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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 28, Mayo de 2004  

>>    Nuestras plazas maltratadas

Nos dirán que eran otros tiempos, que por aquel entonces nuestra mentalidad pueblerina no daba para más. Seguramente tienen razón. De todas maneras, quién de nuestros jóvenes de la última mitad del siglo pasado no recuerda nuestra plaza principal 24 de Septiembre, con sus singulares y exquisitos encantos.
Punto obligado de encuentro de la gente cruceña era nuestra plaza principal, propiamente el corazón de la ciudad ñuflense. Nada de atractivo en su arquitectura, nada de atractivo en su ornato, en su jardinería. Pero vaya, ¡qué aire tan nuestro y tan auténtico el que se respiraba a pulmón pleno! De ello no se guarda lo debido en la memoria ciudadana.
Genuinas fiestas, genuinas fiestas del encuentro eran las de las noches de los días jueves y domingos o las de celebraciones religiosas, cívicas o de cualquier otra naturaleza. En pleno el vecindario congregado mientras la banda de músicos de la Policía de Seguridad, desde una pequeña glorieta, dejaba escuchar piezas de moda, del folclore popular, del internacional e incluso del género clásico, como para satisfacer los gustos más exigentes del conglomerado humano.
Cordialidad por doquier, respeto sin afectaciones, comportamiento civilizado intachable. Nuestra plaza 24 de Septiembre era el teatro en que los cruceños, hombres y mujeres de todas las edades, sacaban a relucir sus dones de grandes señores y de dignas mujeres.
Desde luego que también era nuestra plaza un verdadero muestrario de la reconocida y mentada belleza de nuestras mujeres, que no sólo deslumbraban con sus atributos físicos sino que además hacían gala de las finezas de su trato.
Por ser lo que era, por significar tanto en nuestra vida pública, la plaza principal 24 de Septiembre fue el escenario obligado de todas las santas manifestaciones de las rebeldías cruceñas, frente al olvido, el menosprecio, la frustración. Allí hicieron eclosión todas las inquietudes reivindicatorias de nuestros patricios, de nuestros jóvenes combatientes de entonces. Allí reventaron las semillas de las protestas legítimas y de los alzamientos contra las discriminaciones odiosas. Aunque hoy inadvertida, ni duda cabe que nuestra plaza principal 24 de Septiembre jugó un rol histórico en las lides cruceñistas que le abrieron cauce a las reparaciones que se nos debían largamente.
Nuestra plaza principal tenía una sola razón de ser y de existir. Venía a ser un auténtico santuario de las devociones cruceñas. Convergían en dirección de nuestra plaza principal todos los que nos considerábamos devotos de nuestras cosas, de nuestros credos. Y en la histórica plaza principal todos hablábamos con fuerza el mismo idioma.
¿Y por qué hoy no truena ni suena nuestra plaza principal 24 de Septiembre? Pues, porque como muchas otras, ya ha dejado de ser plaza. Se ha transformado en un mercado persa, en algo que nunca soñamos, siquiera, se pudiese dar, Es lugar de venta de comidas ligeras, de empanadas, de sandwiches, de refrescos, de cafecitos, de pipocas, de papas fritas y lo es también de chucherías mil, de artesanías, de chafalonías, de lo más insólito, en fin.
Jamás imaginamos, menos en estos años supuestamente de luces, que nuestra plaza principal terminaría avasallada por sus cuatro costados, a merced de comerciantes que improvisan tiendas según su gusto y sabor y que con sus desmanes han provocado la estampida del cruceño que hasta hace pocos años encontraba allí el espacio para el regodeo espiritual y para la tertulia castiza.
De las demás plazas, ni qué hablar. La suerte de éstas es tanto o más triste aún.



Analfabestias

Oso Molino * ®® “Sonría Plis”

Analfabestias del mundo, uníos:
A nombre de todos los letrados del pueblo, me permito invitarlos a la Feria Internacional del Libro. Yo sé que invitar a analfabestias a una feria del libro, es como invitar a los maestros a que no hagan paros o a que Filemón Escóbar no reparta sopapos.
La diferencia radica en que haciendo un esfuerzo y leyendo, uno la pasa de película y deja de ser un analfabestia, porque si un analfabeto no acude a una feria del libro es algo obvio, pero, uno que sabe leer no lee, se convierte automáticamente en un analfabestia.
No es difícil leer. Si empiezan a unir letra con letra, formarán palabras y uniendo palabras con palabras surgirán las ideas y con ellas se irán tejiendo cuentos, novelas, ensayos y así, el lector ingresa al mundo del conocimiento. Descubrirán por sí solos, la sabiduría que hay en cada libro y con la bombilla del interés podrán succionar la savia de la enseñanza y refrescar el abandonado tari que necesita que sus engranajes sean lubricados con el aceite de la cultura.
No puede haber una sociedad civilizada si sus habitantes no leen. Por eso ésta proclama, al grito de “agarremos los libros, que no muerden”, propone que le pongamos el mismo entusiasmo que le ponemos a las marchas y a los paros, a ver fútbol los hombres o a comparar zapatos las mujeres, a la hora de leer.
Compren libros para leerlos, no para decorar su casa. Ah! Y no compren libros chutos, porque los que escribimos ya no tenemos con qué llevar leche a nuestros hijos, desnutridos del siglo XXI, víctimas de la piratería de nuestros días.
Finalmente, aunque no compren libros, lleven a sus hijos a que conozcan lo que es una feria del libro, que vean donde están los estantes con ejemplares que cuentan tantas cosas y enseñan todo. Si usted es un analfabestia, no contagie a sus retoños y vacúnelos contra esa plaga, para que mañana tengamos generaciones más inteligentes y no como las actuales, tan llenos de nada y vacíos de todo. Por no leer, estamos huérfanos de líderes, pobres en ideas y tan michis en todo, que ni dirigentes deportivos semicapaces tenemos.
No deje de asistir a la Feria del libro y si la ansiedad del saber le ha abierto el apetito, en la puerta de la feria, hay unos pan de arroces con café batido de primera, que los hace mi prima. Con ella vamos en el negocio mitin mitin, porque estoy reuniendo unos quintos para publicar mi próximo libro, antes de que lo plagien y lo vendan por cuatro reales.
Al final de cuentas, “a falta de libros, buenos son los pan de arroces”. Ya lo dijo Platón, pero en griego, hace mucho tiempo.

* Autor de 15 sesudos libros, cuyo best seller titula A precio de gallina muerta, dramático relato que profundiza la odisea de un escritor que gasta mucho por editar sus obras y termina regalándolas en los cumpleaños de sus amigos, con dedicatoria incluida.

 

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