag nunca eludió, sino todo lo contrario. Sobre el 11 de Septiembre afirmó
que "no cambió el mundo, sólo a EEUU. El mundo no acaba de empezar, hay que
analizar el pasado". Añadió cómo es absurda la sorpresa que experimenta hoy el
pueblo norteamericano ante la fuerte resistencia que encuentran en Irak. Quizás
por la manipulación mediática, se creían aquello de que iban a ser recibidos
como los grandes liberadores, algo que el bloque europeo tenía muy claro que no
iba ocurrir.
"Su nula comprensión del contexto histórico a diferencia de los europeos, les
impedía entenderlo" a lo que añadió: "la administración Bush nunca reconocerá su
error".
El dolor en carne propia
En Ante el dolor de los demás la escritora cuenta sus experiencias en la
cobertura periodística que hizo de la última guerra de los Balcanes. Trabajó
allí tres años y la mayor parte de ese tiempo la pasó encerrada en el hotel
Holiday Inn, el único de toda la ciudad que funcionaba. Cuenta, además, que
había puestos de francotiradores a cuatro cuadras de su hotel. Afirmaba que para
imaginar lo que fue Sarajevo había que multiplicar a Bagdad por 500. "No había
vida normal. No había agua, no había electricidad, no había teléfonos, las
escuelas estaban cerradas. Se estaba bajo continuo bombardeo", recordaba.
La política estadounidense
La voz firme de Sontag habló una y otra vez de su desprecio hacia George W.
Bush. "Es muy estúpido, pero él no es la persona que hace la política, tiene
gente que le rodea que es muy inteligente y que sabe exactamente lo que hace",
declaraba Sontag en medio del conflicto de Irak, en el que mantuvo una postura
activa y crítica constante.
"¿Se dan cuenta de que Estados Unidos no quiere firmar acuerdos internacionales,
ni medioambientales ni de nada, para no limitar su libertad?", preguntaba en
cada rueda de prensa donde era llamada. "¿Sabe alguien que sólo el 20% de la
población estadounidense votó por el actual presidente?". Sin duda, Sontag no
tenía miedo a destapar la verdad. Su valentía y lucidez le valió recibir varios
premios.
Contra Bush y Sadam
El criticismo de esta escritora no se resume sólo a los momentos de abuso de
poder de EEUU, sino que su coherencia se mantiene aún cuando es su país el que
resulta dañado.
Así, tras los atentados del 11-S sostuvo que debía reflexionarse sobre por qué
había sucedido algo así.
Apostaba por entender la agresión, por buscar las causas de la misma. Esta
postura le valió durísimas críticas en su país; el precio de la honestidad.
Su compromiso con los conflictos políticos que adornan este mundo la llevó a
arriesgar su vida y vivir varios años en Sarajevo apoyando la causa bosnia en la
guerra. No obstante, en el caso de Irak se mantuvo fuera del terreno, pues en
ningún momento dejó de criticar la crueldad y el horror de Saddam Hussein.
Increíble pero cierto: una norteamericana contra Bush y contra Sadam.
Autora de ensayos como Contra la interpretación o La enfermedad como metáfora,
Sontag no creía que gente como ella sean las últimas voces críticas: "Es tan
fácil y complaciente para la gente vieja decir eso, somos los últimos. No es
verdad, el trabajo ahora es asegurarse, escribir y luchar para que haya más
voces críticas".
Obituarios
La mujer más inteligente
Carlos Fuentes
Sontag fue la mujer más inteligente que conocí en mi vida. Ella fue a Vietnam y
denunció la aventura estadounidense en ese país. También estuvo en Sarajevo,
exponiendo su vida. Fue, asimismo, la primera intelectual (de EEUU) que denunció
la guerra bárbara que emprendió la pandilla de George Bush desde la Casa Blanca
contra Afganistán e Irak. Susana era una intelectual muy completa, ante todo una
mujer de enorme inteligencia y de gran brillo en todo lo que hacía. La extraño
mucho y nos va a hacer mucha falta en el mundo que vivimos.
Cuando la conocí vi el ancla profunda y poderosa de su enorme capacidad para
llegar con entereza intelectual a los dominios compartidos: la comunidad, la
sociedad, la polis, los otros.
Parecía una heroína bíblica. Muy alta. Muy morena. Larga cabellera negra.
Sonrisa como un regalo -que no una concesión- de su fundamental seriedad. Ojos
negros y perpetuamente interrogantes. Y el cerebro más rápido e intransigente
que me ha cabido, en vida, conocer.
Revitalizó el ensayo
Carlos Monsiváis
Carlos Monsiváis, por su parte, consideró que "en un momento en que el ensayo
carecía de relevancia, Sontag hace notar el brillo en la mirada aguda, en la
intensidad intelectual y el valor de las ideas". Los libros de Susan Sontag son
impresionantes por la inteligencia, la lucidez, la manera exhaustiva en que
aborda los temas, se trate del cine de Godard, el teatro europeo o el
pensamiento de Cioran.
Era una prosista magnífica, una escritora legible que valora las ideas por sobre
todas las cosas. Su crítica a Bush y al imperio norteamericano era de primer
orden. Es digna de destacar su actitud excepcional en la consideración de los
derechos de los palestinos y en su oposición a la barbarie que fue la invasión a
Irak.
EEUU perdió una Patriota
Günter Grass
Con la muerte de Susan Sontag se fue una gran patriota americana. Con mucho
valor y sin dejarse amedrentar por nada, Susan Sontag criticó las
irregularidades en su país y por eso fue atacada y ofendida.
Su patriotismo se exteriorizaba de esa manera, como también en su oposición a la
guerra de Irak, llevada a cabo con mentalidad de cruzado por la administración
Bush. Esto se merece un gran respeto. Cuando alguien no la comprendía, ella
aclaraba su posición en forma clara y tranquila. Algo así no se puede
reemplazar. Al margen de su actividad política, mucha gente no tomó en cuenta
que Susan Sontag era igualmente una gran escritora.
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