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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 27, Mayo de 2004

¡Qué regalo de la cigüeña!

 

Sorpresa. Siete madres, 24 hijos. La maternidad les llegó doble y hasta triple


Dica Rodríguez

Se puede decir mucho sobre la madre. Sobre la nuestra, la que nos dio la vida. Y sobre nosotras, las que fuimos bendecidas por Dios al convertirnos en mamás.
Los sacrificios son el pan de cada día, tanto para las madres como para los hijos. Pero ¡qué mejor regalo que una tierna sonrisa o una caricia sincera!
¿Quién no ha llorado a la par de su hijo sin saber qué lo aquejaba o no ha podido conciliar el sueño velando el suyo? ¿Y qué tal si el desvelo no es sólo por uno, sino por dos o tres bebitos?
De eso saben mucho nuestras siete invitadas que gestaron en sus vientres a un par o hasta un trío al mismo tiempo.
Confiesan que criar por partida múltiple es diferente pero maravilloso. Difícil pero gratificante. Al principio cuesta pero coinciden en que la clave está en la organización y el apoyo de la familia.
La recompensa llega cada día, disfrutando de sus logros, guiando sus pasos y aprendiendo de ellos.

 

Magaly Berthón de Gómez

Mis hijos fueron un regalo divino

Casada con Enrique Gómez Boland, tenía un hijo, Óscar cuando se hizo, sin éxito durante 10 años, muchos tratamientos para embarazarse de nuevo. Cuando dejó de intentarlo, Dios la bendijo por partida triple y le envió a José Enrique, Mario Javier y Patsy Cristina (9). Seis años después, para completar la familia, llegó Lucas (3). “Ha sido una experiencia maravillosa. Lo más difícil fue el primer año, cuando necesité mucha ayuda de personas especializadas (enfermeras, auxiliares). Fui tan caduca que el pediatra venía a mi casa”, recuerda.
Cuenta que sus hijos son muy unidos y solidarios, tanto que lloraba uno y los otros lo acompañaban. “Cada minuto es una experiencia nueva, ellos irradian tanto amor que no se puede precisar qué es lo más lindo. Dejé de trabajar, me dediqué por completo a ellos. Esa es mi mayor empresa, dedicarle a mis hijos todo mi tiempo”.

 

Patricia Jiménez de Romay

La familia nos permitió salir adelante

Para Patricia Jiménez y Róger Romay, sus trillizos Róger Sebastián, Cristian David y María Belén (4) han sido una experiencia maravillosa pero muy difícil, que pudieron llevar adelante gracias al apoyo de su familia.
“Gracias a Dios los niños despertaban uno por uno, era una ventaja porque me permitía atenderlos de manera personalizada aunque me pasaba la noche en vela”, comentó la mamá. El llanto solidario también lo vivió al igual que las enfermedades consecutivas. “Si se enferma uno, los otros se contagian. Es normal. Lo grave es que en ese estado sólo quieren la atención de la mamá”, afirma.
El premio a los sacrificios es verlos jugar, compartir. “Son tan unidos que se extrañan, se defienden. A pesar de que la naturaleza les ha dado una competencia sin elección, son muy unidos entre sí. No pueden estar separados”, dijo.

 

Jimena Vaca Díez de Roca

Una aprende a organizarse cuando son dos

Jimena Vaca Díez Méndez y José Luis Roca Pareja tienen tres hijos: José Luis (7) y los mellizos José Andrés y María Emilia (1 año y medio). “Una aprende a organizarse más cuando tiene dos de una sola vez. Se rige más a los horarios. Se requiere más tiempo pero si aprendés a educarlos es más fácil el trabajo. Les respeto todos sus horarios y duermen desde las 20:00 hasta el día siguiente. Con el primero me desvelaba todas las noches”, recuerda.
Cree que lo más difícil para toda madre es dejar a sus hijos para irse a trabajar. “Desprenderse es grave”.
Jimena cuenta que sus mellizos son tan compañeros que se extrañan, se hablan desde que despiertan, se hacen compañía, se entretienen. “Lo más lindo es cuando están los tres conmigo en la cama, tratando de acostarse, peleándose por mí, o cuando se pelean por las caricias, el adulo”.

 

 

Verónica Virreira de Brichey

Los he criado para que sean independientes

Tenía a Juan Ernesto de un año y pocos meses cuando se enteró de que estaba nuevamente embarazada. Pero la ‘gran noticia’ de que serían dos llegó al quinto mes de embarazo. Para Verónica Virreira y su esposo Ernesto Brichey fue una sorpresa. “Daniel y Diego (12), llegaron como dicen, con la marraqueta bajo el brazo, porque gracias a esos tres años que tuve que estar encerrada, pude empezar a pintar”, asegura. Virreira considera que lo más difícil fue volverlos tan independientes que les permitiera valerse por sí mismos para tener ella la opción de seguir estudiando y trabajando. “Ellos saben que los domingos me tienen que atender a mí. Uno tiene que enseñarles a pescar, no darles el pescado”, aclara.

 

 

Tatiana Limpias de Tarabillo

Ha sido doble bendición

Su primer embarazo vino doble. Juan Guillermo y Juan Ricardo (13) son idénticos y muy unidos. Están desde el año pasado en Dallas, jugando fútbol gracias a una beca deportiva. “Son conocidos como los bolivianos Tarabillo, son estrellas allá”, comenta orgullosa Tatiana Limpias que junto a su esposo, Ricardo Tarabillo, no les fue nada fácil separarse de ellos. “Pero era una gran oportunidad y lo más importante que ellos lo querían”, dijo.
Además de los gemelos, Tatiana tiene a Nicolás (7).
“Fue duro pero hermoso. Es una experiencia lindísima. Duro porque hasta los ocho meses me desvelé con ellos que tomaban leche cada hora, bajé 14 kilos en un mes.
Recuerda que cuando los operó de amigdalitis, y el primero estaba en el quirófano, el otro sentía o presentía los dolores. Son muy solidarios.
Confiesa que criarlos no ha sido tarea fácil aunque se parecen muchísimo: los dos juegan fútbol, se complementan en la cancha, practican tenis y tocan guitarra.
“Ha sido doble bendición de Dios para todos y conmigo son muy preocupados”, afirma.

 

 

Carolina Antelo Gutiérrez

Mis gemelos son mi compañía

Santiago y Esteban Parada son todo en la vida de Carolina Antelo, separada del padre de los niños hace ya algunos meses. “Es lo más bello del mundo, son mi compañía”, confiesa.
Asegura que cada uno tiene su carácter definido. A Esteban le encanta pintar, como su abuela (Laura Limpias), y a Santiago le cuesta, se inclina más por los autos y juegos.

 

 

 

 

 

Mirta Cwirko de Petit

Ellos son la inspiración de mis días

Casada con Ismael Petit, es madre de cinco hijos: Carolina (31) Pablo (28), los gemelos: Antonio y José (23), y la menor, Lucía (7). “Gestar vida doble es una experiencia muy hermosa”, asegura. Son unidos, trabajan juntos y estudian Diseño Gráfico, aunque pelean como todo hermano. “Fue difícil, me costó, especialmente porque empecé a estudiar con ellos de tres años. Dios me dio las fuerzas para criarlos. Fueron años muy duros pero a veces quisiera volver a esos tiempos. Ser mamá es el motor de mi vida. Mis hijos son la inspiración de mi día a día”, dijo.

 

 

 

 

PLEGARIA POR MI MADRE

 Paquita de Lavayén

Un día imploré un
milagro de hinojos,
ante un santo crucifijo
y le dije:
¡Señor!
No te lleves a mi madre,
la frágil viejecita
de cabellos de luna
y manos arrugadas
por los años y el trabajo.

Yo sé que ha vivido mucho,
lo que Tú le concediste, en su paso por el mundo.
Ella me acunó en sus
brazos y me entregó su amor hecho ternura.

Compartió conmigo el pan
hecho con sus manos
que ahora tiemblan
temerosas y adoloridas.

Ella te amó y
tuvo fe en Ti, Señor.
Me enseñó a temerte
y a adorarte,
a seguir tras tus huellas
luminosas
o sangrantes tal vez.

Más, el final se acerca y no te pide nada:
tan sólo que se cumpla
Tu Santa Voluntad.
Pero yo te lo pido
en nombre de tu Madre
que la dejes conmigo un tiempo más.

Quiero grabar en los míos, la ternura de sus ojos
y estrecharla en un abrazo de eternidad.
Callé...aferrada a
una esperanza;
Esperé...y me respondió
el silencio.

Mi madre se fue, subió hasta el cielo
envuelta en espirales
de alba nube
llevando entre sus manos
la ofrenda inmaculada
de su vida
al encuentro de Ti,
que tanto amó.

La esperaste Señor
en tu morada
con música de arpas y
laúdes tañidos por mil
ángeles con blanca
vestidura engalanados

Allí en el cielo está la
madre mía
luciendo el galardón de pura y santa,
esperando amorosa
que algún día
nuestras almas unidas
para siempre,
oren por los que
aún viven todavía.

 

 

 

 

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