En ciertos círculos políticos cuyo
posicionamiento no admite dudas, se comenta justamente en estos días que hay en
marcha en el país una conspiración. Obviamente, el comentario malévolo, por lo
menos en cuanto a sus intenciones, apunta a Santa Cruz de la Sierra y a las
inquietudes cívico-regionales que se han puesto de manifiesto en el curso de la
semana que concluye.
Pues sí, también desde aquí coincidimos en que existe una conspiración, y nos
inclinamos a creer que, aunque no es nueva, está recibiendo insospechado aliento
de algunos altos niveles de la vida política boliviana, siempre tan enrevesada,
siempre tan incomprensible y marcada por la mezquindad y la miopía.
Pero contrariamente a lo que se ha estado pensando o a lo que se piensa o se
pueda pensar en los días venideros, la conspiración no parte desde Santa Cruz de
la Sierra, sino que está dirigida contra Santa Cruz de la Sierra. Un cúmulo de
cosas obliga a pensar que así es como se está planteando de verdad, la
situación.
En primer término, se da una capciosa, mal intencionada interpretación del
planteamiento autonomista cruceño. Planteamiento que, según consta a la
conciencia nacional, no es de ahora, es de medio siglo atrás, es más bien de
toda la vida republicana de Bolivia. De buena fe, y a lo largo de la historia lo
ha demostrado de manera incontrastable el pueblo de Santa Cruz de la Sierra, ha
creído en la fórmula de las autonomías, frente al fracaso consuetudinario del
centralismo secante que tiene al país como lo tiene y que ha ignorado fríamente
y con cálculo a sus regiones del Oriente en especial.
Nadie, desde estas latitudes, ha hablado de otra cosa que no sea de las
autonomías. Sin embargo, desde los altos centros de la conspiración contra Santa
Cruz de la Sierra, se pone en boca de nuestros líderes, de los cruceños en
general, los adjetivos de separatistas o el menos ultrajante de federalistas,
amén de otros como racistas, y hasta algunos más despectivos y agraviantes.
Cruda forma la que está adquiriendo la conjura, la conspiración. Se intenta, sin
compasión alguna, colocar a Santa Cruz de la Sierra entre la espada y la pared.
Se trata de enfrentar a este generoso crisol de bolivianidad que es toda la
Grigotania en su vasta extensión, con el país boliviano, al que nunca, en
cambio, se le han negado las leales devociones cruceñas.
Pero hay mucho más como parte de la conspiración. La demanda cruceña gira en
torno de las regalías que de manera legítima le corresponden como centro
productor de hidrocarburos. Regalías que las leyes de la república reconocen
expresamente, como de manera legítima se reconocen los ingresos propios de las
demás regiones. Regalías que fueron logradas a costa de sangre y de sudor.
Regalías de las que depende el presente y el futuro de esta tierra que tanto
sufrió por el atraso y las frustraciones reiteradas. Pues bien, los
conspiradores se han dado a la tarea de afilar lápices y de inventarse cifras
para demostrar que Santa Cruz de la Sierra es privilegiada, que acapara
excesivos recursos del tesoro de la nación, que vive en jauja en tanto otros
bolivianos languidecen y mueren a expensas de la miseria.
Si especie de esta naturaleza no responde a una conspiración anticruceña, a qué
sentimiento bastardo habrá que atribuirla.
Ya no hay “peladingos”
Tertuliador ®® Desde el mojón de
la esquina
Cambiamos tanto y en todas formas.
Cambiamos, manifiestamente, en nuestros modos de hablar.
Como si no nos diésemos cuenta de que justamente nuestros modos de hablar
definen la identidad con que nos echaron sobre la faz de esta tierra linda y
generosa.
Ya nos referimos, en anterior comentario, de la violenta suplantación del “vos”,
por el “tú” y por el “ti”.
Y del “sos” por el “eres”.
De tantas otras suplantaciones podríamos hacer mención.
Aceptando y adoptando las suplantaciones incurrimos en una penosa cursilería.
Ni un pelo de más culto tiene el cunumi pitaderby que se despacha con un “tú”
que el que se empeña en manejarse con el castizo “vos”.
***
Por obra de muchos cursis y de muchas cursis, ahora tenemos borradas formas
hablativas nuestras como “peladita”, “peladito”, “peladinga”. “peladingo”.
Ni siquiera hablamos de “pelada” o de “pela’o”.
Esas formas de expresión están en proceso de torpe suplantación.
Ahora la gente que se considera “fina”, vaya a saberse por qué, tuerce la boca.
Y habla de su “bebé”.
De su “beba”
De su “bebito” y de su “bebita”.
***
Prácticamente no hay día en que no nos enteremos de que una reina de belleza
está esperando su “bebé”.
O de que la campeona de boxeo tuvo su “beba”.
O de que la señora de nuestro compadre que vive por “La Codiciada” dio a luz una
preciosa “bebita”.
O de que el Mister Bigote 2004 va a ser padre de un robusto “bebito”.
Cuando dos comadres se encuentran en un “baby shower” ya no se preguntan “¿cómo
están tus pela’os?”.
La pregunta de cajón es hoy como sigue:
“¿Y tus bebitos ya empezaron a pedir que les compren un nintendo?
***
Pero todo sustituto es bueno.
Todo sustituto es mejor que aquello tan nuestro de pela’o, pelada, peladita,
peladingo.
Vale, por ejemplo, el “cómo está tu nena”.
O el “sigue gordito tu nene”.
O incluso el “se parece a ti, tu guagua”.
Todo, menos lo del “peladingo” que brotaba a nuestros abuelos y padres desde lo
más profundo de sus entrañas.