En este día de las mayores glorias regionales de
Santa Cruz de la Sierra, cómo no ensayar un rápido análisis de sus realidades
aún cuando éstas no sean todo lo bueno que de corazón deseáramos. Santa Cruz de
la Sierra, que tanto ha dado y que tanto da, no ha recibido a cambio en medida
proporcional. Esto es incuestionable aunque haya personas malintencionadas que
sostengan lo contrario.
Cuántos años, desde la conformación de la república, Santa Cruz de la Sierra fue
el blanco de la postergación injusta y del olvido ingrato. Confinada en la
inmensidad de sus selvas y de sus pampas soleadas, Santa Cruz de la Sierra era a
lo sumo la fuente de inspiración de los poetas y de los músicos no sólo
nacionales sino también extranjeros. A sus hermosas mujeres, a sus hombres
valientes y hospitalarios se les cantaba loas en cualquier circunstancia. Y el
canto de alabanzas alcanzaba a las palmeras airosas, al paúro, al guajojó, al
río Piraí y a la laguneta plácida de El Arenal.
Las penas y los dolores de esa Santa Cruz de la Sierra que languidecía y se
depauperaba en sus confines, medio era atenuada por esos cantos en que se ponía
de manifiesto su belleza natural y la bondad y la lealtad de sus habitantes
oriundos. El poder político y económico centralizado sólo reparaba en la región
alta de la república, a la que servía con esmero y a cuyo progreso ayudaba con
ejemplares devociones.
Y cuando no se le cantaba a los encantos naturales de la buena tierra grigotana,
se la ponía en evidencia para residenciar o extrañar a políticos desafectos de
los regímenes tortuosos de gobierno, para confinar a los más temidos
delincuentes. Santa Cruz de la Sierra pasaba a convertirse en algo así como el
depósito de la escoria de la política o del crimen. Dura la realidad, pero
realidad sin duda.
Llegaron a más todavía la injusticia y la discriminación malvada. Cuando esta
llanería dejó sentir su voz rebelde reclamando lo que en estricta justicia le
correspondía, se la calumnió, se le atribuyó propósitos espurios, se la vinculó
con afanes separatistas o alternativamente, anexionistas, con la presunta
complacencia de poderosos gobiernos vecinos. Para mayor baldón, en esas épocas
de infamia impune, un gobernante ensoberbecido al calor de las turbas
alcoholizadas llegó a concebir la idea de proporcionar cincuenta mil
salvoconductos para que los cruceños ‘separatistas’ salieran del país y no
regresaran nunca más. ¿De qué magnitud fue la ofensa inferida? No es difícil
imaginarlo.
Por menos, por mucho menos, otros distritos estuvieron en trance de promover una
desmembración territorial para integrarse a vecinos codiciosos. Santa Cruz de la
Sierra, en cambio, se mantuvo fiel a su vocación bolivianista que nunca supo de
sinuosidades.
Santa Cruz de la Sierra, que urbanística y económicamente no es aún lo que
debiera ser, es sin embargo la tierra de la buena cara, en que hay un abrazo
fraterno para acoger a los que llegan hasta aquí y una posibilidad abierta a los
que deciden cambiar de rumbos. Santa Cruz de la Sierra es la tierra crisol en
que se funde el nuevo hombre boliviano. Santa Cruz de la Sierra es el crisol
grande en que se funde la nueva Bolivia.
Santa Cruz de la Sierra ha cumplido con el país y así está reflejado en la
tranquilidad de la conciencia colectiva.
¿Le gusta Santa Cruz?
Oso Molino * ®® sonría “plis”
Felizmente, han estado llegando a nuestra ciudad,
artistas internacionales de nivel. Ello da la oportunidad a que las fans vean a
sus ídolos y haya alternativas de entretenimientos de alta calidad.
Pese a que nuestros visitantes son bien afinados en sus voces, los que desafinan
son algunos reporteros de la farándula que entre sus infaltables preguntas
están: ¿Le gusta Santa Cruz? ¿Qué opina de la gente? ¿Le gusta nuestra cerveza?
¿Conocía la yuca? Parecen preguntas que buscan la certificación de extranjeros,
sobre cómo lucimos y cómo somos. Parecería que es un síntoma de inseguridad de
lo que valemos y que buscan piropos engañosos. Por otro lado, nunca van a
encontrar las respuestas verdaderas, sino esas versiones cordiales que queremos
escuchar para engañarnos a nosotros mismos.
No puedo imaginarme que haya una entrevista, donde el ídolo de turno, responda
sin tapujos, nuestra realidad.
- ¿Contento de llegar a Santa Cruz?
- Más que contento, aliviado, porque he tenido que esperar horas de horas en el
aeropuerto de Panamá porque no hay mucho tráfico aéreo a Bolivia.
- ¿Le gusta la ciudad?
- Mire, desde el aire no se ve nada, acabo de llegar y no he visto mucho.
- ¿Pero de lo que vio, qué le pareció?
- Parece que es una ciudad bonita, pero con el humo no se ve nada.
- ¿Algo que le haya llamado la atención?
- Que no cuidan sus jardines, podrían tener lindos parques pero todo es monte.
- ¿Alguna característica especial?
- Es la única ciudad en el mundo que he visitado que no tiene aceras. El peatón
es la quinta rueda del carro.
- ¿Ha sentido ese aire tropical que tiene la ciudad?
- Lo que he sentido es una especie de tufo tropical. He pasado por la avenida
San Martín, parece que la gente se emborracha en las calles, tira botellas y las
estrella contra el pavimento.
- ¿Qué opina de la gente?
- Es amable con los extranjeros, pero al parecer no quiere a su ciudad. No
respetan semáforos, se estacionan en triple fila, no cuidan el ornato público.
- Usted que ha recorrido varias ciudades de Bolivia, ¿qué impresión se lleva?
- En La Paz llegué tarde al concierto, porque hubo bloqueo, vi cómo chicoteaban
a la gente en las calles; me parece, además de salvaje, folclórico, me morí de
frío, me faltó aire, Sucre es una hermosa ciudad pero hay construcciones nuevas
que están atentando contra el aspecto colonial de la ciudad, en Cochabamba todo
muy bonito, pero me robaron mi billetera, no pude ducharme por falta de agua y
aquí el concierto se atrasó una hora y nadie dijo nada.
- En síntesis…
- Quiero volver.
- ¿A Bolivia?
- No, quiero volver a mi país. Gracias.
Si alguien nos dice estas verdades, luego los medios televisivos atacarían al
artista porque no nos gusta escuchar verdades. Parecemos una quinceañera
engreída que sólo quiere que la piropeen para disimular su nariz de loro, su
joroba y su acné.
De lo que debemos estar seguros es que nuestra tierra es linda, pero está
descuidada y la gente es buena, pero tiene que hacer muchos esfuerzos por asumir
una cultura cívica real, cuidando las cosas que tiene su pueblo. Lo demás son
mentiras que cosechan las mismas y absurdas preguntas de siempre.
* Catedrático de Psiquiatría Urbana, autor del texto “La Inseguridad Ciudadana”
libro que no trata sobre la delincuencia sino de los inseguros que somos, pero
igual, maleantes no identificados hasta ahora se robaron el original de mi auto,
con mis gafas y mi dentadura postiza.