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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 01, Enero de 2005

../20050101/images/es3.jpgContra el imperio. Despidiendo a Susan Sontag


A los 71 años, una leucemia se llevó a Susan Sontag, una de las escritoras más contestatarias de las últimas décadas. En 2003 fue galardonada con el Príncipe de Asturias a las letras. Aquí reproducimos un fragmento de su discurso, además de algunos conceptos que virtió en su última obra, Ante el dolor de los demás


Susan Sontag

La concesión de un premio crea una situación inusitada. Quienes lo otorgan están obligados a creer que su decisión ha sido la óptima. Quienes lo aceptan están obligados a creer que se lo merecen. Estos discutibles supuestos son aún más dudosos si el premio no se otorga a una actividad cuyo mérito puede medirse con más o menos objetividad, como el deporte o la ciencia, sino al dominio de la cultura, las artes y el pensamiento.
Cuando pienso en la literatura, en la infinitamente diversa aventura de afanarse con el lenguaje para contar historias y transmitir el conocimiento profundo en el que me he anclado, comprometido, durante toda mi vida como persona moral y consciente, pienso en un amplia escala de valores que en realidad son metas o modelos con los cuales juzgo mis actividades personales y literarias.
En un sentido, el empírico o fáctico, la literatura es la suma de todo lo escrito y tenido por literatura. En otro sentido, el ideal, la literatura es la suma de todo lo que mejora y hace más necesaria la actividad literaria. Imaginemos la literatura como una utopía... un lugar en el que imperan los modelos más encumbrados, casi inaccesibles. Esta es mi utopía. Aquí están los modelos que infiero o me parece que sustentan la empresa de la literatura.
Uno. Las actividades literarias son una vocación ideal, una prerrogativa, más que una simple profesión, que se sujeta a las nociones comunes de éxito y al estímulo financiero. La literatura es, en primer lugar, una de las maneras fundamentales de nutrir la conciencia.
Dos. La literatura es una arena de logros individuales, de méritos individuales. Esto implica que no se confieren premios y honores al escritor porque representa, digamos, a las comunidades débiles o marginadas. Esto implica que no se hace uso de la literatura o de los premios literarios para respaldar fines ajenos a ella: por ejemplo, el feminismo. (Hablo como feminista.) Esto implica que no se reparten recompensas a los escritores como medio de pagar consecutivo tributo a la diversidad de las identidades nacionales.
Tres. La literatura es una empresa cosmopolita. Los grandes escritores son parte de la literatura mundial. Deberíamos leer a través de las fronteras nacionales y tribales: la gran literatura debería transportarnos.
Cuatro. Las pautas de excelencia literaria, en el seno de las literaturas en todos los idiomas y en la gama entera de la literatura mundial, son una lección cardinal sobre la realidad y la conveniencia de un mundo que aún es irreductiblemente plural, diverso y variado.
Es posible exponer lo que denominamos modelos de un modo más enérgico (y acaso más controvertido), como antipatías, como negativas. Así es que, para enunciar de otra manera lo que acabo de decir:
Uno. Desprecio a los valores mercenarios.
Dos. Aversión a hacer uso instrumental de los escritores; por ejemplo, celebrar a los autores sobre todo en calidad de representantes de comunidades que se imaginan marginadas, con el fin de manifestarles su apoyo.
Tres. Cautela ante el filisteísmo cultural que se encubre con la aplicación de los valores democráticos en materia literaria. Desconfianza permanente de las afirmaciones nacionalistas y las lealtades tribales.
Cuatro. Eterno antagonismo contra las fuerzas represivas y la censura.
Estos son en efecto valores utópicos. No se han cumplido. Pero la literatura aún los encarna. Aún estimulan a los escritores. Aún nutren a los verdaderos lectores. Y es lo que celebra todo premio literario importante. Por estos valores me honra que la Fundación Príncipe de Asturias me haya elegido como una de las galardonadas con este destacado premio.
Sus ideas
En Ante el dolor de los demás, el último libro publicado por Susan Sontag a principios de año, la intelectual expuso algunos de los conceptos que la definien como uno de los cerebros más críticos de su país. Su activismo político la llevó a cargar contra George W. Bush -"ese señor horrible de Tejas"-, su secretario de Estado -"un criminal de guerra"-, Silvio Berlusconi -"ese rico tonto"-, contra Ariel Sharon, Gabriel García Márquez -por no criticar a Fidel Castro-, contra el terrorismo etarra, o contra los medios de comunicación tras el 11 de septiembre de 2001. También defendió a Salman Rushdie cuando fue sentenciado a muerte por una ‘fatwa' del imam Jomeini tras publicar Versos satánicos y arremetió contra el resto de los escritores por no salir en su apoyo. Aquí algunos de sus conceptos:
Solución: La literatura
Aun reconociendo el valor del reporterismo de guerra, dijo que "la compasión es el gran tema del libro". Y no creía que sean las fotos o las imágenes las que puedan llevar a la gente el poder de compasión. "Tengo la impresión de que la literatura ha ampliado mi capacidad de compasión", estimó, por su capacidad de llevarnos a mundos diferentes, envolvernos en su contexto, y hacernos sentir partícipes de una historia ajena.

Atentados del 11-s
También hubo momentos para el análisis del estado político mundial, algo que Sontag nunca eludió, sino todo lo contrario. Sobre el 11 de Septiembre afirmó que "no cambió el mundo, sólo a EEUU. El mundo no acaba de empezar, hay que analizar el pasado". Añadió cómo es absurda la sorpresa que experimenta hoy el pueblo norteamericano ante la fuerte resistencia que encuentran en Irak. Quizás por la manipulación mediática, se creían aquello de que iban a ser recibidos como los grandes liberadores, algo que el bloque europeo tenía muy claro que no iba ocurrir.
"Su nula comprensión del contexto histórico a diferencia de los europeos, les impedía entenderlo" a lo que añadió: "la administración Bush nunca reconocerá su error".

El dolor en carne propia
En Ante el dolor de los demás la escritora cuenta sus experiencias en la cobertura periodística que hizo de la última guerra de los Balcanes. Trabajó allí tres años y la mayor parte de ese tiempo la pasó encerrada en el hotel Holiday Inn, el único de toda la ciudad que funcionaba. Cuenta, además, que había puestos de francotiradores a cuatro cuadras de su hotel. Afirmaba que para imaginar lo que fue Sarajevo había que multiplicar a Bagdad por 500. "No había vida normal. No había agua, no había electricidad, no había teléfonos, las escuelas estaban cerradas. Se estaba bajo continuo bombardeo", recordaba.

La política estadounidense
La voz firme de Sontag habló una y otra vez de su desprecio hacia George W. Bush. "Es muy estúpido, pero él no es la persona que hace la política, tiene gente que le rodea que es muy inteligente y que sabe exactamente lo que hace", declaraba Sontag en medio del conflicto de Irak, en el que mantuvo una postura activa y crítica constante.
"¿Se dan cuenta de que Estados Unidos no quiere firmar acuerdos internacionales, ni medioambientales ni de nada, para no limitar su libertad?", preguntaba en cada rueda de prensa donde era llamada. "¿Sabe alguien que sólo el 20% de la población estadounidense votó por el actual presidente?". Sin duda, Sontag no tenía miedo a destapar la verdad. Su valentía y lucidez le valió recibir varios premios.
Contra Bush y Sadam
El criticismo de esta escritora no se resume sólo a los momentos de abuso de poder de EEUU, sino que su coherencia se mantiene aún cuando es su país el que resulta dañado.
Así, tras los atentados del 11-S sostuvo que debía reflexionarse sobre por qué había sucedido algo así.
Apostaba por entender la agresión, por buscar las causas de la misma. Esta postura le valió durísimas críticas en su país; el precio de la honestidad.
Su compromiso con los conflictos políticos que adornan este mundo la llevó a arriesgar su vida y vivir varios años en Sarajevo apoyando la causa bosnia en la guerra. No obstante, en el caso de Irak se mantuvo fuera del terreno, pues en ningún momento dejó de criticar la crueldad y el horror de Saddam Hussein. Increíble pero cierto: una norteamericana contra Bush y contra Sadam.
Autora de ensayos como Contra la interpretación o La enfermedad como metáfora, Sontag no creía que gente como ella sean las últimas voces críticas: "Es tan fácil y complaciente para la gente vieja decir eso, somos los últimos. No es verdad, el trabajo ahora es asegurarse, escribir y luchar para que haya más voces críticas".

Obituarios

La mujer más inteligente
Carlos Fuentes

Sontag fue la mujer más inteligente que conocí en mi vida. Ella fue a Vietnam y denunció la aventura estadounidense en ese país. También estuvo en Sarajevo, exponiendo su vida. Fue, asimismo, la primera intelectual (de EEUU) que denunció la guerra bárbara que emprendió la pandilla de George Bush desde la Casa Blanca contra Afganistán e Irak. Susana era una intelectual muy completa, ante todo una mujer de enorme inteligencia y de gran brillo en todo lo que hacía. La extraño mucho y nos va a hacer mucha falta en el mundo que vivimos.
Cuando la conocí vi el ancla profunda y poderosa de su enorme capacidad para llegar con entereza intelectual a los dominios compartidos: la comunidad, la sociedad, la polis, los otros.
Parecía una heroína bíblica. Muy alta. Muy morena. Larga cabellera negra. Sonrisa como un regalo -que no una concesión- de su fundamental seriedad. Ojos negros y perpetuamente interrogantes. Y el cerebro más rápido e intransigente que me ha cabido, en vida, conocer.

Revitalizó el ensayo
Carlos Monsiváis

Carlos Monsiváis, por su parte, consideró que "en un momento en que el ensayo carecía de relevancia, Sontag hace notar el brillo en la mirada aguda, en la intensidad intelectual y el valor de las ideas". Los libros de Susan Sontag son impresionantes por la inteligencia, la lucidez, la manera exhaustiva en que aborda los temas, se trate del cine de Godard, el teatro europeo o el pensamiento de Cioran.
Era una prosista magnífica, una escritora legible que valora las ideas por sobre todas las cosas. Su crítica a Bush y al imperio norteamericano era de primer orden. Es digna de destacar su actitud excepcional en la consideración de los derechos de los palestinos y en su oposición a la barbarie que fue la invasión a Irak.

EEUU perdió una Patriota
Günter Grass

Con la muerte de Susan Sontag se fue una gran patriota americana. Con mucho valor y sin dejarse amedrentar por nada, Susan Sontag criticó las irregularidades en su país y por eso fue atacada y ofendida.
Su patriotismo se exteriorizaba de esa manera, como también en su oposición a la guerra de Irak, llevada a cabo con mentalidad de cruzado por la administración Bush. Esto se merece un gran respeto. Cuando alguien no la comprendía, ella aclaraba su posición en forma clara y tranquila. Algo así no se puede reemplazar. Al margen de su actividad política, mucha gente no tomó en cuenta que Susan Sontag era igualmente una gran escritora.

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