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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 01, Enero de 2005

../20050101/images/es2.jpgTras las huellas de Rafael barrett


Anarquista. Barrett está sentado y rodeado de sindicalistas. La foto se tomó en 1910 y fue donada por su viuda a Miguel Ángel Fernández


Mónica Heinrich V.

El olvido cobijó en sus brazos al escritor Barrett. Hoy existe un movimiento que intenta develar su riqueza narrativa y su calidad humana ante el mundo. Líber Forti, Miguel Ángel Fernández y Gregorio Morán recorren ese camino cargado de nostalgias y recuerdos. La obra del español continúa imperturbable en el tiempo

En 1917, Jorge Luis Borges le escribió a su amigo Roberto Godel: “...te pregunto si no conoces a un gran escritor, Rafael Barrett, espíritu libre y audaz. Con lágrimas en los ojos y de rodillas te ruego que cuando tengas un nacional o dos que gastar, vayas derecho a lo de Mendesky o a cualquier librería y le pidas al dependiente que te salga al encuentro un ejemplar de Mirando la vida...". Si Godel lo hizo o no, es un misterio, pero la intensa admiración de Borges por Barrett ya es parte de la historia.
El argentino no ha sido el único que cayó bajo el embrujo de las letras barrettianas. Escritores latinoamericanos y europeos descubren poco a poco el universo que Barrett tejió a lo largo de su corta pero tormentosa existencia.

Ser o no ser, Ésa es la cuestión
Los movimientos que impulsan al redescubrimiento de ‘el paraguayo más paraguayo’ comienzan a cobrar fuerza. La consigna es una sola: que se conozca a Rafael Barrett.
Bajo ese marco, el centenario de la llegada de Barrett a Paraguay fue motivo suficiente para que se congregaran parte de los más acérrimos barrettianos. La cita fue en el centro cultural español Juan de Salazar. Miguel Ángel Fernández (editor filológico de las obras de Barrett) hizo el papel de anfitrión y recibió a Augusto Roa Bastos (escritor) , Gregorio Morán (escritor y periodista) y Erid Caballero (historiador). Líber Forti (director de teatro), por motivos de salud no pudo llegar hasta sus amigos, pero estuvo presente en corazón y a través de una carta dirigida a Roa Bastos.
La figura de Barrett se presta al más riguroso análisis. Nacido en España, adoptado más tarde por Paraguay, alcanzó su mayor desarrollo literario en el país guaraní. Es ahí donde surgieron El dolor paraguayo, Mirando vivir y Moralidades actuales, entre otros. Su posición de periodista y escritor le sirvió para elevar las voz por los menos afortunados. El anarquismo fue la corriente a la que se adhirió con entusiasmo.
Fernández considera que Barrett se vuelve anarquista porque considera al anarquismo como la extrema izquierda del alud emancipador. La influencia que tuvo en el país vecino es crucial para el desarrollo social paraguayo. “Yo diría que en el contexto histórico del Paraguay- liberales por un lado y nacionalistas por el otro- el pensamiento de Barrett introduce y produce una especie de fiebre epistemológica que permite ver la realidad de otra manera”, aseguró Fernández.
Para el editor, las letras paraguayas, y es más, las latinoamericanas, no serían iguales sin el aporte del español-paraguayo . “Mediante el nuevo punto de vista que presentó, se tuvo una visión más crítica de la realidad social de nuestros países”, expresó.
Fernández está a cargo de la preparación de la edición crítica de las obras completas de Rafael Barrett, lo que significará un reconocimiento importante. La producción de Barrett ya está considerada un clásico, amén del olvido en que estuvo inmerso todo este tiempo.
“En estos días estuvo el escritor Gregorio Morán y coincidíamos en que Barrett es en la primera mitad del siglo XX, el periodista-escritor más importante que ha producido la lengua castellana”, indicó.
Fernández conoció a Barrett en los años 60 por recomendación de la escritora Josefina Plá. Quedó fascinado por el mundo que se develó ante sus ojos y se comprometió a impulsar su difusión.
La actividad divulgadora que lleva a cabo el editor, encontró eco en el escritor español Gregorio Morán. Morán emprendió un periplo que abarca los lugares por los que Barrett transitó y que se denomina ‘la ruta de Barrett’. A mediados de diciembre, el catalán llegó a Asunción con el objetivo de reunir material suficiente que le permita escribir un libro. El título, por el momento, es Buscando a Barrett, desesperadamente. Después de un mes, Morán retornará a España con nuevas experiencias. No sin antes visitar a su amigo Líber Forti.

Memoria del olvido
Es raro que Forti acceda a hablar largo y tendido con la prensa. Pero en este caso no se trató de una entrevista, sino de una conversación en la que Forti expresó sus motivaciones para seguir las pisadas de Barrett. A los 86 años se le escucha joven. Verborrágico y cálido, Forti se expresa con propiedad.
“Cuando yo tenía quince años en la biblioteca de mi padre me topé con Barrett. Me puse a leer porque estaba tan confuso ante las cosas que veía: las guerras, los golpes de estado, el hambre...yo trataba de comprender, porque en la escuela te enseñan que lo fundamental es comprender”, relató. Forti mismo, con el tiempo y las aguas, se dio cuenta que esa afirmación fue un error y que lo más importante era sentir.
Poco a poco le llegaron las cosas de la realidad del momento a través del filtro que Barrett le daba a las cosas. “Te las explicaba como haciéndote ver que eran crueles, malas, pero que en el fondo quienes las cometían no eran crueles, ni malos”, expresó el director de teatro. Forti aprovechó la reflexión para citar a Barret con aquella conocida frase de su obra El esfuerzo: “Todavía no hemos llegado a comprender, sólo hemos llegado a amar”.
A Forti alguna vez le preguntan si Barret era comprendido, él siempre responde: “No sé...yo lo que sé es que lo querían. Que yo lo quiero. Lo quieres hasta las lágrimas”, señaló con convicción.
Para él, Barrett es un espejo que refleja a distintas personas. Algunos sólo ven su ascendencia noble, otros rescatan su faceta artística, otros su capacidad crítica, etc. “Por eso los libros de él, circulaban por muchos lugares y se reproducían en los periódicos sindicales”, dijo.
Forti explica que la labor del arte es conmover y no convencer; por lo tanto la función primordial de la obra de Barrett es tocar la fibra más sensible del corazón humano y volcar la mirada hacia las injusticias sociales. “Lo importante es lograr que los libros de Barrett sean editados y puedan ser adquiridos por cualquiera. Queremos lograr la posibilidad de editar digitalmente sus libros a través de una página web”, manifestó.
A raíz de esta admiración incondicional, Forti se ha relacionado con otros barrettianos. Con Gregorio Morán fue a través de un artículo que éste escribió para La Vanguardia. Forti, conmovido por la nota, se contactó con Morán hasta que consiguió conocerlo. De ahí surgió una estrecha amistad que trae a Morán hasta Bolivia. “El azar ha contribuido mucho en el curso de mi vida”. Y fue el azar también el que puso su camino al lado del de Augusto Roa Bastos. En la época del golpe de estado al gobierno de Salvador Allende, Forti fue declarado desaparecido político. “Nos fuimos a Buenos Aires y Augusto también estaba como desaparecido. Esa noche se aclararon las cosas, hicimos una cena para que la gente vea que estábamos bien. Así fue como salimos a caminar hasta las cuatro de la mañana y hablamos de Barrett”, contó.
Consultado sobre si en la actualidad existe algún escritor que siga la línea contestaria de Barrett, Forti dijo con sencillez: “Yo creo que el que se le parece mucho es Rafael Barrett”.

Perfil

Escándalo y talento

Rafael Barrett (Torrelavega, 1876, Arcachon, 1910) nació en una buena cuna, tuvo una educación privilegiada, se relacionó con Maeztu y Valle-Inclán, y conoció los casinos de Francia y, en Madrid, las mujeres que merodeaban los altos salones literarios. Pero un altercado con un miembro de la nobleza le obligó a huir del país y recalar en América Latina donde, arruinado, abrazó la causa de los más débiles blandiendo su afilada pluma contra la injusticia social. En cierto modo su descenso a los infiernos de la miseria le permitió liberarse de una vida falsa y entregarse a la más noble y digna tarea de vivir para los otros. En el nuevo continente se hizo escritor, conoció el verdadero amor y la paternidad, pero, alcanzadas esas cimas, enfermó y murió a los 34 años sin disfrutar del reconocimiento en el país del que tuvo que escapar.

Barrettianos

Líber Forti

De Bolivia para el mundo

Nació el 19 de agosto de 1929. Llegó a Bolivia desde Argentina; sus padres eran inmigrantes italianos. Se refugió en Tupiza y allí creó Nuevos Horizontes, un grupo de teatro que hasta el día de hoy es una leyenda.
Además organizó un espacio que se llamó La Cueva, una casa donde se recibía con cariño al que lo pidiera y a la vez funcionaba como imprenta. En 1958 lo nombran asesor cultural de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (Fstmb) y se traslada a La Paz, dona la imprenta de La Cueva a la Fstmb y envía a recogerla, pero los tupiceños no aceptan que les quiten dicho patrimonio, ya que Líber dejó huella profunda en Tupiza.
Asumido como ‘anarquista’, a Líber no le gusta hablar de sí mismo y mucho menos dar entrevistas. Eso sí, es un buen conversador y aún mejor lector.
Su legado oscila entre su capacidad para esgrimir el teatro como agente social de cambio y la fuerte conciencia de ser humano que guía todas sus acciones. Actualmente tiene 86 años. Reside entre Cochabamba y Barcelona.

Gregorio Morán

Buscando a Barret

Nació en Oviedo en 1947. Es periodista de investigación y colaborador desde finales de los años setenta en distintos medios de comunicación.
En 1979 publicó la biografía Adolfo Suárez, historia de una ambición, a la que le siguieron obras como: El precio de la transición, Nunca llegará a Santiago, El Maestro en el erial, Ortega y Gasset y la cultura del franquismo, Llueve a cántaros y El viaje ruso de un vendedor de helados (Espasa Calpe, 2001).
Escribe regularmente para el diario La Vanguardia de Barcelona.
Sus artículos suscitan el interés de los lectores. Actualmente se encuentra en Sudamérica recogiendo material para un libro sobre Rafael Barret. El título tentativo de la obra sería Buscando a Barret, desesperadamente.
Escritor agudo y con una amplia capacidad de análisis, Morán despierta la admiración de sus contemporáneos que lo califican como uno de los mejores periodistas de investigación que tiene España.

Miguel Ángel Fernández

Divulgación barrettiana

Nace en Asunción en 1938. Poeta y crítico. Licenciado en Humanidades. Profesor de Literatura Hispanoamericana y de Lingüística y Semiótica en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción. Editor filológico de obras de Rafael Barrett, Hérib Campos Cervera, Josefina Plá, Augusto Roa Bastos, José Concepción Ortiz, Julio Correa y otros. Sus poesías han sido traducidas al francés, inglés, alemán y portugués. En colaboración con René Ferrer ha publicado en España una antología de poesía femenina paraguaya bajo el título de Poetisas del Paraguay (voces de hoy), Madrid, Torremozas, 1992. Es también autor de un opúsculo sobre el arte moderno en el Paraguay (Paraguay. Art in Latin America today, Washington, OEA, 1969) y ha publicado numerosos artículos sobre literatura, arte y temas ideológicos, sociales y políticos.

 

De Líber Forti para Roa Bastos

Querido amigo Augusto: Cómo íbamos a imaginarnos, aquella madrugada del año 1973, cuando por la avenida Callao, de Buenos Aires, caminábamos, charlando, bajo el embrujo de los recuerdos y el cariño común por ese extraordinario ser humano llamado Rafael Barrett, que hoy, 31 años después, estaría yo buscando comunicarme afectivamente contigo -y desde Cochabamba-, con motivo de la conmemoración del centenario de la llegada, a Asunción, del entrañable hermano nuestro.
¿Te acuerdas? caminábamos, además, en sereno y apasionado éxtasis, porque detrás nuestro venían custodiándonos nuestras compañeras.
¡¡¡Barrett!!! ¡¡¡Siempre Barrett!!! Ese insobornable, lúcido e inclaudicable combatiente del humanismo, la libertad y la justicia social. Tantas cosas nos han sucedido, al mundo y a nosotros, durante ese tiempo, querido Augusto.
Han caído muchos ismos y han nacido otros, tal vez más sutilmente terribles, atroces y globales que los que murieron.
A pesar de ello, a ti y a muchos, no nos han podido doblegar, ni nos doblegarán jamás; nuestra pasión por el hombre, el amor, la ternura, y la libertad, sigue florida. En eso también barrettianos hasta los tuétanos, querido hermano.
Mientras exista un átomo de amor en el planeta, los Yo-el-supremo, de todo tiempo y latitud, no podrán prolongar su estirpe predadora. Y el amor es inmortal. Eso lo aprendimos de vos, maestro guaranio-cervantino, a través de tus creaciones literarias y del corajudo compromiso que asumiste con tu pueblo.
Augusto-paraguayo-universal, digno y ejemplar discípulo de ¡Barrett! A través tuyo, rendimos homenaje al Paraguay, esa hermosa isla rodeada de tierra, como la definiera nuestro hermano Rafael, y te pedimos transmitas a todos los amigos presentes en el acto, un abrazo de fraternal ternura solidaria.
Rafael Barrett, a los 100 años de su llegada a Asunción, goza de plena salud, está vivo y vibrante. Por eso, creo que, en parte se ha cumplido la voluntad de nuestro hermano, cuando decía, esperanzado, de que en nuestro corazón sonría la aurora. Líber.

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